Enigmas y anomalía
03/02/2022 (13:20 CET) Actualizado: 07/02/2022 (11:54 CET)

Experimentos con niños: en busca de la lengua original

Diferentes experimentos a lo largo de la historia han tratado de identificar la lengua original del ser humano utilizando niños como 'cobayas humanas'

Juanjo autor web
03/02/2022 (13:20 CET) Actualizado: 07/02/2022 (11:54 CET)
Experimentos con niños: en busca de la lengua original
Experimentos con niños: en busca de la lengua original

Jacobo IV de Escocia, en 1493, pasaba por ser un monarca del Renacimiento, mecenas de múltiples empresas culturales y científicas. Desde su corte patrocinaba a numerosos alquimistas, artistas, astrólogos y médicos, movido por una enorme avidez personal de conocimientos. Dentro de las muchas inquietudes que rondaban la cabeza del rey escocés estaba la de averiguar los orígenes de nuestro lenguaje. Existía la creencia de que en los remotos tiempos del Génesis bíblico, lo seres humanos hablaron una lengua común que el incidente de la torre de Babel hizo olvidar. La confusión de idiomas nos despojó de dicho saber, al cual los magos medievales atribuían poderes extraordinarios. No en vano el acto fundacional del Universo arrancó con la pronunciación divina de una serie de palabras: "Hágase la luz, y la luz se hizo". Un prodigio que vendría a demostrar cómo el habla no sólo servía para comunicar ideas, sino también para influir en las cosas del mundo a modo de fuerzas invisibles. Ésta es la esencia del denominado poder ritual o mágico que practican chamanes y taumaturgos en muchísimas culturas.

Babel
Existía la creencia de que en los remotos tiempos del Génesis bíblico, lo seres humanos hablaron una lengua común que el incidente de la torre de Babel hizo olvidar

La cuestión que se planteaba Jacobo IV era si podía recuperarse de algún modo esa lengua original perdida e ideó un experimento para averiguarlo. El rey descartó poder detectar su presencia en la mente de un adulto, puesto que la educación y la personalidad consolidada impedían llegar a los estratos más profundos del lenguaje que pudiera albergar un individuo en su interior. En cambio, con los recién nacidos cabía concebir ciertas esperanzas. Todavía no estaban maleados por la sociedad porque aún no habían aprendido el idioma de quienes vivían a su alrededor. Así que el monarca pensó que si se mantenía a unos niños aislados de cualquier influencia lingüística externa, conforme fueran creciendo, afloraría en ellos esa habla primigenia que el contacto con adultos terminaba eliminando. Según comenta el historiador Robert Lyndsay de Pitscottie, Jacobo IV ordenó trasladar a dos bebés y una mujer sordomuda a la pequeña isla de Inchkeith provista con todo lo necesario para la crianza de los pequeños, aunque sometida a algunas estrictas directrices. En ese rincón apartado en medio del mar de apenas 23 hectáreas, la mujer debía amamantar y criar a los infantes en absoluto silencio, privando a los retoños de cualquier tipo de comunicación humana.


¿HABLARON LOS NIÑOS LA LENGUA DE ADÁN?

Las fuentes conservadas no se ponen de acuerdo y arrojan resultados contradictorios. El propio Robert Lindsay de Pitscottie, quien nació unos cuarenta años después de que el experimento hubiera concluido, tuvo ocasión de tratar con ciertos testigos, los cuales le aseguraron que los niños salieron hablando un buen hebreo.

Otros registros antiguos aseguran que las criaturas fallecieron apenas unos pocos años más tarde. Mientras que Sir Walter Scott especuló con la posibilidad de que acabaran imitando los sonidos que escuchaban durante su desarrollo. Es decir, las expresiones guturales provenientes de la niñera o del ganado –cabras y ovejas– que les acompañaban en la isla.

El experimento de aislar recién nacidos para comprobar si, ante la ausencia de estímulos lingüisticos, eran capaces de desarrollar la lengua original, no era nuevo

Una de los aspectos más llamativos de este experimento del rey Jacobo es que no fue nada original. En tiempos remotos, otros mandatarios habían actuado de idéntica manera. Cuenta Herodoto en sus célebres Nueve Libros de Historia cómo el faraón egipcio Psamético I "entregó a un pastor dos niños recién nacidos, hijos de unos padres cualesquiera; tenía que llevarlos junto a su rebaño y criarlos de tal modo que ante ellos jamás se pronunciara una sola palabra (…) Dio tales órdenes porque quería saber cuál sería la primera palabra  que pronunciarían los niños (…) Una vez transcurridos dos años en los que el pastor así actuó, un día al abrir la puerta y entrar, los niños se echaron a sus pies y extendiendo las manos pronunciaron la palabra 'becas'. (Psamético) averiguó que los frigios llamaban 'becas' al pan. De este modo los egipcios (…) admitieron que los frigios eran más antiguos que ellos".  El asunto trajo cierta cola en la antigüedad y autores como Aristófanes o Apolonio de Rodas sugirieron que 'becas' no constituía propiamente una palabra, sino más bien una onomatopeya infantil del balido emitido por las cabras con las que convivían los pequeños y el pastor.

Por su parte, relata el historiador Salimbene de Parma otro ensayo parecido protagonizado por Federico II. Este célebre monarca prusiano del siglo XIII, "quiso comprobar qué lengua e idioma tendrían los niños al llegar a la adolescencia cuando no hubieran podido hablar jamás con nadie. Y para ello dio órdenes a las nodrizas y ayas para que amamantaran a los niños (…) bajo la prohibición de hablarles. Quería en realidad saber si se comunicarían en lengua hebrea, que fue la primera, o bien la griega,  o la latina, o la lengua árabe; o si acabarían hablando la lengua de sus propios padres, de quienes habían nacido. Pero se afanó en vano, porque los críos murieron todos".

Sobre el autor
Juanjo autor web

Colaborador habitual de la revista Año/Cero y los programas La Rosa de los Vientos y El Dragón Invisible, entre otros. Actualmente, forma parte del podcast Falsa Bandera.

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