Enigmas y anomalía
24/07/2023 (08:00 CET) Actualizado: 24/07/2023 (08:00 CET)

Yateveo: El árbol carnívoro

Este árbol con la capacidad de devorar un ser humano entero, es el favorito de los criptobotánicos y dio inicio a las leyendas de árboles carnívoros en América.

Mario Yaír TS
24/07/2023 (08:00 CET) Actualizado: 24/07/2023 (08:00 CET)
Ilustración del Yateveo
Ilustración del Yateveo

James William Buel fue un periodista norteamericano del siglo XIX apasionado de las maravillas del mundo. Por eso comenzó a escribir compendios que detallaban la historia del continente americano y sus maravillas naturales. Así publicó en 1887 el libro “Sea and Land” sobre “las maravillosas y curiosas cosas de la naturaleza”, un libro de cabecera para los criptobotánicos.

La historia comienza en el capítulo XXVI, las maravillas del mundo vegetal. Si los árboles que lloran mantequilla o el árbol de jabón chino descritos dentro no son suficientemente sorprendentes, Buel habla de las plantas carnívoras. La venus atrapamoscas es una curiosidad permanente, pero basado en leyendas medievales, Buel habla de árboles carnívoros que comían humanos en África Central.

Un nativo es devorado por un Yateveo, ilustración de Buel en Land and Sea (1887)
Un nativo es devorado por un Yateveo, ilustración de Buel en Land and Sea (1887)

Entonces aparece por vez primera una extraña planta americana: “Un caballero conocido mío, que, por un largo tiempo, residió en Centroamérica, afirma la existencia de una planta […] [cuyos filamentos espinosos] se mueven constantemente en el aire, como un grupo de serpientes en una molesta discusión”. Según la descripción, era un árbol cuyas hojas se movían y que al sentir una presa cerca, le atrapaban con sus hojas como látigos que contenían grandes espinas pinchándolo constantemente, de tal forma que la planta se alimentaba de la sangre que caía a la raíz “infligiendo una muerte tortuosa”. No había forma de librarse, e incluso quienes lo hacían, ya tendrían dentro inyectado un veneno incurable que provocaba que las heridas no dejaran de sangrar.

Según el texto, Antonio José Márquez, de Barranquilla, Colombia; le confirmó la existencia de la planta y aseguró que era tan violento su ataque que los lugareños decían que producía un ruido seseante similar a la expresión “I see you” (yo te veo). Buel afirmó entonces que por eso se llamaba “Yateveo”.

En el siglo XIX aparecieron en Europa referencias a plantas similares al Yateveo desde México a Argentina 

Yateveo fue la primera descripción de una planta carnívora de grandes dimensiones en el continente americano. Por eso, durante el siglo XIX, (era dorada de las exploraciones científicas a países considerados exóticos) aparecieron en Europa descripciones de plantas similares desde México hasta Argentina.

En 1892 por ejemplo, un artículo del Dr. Andrew Wilson en el Illustrated London News, hablaba de un sauce azul obscuro que en lugar de hojas tenía una resina viscosa que había atrapado al perro del Sr. Dunstan en Nicaragua dejándolo casi sin vida por la cantidad de sangre que le arrebató. Y un mes después, el mismo periódico habló del árbol serpiente en la Sierra Madre de México (sin mencionar cuál de las dos sierras) que un científico descubrió devorando un pájaro y para estudiarla la alimentó con gallinas en días posteriores.

Ilustración planta carnívora
Ilustración planta carnívora

Cabe mencionar que, al escribir su artículo, Wilson afirmaba que la historia seguramente era falsa. De hecho, Wilson parece haber sacado la historia de la revista Review of Reviews que publicó, en octubre de 1891, sobre la famosa planta nicaragüense llamada “Trampa del diablo”; y que a su vez, el editor William Stead, aseguraba haber leído sobre ella en otra revista londinense. Y es que fuera de las leyendas nacidas en Europa y Estados Unidos, en Centro y Sudamérica no existen historias ni tradiciones previas que hablen de árboles carnívoros.

En Venezuela hay un árbol cuyas frutas tóxicas producen quemaduras, ampollas, ceguera e, incluso, la muerte 

La mayoría de estas historias provienen de pensamientos occidentales fascinados con el misterio de los países que no conocían. Así se habló del Juy juy boliviano (cuya fragancia adormecía a su presa para que luego las flores se acercaran lentamente a extraer su sangre), el trampa de mono brasileño (que atrae monos a sus flores igual que la venus atrapamoscas), el octópodo del Amazonas (que quien lo pisara sería víctima de su estrangulamiento), o la planta vampiro chiapaneca (que envolvía sus hojas en las aves que se paraban sobre ellas).

¿Pero existe alguna razón por la cual los árboles latinoamericanos se volvieron tan peligrosos en el pensamiento occidental? Quizá la respuesta se encuentre gracias a Linneo que, en 1753, describió a la Manzanilla de la Muerte. Un árbol venezolano de frutas tan tóxicas que incluso el mero contacto con su savia producía quemaduras, ampollas, ceguera y la muerte. Cualquiera que buscara su sombra estaba en claro peligro, pues una gota deshacía el algodón y corroía los metales. Y por increíble que parezca, este árbol no es parte de las listas de criptobotánica; porque este árbol, si existe.

Sobre el autor
Mario Yaír TS

Titulado en Comunicación Audiovisual por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha colaborado con Time Out México, Warp y Atlas Obscura. Es autor de la Guía Ciudad de México Insólita y Secreta de Editorial Jonglez. Es impulsor del proyecto digital Mapa del Muralismo Mexicano. Actualmente se dedica a la divulgación de la cultura y la recuperación de la memoria histórica por medio de la escritura y la fotografía. Lleva a cabo un proyecto de visitas guiadas por la Ciudad de México conocido como Tours Papiro. En su tiempo libre se dedica al arte y a la creación de obras relacionadas a los temas histórico sobrenatural.

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