Historia oculta
02/08/2022 (13:27 CET) Actualizado: 02/08/2022 (13:27 CET)

Ocultura: La primera cápsula del tiempo

Quizá Göbekli Tepe, Malta, Cerdeña y Baleares formaron parte de una misma cultura neolítica «global» que se extendió por todo el continente

Javier Sierra autor web

Periodista y escritor

02/08/2022 (13:27 CET) Actualizado: 02/08/2022 (13:27 CET)
La primera cápsula del tiempo
La primera cápsula del tiempo

Cada vez que piso el yacimiento arqueológico de Göbekli Tepe me viene a la cabeza el asunto de las «cápsulas del tiempo». Ya saben, esos cofres herméticamente sellados que hoy se depositan a los pies de una estatua, o junto a la primera piedra de un edificio, y que guardan los periódicos del día y algunas reliquias con las que sorprender a los arqueólogos del futuro. Göbekli, en la Anatolia oriental turca, parece la madre de todas ellas. Se trata de un vasto conjunto de estructuras megalíticas, levantadas entre el 9600 y el 8000 a.C. por una cultura desconocida, que decidió sepultarlas poco después como si presintieran que alguien se pasmaría con ellas algún día.

Descubiertos en 1994, los cinco recintos-cápsula de Göbekli hoy visitables, recuerdan a construcciones similares en Malta, Cerdeña e incluso Menorca. Se trata de espacios de planta ovalada, ocupados por monolitos en forma de «T», alrededor de los cuales se extienden bancadas que debieron utilizar sus arquitectos con propósitos rituales. Conocemos la remota fecha en que se levantaron gracias a los sedimentos hallados en la tierra que les echaron encima. Aún no sabemos por qué decidieron enterrarlos, pero un esfuerzo así debió de obedecer a algo importante. Los huesos, maderas y otros restos orgánicos que los sepultureros de Göbekli mezclaron con el suelo han sido datados mediante Carbono-14 y se sitúan al final de la Era Glacial, en los albores mismos de la «invención» de la agricultura y la ganadería.

Un relieve de antiguas ruinas de Gobeklitep
Un relieve de antiguas ruinas de Gobeklitep

Los templos de Malta, Cerdeña, Baleares y hasta el de Stonehenge –que los arqueólogos fechan entre 3.000 y 5.000 años de antigüedad– no tuvieron tanta «suerte». Ninguno fue enterrado por sus constructores y, por tanto, no nos han regalado pruebas indubitables con las que datarlos. Por eso algunos autores han puesto recientemente sobre la mesa la duda de si «nuestros» megalitos europeos no serán también obras de ese tiempo remoto. Quizá formaron parte de una cultura neolítica desconocida, «global», que se extendió por todo el continente; una que trabajó la piedra con una precisión pasmosa y que tuvo suficientes conocimientos de Matemáticas y Astronomía como para dejarlos cifrados en sus estructuras. Una cultura, en definitiva, que no hemos comprendido solo porque la hemos ubicado mal, situándola en momentos tan separados de la Prehistoria que parecen no tener conexión. ¿Y si fuera un error? Malta, Cerdeña o las taulas menorquinas han sido fechadas gracias a los escasos restos orgánicos hallados junto a ellas, pero queda la duda de si éstos pudieron haber caído allí miles de años después de haber sido levantadas. ¿Estaremos ante enclaves contemporáneos a la «cápsula del tiempo» de Göbekli? ¿Qué implicaciones tendría reconocer la existencia de una civilización así?

Taula en Menorca
Taula en Menorca

Ahora aceptamos que los lugares sagrados tienden a ser reutilizados cultura tras cultura, como cualquiera puede ver, por ejemplo, en la mezquita-catedral de Córdoba o incluso en abrigos rupestres con muestras de ocupación humana de decenas de miles de años. Los santuarios de Göbekli permanecieron activos durante al menos quince siglos, pero después de que fueran enterrados el lugar siguió ejerciendo una profunda atracción. Hay pruebas de sobra de esto. La penúltima vez que lo visité, sus conservadores me llevaron hasta un túmulo muy posterior, hitita, coronado por una sabina y levantado a escasos metros de Göbekli. Si solo dispusiéramos de ese túmulo, los arqueólogos afirmarían hoy que Göbekli es del siglo XIII a.C. y seguiríamos ciegos sobre su verdadera antigüedad.

«Por suerte, los antiguos siempre han sabido cuándo un lugar es especial», dijeron al mostrármelo. «¿Y cuándo lo es?», indagué. «Cuando lo marcan los antepasados más remotos, naturalmente».

Quizá tengan razón, y esos «remotos antepasados » de las orillas del Éufrates enterraron sus cápsulas del tiempo» para recordar la sacralidad del lugar a las futuras generaciones. Lo hicieron de un modo peculiar, dejando al descubierto solo la parte alta de sus viejos monolitos, emergiendo como si fueran dientes, a modo de aviso. Anatolia –lo sé, lo he visto– está sembrada de esos «dientes». Y no puedo dejar de ver en ellos las marcas de unas «cápsulas del tiempo» milenarias que solo esperan a que las desenterremos para contarnos quiénes fuimos, de verdad, hace doce mil años. Ahí es nada.

Sobre el autor
Javier Sierra autor web

Es periodista y escritor. Fue galardonado con el prestigioso Premio Planeta en el año 2017 por su novela El Fuego Invisible. Asimismo, sus novelas han sido traducidas a más de cuarenta idiomas y es el único escritor español en el Top Ten de la lista de los más vendidos de Estados Unidos, elaborada por The New York Times, gracias a La Cena Secreta. También es creador y director de la serie Otros Mundos para Movistar +

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