Enigmas y anomalía
02/02/2026 (09:48 CET) Actualizado: 02/02/2026 (09:48 CET)

Un papiro de 3300 años sugiere la existencia de gigantes

El papiro Anastasi I conservado en el British Museum corrobora de fuente externa los relatos de gigantes del Antiguo Testamento

Josep Guijarro

Periodista y escritor

02/02/2026 (09:48 CET) Actualizado: 02/02/2026 (09:48 CET)
Fuentes externas a la Biblia hablan de gigantes como Goliat
Fuentes externas a la Biblia hablan de gigantes como Goliat

Un pergamino egipcio conservado en el Museo Británico probaría que los gigantes bíblicos existieron realmente.
Así, sin anestesia, presenta el New York Post la noticia que ha corrido como la pólvora en medios sensacionalistas anglosajones. El titular es potente, provocador y —como suele ocurrir— necesita ser diseccionado con bisturí.

El documento es real pero no se trata de un hallazgo reciente ni un texto que acabe de ser descifrado. Se trata del papiro Anastasi I, una pieza perfectamente conocida por los egiptólogos desde el siglo XIX que recibe su nombre de Giovanni Anastasi, diplomático y anticuario, que lo adquirió en 1839 antes de que acabara formando parte de las colecciones del Museo Británico, donde se conserva hoy en día.

Entonces, ¿por qué vuelve ahora a los titulares? La razón hay que buscarla en un grupo estadounidense llamado Associates for Biblical Research (ABR). No estamos ante una institución académica convencional, sino ante una organización dedicada explícitamente a defender la historicidad literal de la Biblia desde una perspectiva creacionista. Su objetivo declarado es encontrar correlatos arqueológicos que respalden los relatos bíblicos, incluso allí donde la investigación académica mantiene posturas mucho más prudentes.

El ABR ha puesto el foco en el papiro Anastasi I porque en él aparece una referencia llamativa a un pueblo descrito como extraordinariamente alto. Pero antes de sacar conclusiones, conviene explicar qué es realmente este texto.

Papiro Anastasi I, conservado en el Museo Británico
Papiro Anastasi I, conservado en el Museo Británico

El papiro Anastasi I es un ejercicio literario satírico, utilizado para la formación de escribas durante el Periodo Ramésida, es decir, bajo las dinastías XIX y XX del Imperio Nuevo egipcio. No es un informe militar ni una crónica histórica en sentido estricto. Es una carta ficticia en la que un escriba del ejército llamado Hori escribe a su colega Amenemope con un propósito muy concreto: ridiculizarlo sin piedad. El texto está lleno de sarcasmo, exageraciones y reproches, y sirve como ejemplo de buena retórica y dominio del lenguaje frente a la supuesta incompetencia del destinatario.

En ese contexto aparece el pasaje que ha despertado la polémica. El papiro describe supuestos encuentros con el pueblo Shosu, nómadas semitas que habitaban las regiones al este del delta del Nilo y que aparecen con frecuencia en fuentes egipcias. Según el texto, sus individuos medían “cuatro codos o incluso cinco codos” de altura. Traducido a medidas actuales, eso equivaldría a entre dos y dos metros y medio, una estatura muy por encima de la media humana de la época, que rara vez superaba el metro sesenta.

Recreación de la lucha entre David y Goliat
Recreación de la lucha entre David y Goliat

Para los defensores de la lectura literal, aquí estaría la clave: una mención egipcia, externa a la Biblia, que hablaría de hombres gigantes, reforzando los relatos del Antiguo Testamento. No se trataría solo de Goliat, el filisteo derrotado por David, sino de una tradición más amplia que aparece en varios libros bíblicos. El Génesis, por ejemplo, menciona a los nefilim, descritos como “los héroes de la antigüedad, hombres de renombre”, nacidos de la unión entre los “hijos de Dios” y las hijas de los hombres. En el libro de los Números, los exploradores israelitas aseguran haber visto a los descendientes de Anac y confiesan que, junto a ellos, se sentían “como langostas”.

¿Estamos, entonces, ante una confirmación histórica de esos pasajes? Aquí es donde el entusiasmo se enfría. La mayoría de egiptólogos recuerdan que el papiro Anastasi I no pretende describir hechos reales, sino impresionar, exagerar y humillar al interlocutor. En un texto satírico, hablar de enemigos descomunales forma parte del recurso literario, no de la antropología. Además, incluso aceptando la medida de cinco codos, estaríamos ante humanos excepcionalmente altos, no ante criaturas monstruosas ni seres de tres o cuatro metros como suele imaginar el imaginario popular.

La reliquia de Bir Hooker
La reliquia de Bir Hooker

Y, sin embargo, el asunto no se cierra tan fácilmente. Porque el papiro egipcio no está solo. Hay que sumar objetos polémicos como la llamada reliquia de Bir Hooker, un supuesto dedo momificado de tamaño descomunal atribuido a un gigante y relacionado también con Egipto. Una pieza rodeada de sombras, sin validación científica, pero que sigue alimentando la pregunta incómoda: ¿y si algunos de estos relatos fueran algo más que exageraciones?

La arqueología académica es clara: no existen restos óseos verificados que prueben la existencia de una raza de gigantes humanos desaparecida. Lo que sí existe es el gigantismo, una condición médica real, documentada en todas las épocas, que pudo dar lugar a individuos extraordinariamente altos y, con ello, a mitos duraderos.

El papiro Anastasi I no demuestra que los gigantes bíblicos fueran reales en el sentido literal que muchos desean. Pero tampoco es una simple invención moderna. Es un testimonio antiguo de cómo, hace más de 3.000 años, ya se hablaba de hombres enormes que inspiraban temor y fascinación. Y cuando un mismo motivo aparece en Egipto, en la Biblia, en América y en medio mundo, la pregunta deja de ser si hubo gigantes… y pasa a ser por qué la humanidad necesita creer que los hubo.

Y ahí, justo ahí, empieza el verdadero misterio.

Sobre el autor
Josep Guijarro

Josep Guijarro es reportero de prensa, radio y televisión, además de autor de varios libros entre los que cabe destacar El secreto de los aliens (edición ampliada y actualizada en 2024 de Aliens Ancestrales) o Casualidad, que continúa la saga de su bestseller Coincidencias Imposibles. Es documentalista de la serie Extraterrestres (DMAX) y forma parte de los programas El Colegio Invisible y La Rosa de los Vientos, ambos en Onda Cero.

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