Lugares mágicos

Las pinturas rupestres de la humanidad perdida

En el corazón de la selva del Amazonas, en la montaña peruana, una expedición ha hecho un hallazgo sin precedentes: unas pinturas rupestres que nos hablan de una humanidad perdida. Te adelantamos algunas sorpresas de lo que puedes encontrar en el reportaje que hemos colgado en nuestro Club Misterio Premium

25 de Junio de 2020 (13:00 CET)

Las pinturas rupestres de la humanidad perdida
Las pinturas rupestres de la humanidad perdida

En la región de Yamón, en la frontera entre Perú y Ecuador, un equipo de exploradores han realizado un impactante hallazgo que podría contribuir a reescribir la historia. Porque en los abrigos de montaña de esta región hay unas pinturas rupestres que nos hablan de un mundo perdido, de algo imposible…

cementerio nativos pinturas rupestres humanidad perdida
Expedicionarios colocando tiendas de campaña sobre cementerio nativo y bajo las pinturas rupestres.

Sí, lo más parecido que podemos encontrar es en el ámbito de la literatura y en una obra tan conocida como El mundo perdido de Conan Doyle. Porque es imposible pensar en escenas de hombres conviviendo con dinosaurios hace diez… doce mil años. Pero ahí están, asomadas a los profundos barrancos que culminan en el río Marañón, poco protegidas por la espesa vegetación de la ceja de selva, que en cierto modo ha contribuido a su magnífica preservación. Al fin y al cabo, la luz del Sol mata el cromatismo.

Pero antes de continuar, conviene repasar esta historia, porque es tan larga como fascinante; y ya de paso encumbrar a quienes llevados por la ilusión fueron expulsados cruelmente de la comunidad científica porque defendían ideas imposibles. Hace más de una década tuve la oportunidad de visitar por vez primera la localidad de Ica. En su plaza de Armas se encuentra una casa colonial que desde hace siglos ha pertenecido a la misma familia. Pues bien, en 1966 en este lugar habitaba el doctor Javier Cabrera Darquea, hombre de ciencia poco abierto a los cambios de dogma. Así fue hasta que su amigo Félix Llosa, el día de su cumpleaños, decidió regalarle una piedra que los huaqueros habían extraído de alguna tumba del desierto de Ocucaje. Fue la primera, pero hubo más…

Javier Cabrera era un hombre ortodoxo, algo que dejaba patente en sus clases de la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica. Así fue hasta que la primera piedra quebró en mil pedazos su concepción de la realidad. Años después reconocería que éstas le mostraron «una visión de la historia contraria a las mismas enseñanzas que años antes había defendido con pasión en mis clases universitarias (…) En un tiempo logré entender que habían dejado –los hombres que las realizaron– en estas piedras, como si fueran libros de piedra, un mensaje, en el que aparecía una imagen del Universo, una imagen del planeta Tierra, imágenes de plantas y animales, que se habían extinguido algunos, y otros seguían viviendo, y seres humanos conviviendo con ellos. Esto me hizo pensar, que se trataba pues de un mundo diferente al nuestro; no se trataba de algo que correspondiera al pasado reciente de nuestra humanidad, sino que se trataba de un mundo anterior».

«Ica es la cuna de la humanidad y Cabrera el mayor revolucionario de la historia de la paleontología», Robert Charroux, escritor.

No vamos a entrar en las más de diez mil piedras que se llegaron a acumular en la casa del doctor Cabrera, hoy convertida en Museo de las Piedras de Ica. Sí diré que en mi primera visita a aquel lugar ya emblemático en el mundo de los misterios, con encendidas polémicas entre quienes defienden su autenticidad y los que piensan que son un fraude, pensé una vez más que para poder opinar, lo primero es estar. Y allí, contemplando esta colección de despropósitos, llegué al convencimiento de que no tenía sentido el fraude.

A mí poco me importaban las piedras que mostraban escenas homosexuales, operaciones quirúrgicas, mapas estelares… Las que a mí me interesaban mostraban la convivencia de esa humanidad anterior a la que Cabrera denominó «gliptolítica» con seres desaparecidos hace miles de millones de años… Los grandes dinosaurios. Pero eso es imposible, ¿verdad? Lo es, o lo era, hasta que iniciamos esta fantástica aventura…

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