Drones arrojan nueva luz sobre Nazca y Palpa
Una figura recién identificada en Palpa cambia la narrativa sobre las misteriosas líneas y geoglifos de Nazca en Perú
Investigaciones recientes en la meseta de Nazca y sus colinas vecinas de Palpa han revelado una sorpresa: no todos los geoglifos fueron esculpidos para ser vistos por los dioses. Algunos, según los arqueólogos, los geoglifos de Palpa fueron hechos para ser vistos por los humanos.
Es la conclusión de Johny Isla, arqueólogo jefe de Perú para las líneas. Parte del hallazgo de un grupo de figuras antropomorfas y de animales que hasta ahora habían pasado inadvertidas al ojo humano, pero que emergen con nitidez gracias al uso de drones, imágenes aéreas y análisis de alta definición. Según este nuevo estudio, esas imágenes —unas datadas entre el 500 a.C. y el 200 d.C.— proceden de culturas pre-Nazca como la de los Paracas o los Topará, y se diferencian notablemente de las famosas líneas geométricas y zoomorfas de Nazca propiamente dichas porque son observables desde el suelo.
Una pieza clave de esta reinterpretación fue descubierta en Palpa: Se trata de una figura que representa lo que parece una orca antropomorfizada, portando lo que podría interpretarse como una cabeza humana en su brazo. Este espécimen, de 25 × 65 metros, fue hallado por Isla después de rastrear un viejo negativo en blanco y negro de los años setenta. Afirma en The Guardian que estas figuras más antiguas son el eslabón perdido entre las simples líneas de Nazca y la explosión de los geoglifos nazqueños; se trataría de imágenes hechas “por humanos para humanos”, en lugar de “por humanos para los dioses”, como postulaba la hipótesis tradicional.

Un nuevo paradigma
La antigua explicación para las Líneas de Nazca las veía como mensajes dibujados para los dioses del cielo, vinculados al agua, la fertilidad o la astronomía. Esta nueva corriente añade un enfoque diferente: esas figuras más tempranas indican que las comunidades de la era Paracas-Topará podrían haber utilizado los geoglifos como marcas de territorio, símbolos de identidad de clan o rutas rituales caminadas, más que como signos destinados únicamente a ser vistos desde las alturas.
El ex ministro peruano Luis Jaime Castillo sintetiza esta visión: “Si las Líneas de Nazca fueron hechas por humanos para los dioses, estas figuras fueron hechas por humanos para humanos. Son representaciones claras de personas identificables. Delimitan territorios”.
Nadie, sin embargo, puede explicar porque eligieron animales que no se hallaban en esas latitudes.
Cuestiones que siguen abiertas
Este cambio de paradigma abre tantos interrogantes como respuestas: ¿Por qué algunas figuras muestran humanos, decapitaciones u animales combativos, mientras que las figuras nazqueñas buscan la abstracción zoomorfa y las escaleras hacia el cielo?
¿Qué implicaba para esas comunidades que las figuras fueran visibles para quienes caminaban la pampa, no solo para quienes sobrevolaran? ¿Cómo explicamos el salto técnico entre esos geoglifos pequeños, más privados quizá, y el despliegue monumental nazqueño visto desde el aire? ¿Y qué papel jugaron los cambios sociales, climáticos o demográficos en el paso de un tipo de geoglifo al otro?

El futuro del hallazgo
Aunque este hallazgo no resuelve el enigma central de las líneas de Nazca —su construcción, su propósito final, su significado cósmico— sí introduce una capa nueva: la de la comunicación humana y el territorio como escenario simbólico.
El uso de drones, imágenes satelitales y algoritmos de inteligencia artificial está cambiando la forma de investigar el desierto de Nazca y Palpa: áreas que hasta hace poco parecían estar exhaustivamente estudiadas, ahora se revelan como campos aún vivos de descubrimiento. Los arqueólogos coinciden en que lo que se conocía era solo una mínima parte del total, y que nuevas figuras, más pequeñas y menos visibles desde el aire, podrían existir por cientos.
En este debate entre lo monumental y lo íntimo, entre lo divino y lo humano, el hallazgo invita a replantear algo esencial: no solo qué significaban aquellas líneas, sino para quiénes se marcaron en la tierra. Y mientras la arena del desierto se mueve, también lo hace la narrativa que acompañamos con ella.








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