Creencias
08/04/2025 (08:00 CET) Actualizado: 08/04/2025 (08:00 CET)

Marcas del alma: supersticiones que perseguían a los no nacidos

De Europa a Mesoamérica, las supersticiones del embarazo narran una historia delirante sobre miedos, moralidad y conejos malditos.

Mario Yaír TS
08/04/2025 (08:00 CET) Actualizado: 08/04/2025 (08:00 CET)
Se creía que una mujer en cinta que se cruzara con un conejo daría a luz a un bebé con labio leporino
Se creía que una mujer en cinta que se cruzara con un conejo daría a luz a un bebé con labio leporino

Aunque la medicina ha intentado, sin éxito, librar a la humanidad de ciertas supersticiones, aquellas relacionadas con el embarazo aún tienen eco en nuestros días. Se las conoce como impresión materna, y se trata de la creencia de que una mujer embarazada puede vivir un suceso que provoque que su bebé nazca con determinadas características físicas.

Estas creencias intentaban explicar deformidades o malformaciones humanas, pero lo hacían culpando a las madres por no haberse comportado de forma “impecable” durante la gestación. Aquí algunos ejemplos:

Muchas impresiones se vinculaban a enfermedades. Por ejemplo, una creencia común, que se remonta a la Edad Media, sostenía que los niños nacían con epilepsia si la mujer embarazada veía cómo degollaban a un animal. Actualmente, se dice algo similar respecto a cualquier susto o impresión repentina.

Otra superstición afirmaba que, si la mujer tenía un antojo o sufría un sobresalto durante el embarazo, el niño nacería con una marca de nacimiento similar al objeto del deseo o al causante del susto. Para evitar esta “deformación”, se recomendaba golpear el suelo o golpearse la espalda como forma de liberar la energía del impacto emocional.

Algunes creen que las marcas de nacimiento están relacionadas con vidas pasadas
Algunes creen que las marcas de nacimiento están relacionadas con vidas pasadas

A mediados del siglo XX se decía que si una mujer tocaba el piano durante el embarazo, el bebé nacería como un músico talentoso

Varias creencias estaban también ligadas a la moral femenina. En regiones de tradición católica, se decía que si una mujer orinaba en el patio de una iglesia, su hijo nacería con tendencia a mojar la cama. Si entrecerraba los ojos para mirar a través de una cerradura, el niño nacería bizco. Por el contrario, a mediados del siglo XX en Estados Unidos comenzó a difundirse la idea de que, si una mujer tocaba el piano durante el embarazo, el bebé nacería como un músico talentoso. Esta superstición, aunque desacreditada, aún persiste entre quienes creen que escuchar música clásica durante la gestación estimula la inteligencia del feto, reforzando el estereotipo de la “madre ejemplar”.

Sufrir una enfermedad era considerado aún más peligroso. Por ejemplo, se creía que si una embarazada ayudaba a amortajar un cadáver, el bebé nacería pálido y enfermizo. En Suecia, se afirmaba que si una mujer encinta se encontraba de repente con un conejo, su hijo nacería con labio leporino. Esta idea ya la recogía Olaus Magnus en su Historia de gentibus septentrionalibus (1555), donde aseguraba que las embarazadas que comían carne de liebre daban a luz niños con labio leporino. Según él, la única forma de curarlos era coser la hendidura del labio con carne de un pollito recién muerto.

El labio leporino podía surgir su una mujer embarazada comía carne de liebre
El labio leporino podía surgir su una mujer embarazada comía carne de liebre

En Suecia, se afirmaba que si una mujer embarazada se cruzaba con un conejo, su hijo nacería con labio leporino

De hecho, un estudio realizado por W. C. Shaw en 1981 revelaba, a partir de una serie de encuestas, que poco más del 20 % de las personas en Inglaterra creían que las manchas color vino en la cara de algunos niños se debían a que sus madres habían tenido antojo de fresas o col durante el embarazo.

En 2017, ante la llegada del Gran Eclipse Solar en EE. UU., la NASA tuvo que publicar un artículo aclarando que las embarazadas no corrían ningún peligro al observar el fenómeno. Algunos medios afirmaban falsamente que la radiación provocaría malformaciones en los fetos, e incluso que los campos de patatas quedarían envenenados si el eclipse pasaba por encima de ellos.

No muy lejos de allí, en México, los aztecas encerraban a las mujeres embarazadas en sus casas cada 52 años durante la ceremonia del Fuego Nuevo, pues se creía que podían convertirse en monstruos o que las brujas Tzitzimime reclamarían a sus fetos. Se les pintaba la cara de azul y tanto ellas como los bebés eran protegidos con máscaras de nopal durante la ceremonia, que se celebraba de madrugada.

Más supersticiones: la embarazada no debía saltar a la comba, pues se pensaba que eso haría que el cordón umbilical se enredara en el cuello del bebé. Si sostenía una rana en la mano, se decía que podría dar a luz a un niño con cabeza de rana, como afirmaba el cirujano Ambroise Paré en la Francia del siglo XVI. Y en Alemania, durante el siglo XIX, se creía que si una mujer encinta cargaba leños en su delantal, el varón nacería con enormes genitales.

Curioso entre lo curioso, tal vez el episodio más pintoresco fue aquel protagonizado por una dama noble de la casa de Orsini, quien dio a luz en Italia a un niño descrito como cubierto de pelo y con garras de oso. Cuando el papa Martín IV pidió una explicación, los médicos atribuyeron el suceso a una pintura de un oso presente en la habitación de la embarazada, que supuestamente la había “impresionado”. Como medida preventiva, el pontífice ordenó la inmediata destrucción de todas las imágenes y estatuas de osos en Roma. Era el siglo XIII.

Sobre el autor
Mario Yaír TS

Titulado en Comunicación Audiovisual por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha colaborado con Time Out México, Warp y Atlas Obscura. Es autor de la Guía Ciudad de México Insólita y Secreta de Editorial Jonglez. Es impulsor del proyecto digital Mapa del Muralismo Mexicano. Actualmente se dedica a la divulgación de la cultura y la recuperación de la memoria histórica por medio de la escritura y la fotografía. Lleva a cabo un proyecto de visitas guiadas por la Ciudad de México conocido como Tours Papiro. En su tiempo libre se dedica al arte y a la creación de obras relacionadas a los temas histórico sobrenatural.

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