Ocultismo
01/02/2006 (00:00 CET)
Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)
Harry Potter: una novela en clave hermética
Los fans del joven mago coinciden en señalar que Harry Potter y el Cáliz de Fuego, la novela en la que se basa la película del mismo nombre, recientemente estrenada en los cines, es la más fascinante y atractiva de las seis publicadas hasta la fecha. Es posible que la preferencia por esta aventura del niño con una cicatriz en forma de rayo en la frente esté motivada porque en ella comienza a desarrollarse una historia mucho más oscura y tenebrosa que las anteriores. Harry ha dejado atrás la infancia y, convertido en adolescente, deberá enfrentarse al mayor de los desafíos que ha tenido que encarar hasta el momento.
Pero además de la entretenida trama de magos y brujos, de la arquetípica lucha entre el bien y el mal, y de las historias de compañerismo y superación, las novelas de J. K. Rowling poseen una segunda trama oculta, que hay que leer entre líneas. En El Cáliz de Fuego, y también en las demás aventuras, encontramos una serie de elementos en la trama, personajes y situaciones que se vinculan directamente con la mitología clásica, el ocultismo y, en especial, la alquimia.
En un artículo anterior (AÑO/CERO, 138) ya explicamos algunas de las claves símbólicas y mitológicas que aparecen directa o veladamente en las novelas de J. K. Rowling. La autora ha utilizado las características propias del héroe prototípico de la literatura y la mitología clásica para dar forma a su protagonista: Harry es huérfano y, al igual que otros héroes, es abandonado para ser criado por otros (Potter es dejado a cargo de sus tíos muggles, es decir, no magos). Además, Harry destaca por su valentía, goza de mayores poderes que el resto de personajes y es considerado como una especie de elegido entre los propios magos. Otra similitud clara con otros «superhombres» clásicos se encuentra en la presencia de sus dos mejores amigos, Ron y Hermione, quienes poseen virtudes que complementan a las de Harry, algo que aparece también en historias como las de Aquiles y Ulises.
Como explica David Colbert en su libro Los mundos mágicos de Harry Potter (Ediciones B), Rowling utiliza también la estructura de los mitos clásicos. En la primera novela, el pequeño mago es introducido en el mundo mágico de la mano del semigigante Hagrid, quien le hace atravesar el umbral a la otra realidad cruzando una puerta mágica (la que conduce al callejón Diagon). Del mismo modo, es él quien le conduce por primera vez a Hogwarts, junto a otros niños de primer curso, utilizando para ello una barca que recuerda irremediablemente a la de Caronte. Este papel de Hagrid como guía y protector de Potter en buena parte de sus aventuras en El Cáliz de Fuego le ayuda a superar la primera prueba está presente también en mitos e historias clásicas.
Pero además, hay también claras referencias o guiños a otras sagas y mitologías, generalmente clásicas, célticas y nórdicas, e incluso a la simbología cristiana. De este modo, aparecen las lechuzas como animales de gran importancia en todos los libros y películas. En la mitología griega, la lechuza es un animal que simboliza la sabiduría (asociada a la diosa Atenea) y, por otro lado, también se interpreta como la capacidad del iniciado para ver lo que está oculto, al igual que las lechuzas poseen unos ojos que les permiten ver en la oscuridad. Siglos más tarde, durante la persecución a las brujas, esta ave nocturna fue asociada con lo maligno por su supuesta relación con las hechiceras. Encontramos también otro significado positivo que seguramente Rowling conoce: en época medieval la imagen del búho se interpretaba en ocasiones como un símbolo del propio Cristo. Como explica el experto Charbonneau-Lassay, al igual que la lechuza es capaz de ver en las tinieblas más oscuras gracias a sus ojos provistos de gran fuerza luminosa, Cristo todo lo ve, siempre y en todas partes, sin que exista misterio para Él.
A lo largo de todas las aventuras ideadas por Rowling aparecen también otros animales y bestias mitológicas: en la primera novela, Harry Potter y la Piedra Filosofal, encontramos a unicornios, cancerberos y centauros; en la segunda, La Cámara Secreta, el pequeño mago se enfrenta con un basilisco; en El Prisionero de Azkaban, Hagrid presenta a un hipogrifo y en El Cáliz de Fuego, Harry tiene que hacer frente a un dragón y a una esfinge. A lo largo de varias de las historias, Fawkes, el Fénix de Dumbledore, acude en ayuda de Harry cuando éste se encuentra en apuros. Todas estas criaturas fantásticas poseen un profundo significado simbólico. El unicornio, el centauro y el Fénix fueron símbolos de Cristo los dos primeros poseen además otros significados alquímicos y astrológicos en época medieval. El basilisco y el dragón fueron emblemas del mal, y el hipogrifo y la esfinge tenían en la mitología funciones apotropaicas o de protección.
Todas las novelas de Harry Potter publicadas hasta la fecha incluyen también una característica propia de la llamada magia culta: el Descenso a los Infiernos. Así, en el clímax de todas sus aventuras Harry se enfrenta al mal tras recorrer un peligroso periplo a través de lugares subterráneos, oscuros y tenebrosos. En La piedra filosofal, el pequeño mago accede a una cripta tras burlar al cancerbero, el perro de tres cabezas. A partir de ese momento tendrá que superar otras pruebas hasta obtener finalmente el preciado objeto que da título a la novela. En La Cámara Secreta, ésta se ubica también en un habitáculo subterráneo oculto por una puerta secreta, donde Potter se enfrenta al basilisco. En la tercera aventura, Harry se encuentra con Sirius Black tras descender por un hueco escondido bajo el sauce boxeador, un árbol mágico situado en los exteriores de la escuela. Y, finalmente en El Cáliz de Fuego, nuestro audaz protagonista alcanza el cementerio un lugar oscuro y tenebroso, donde luchará con Voldemort, tras salir airoso de la prueba que supone el laberinto, otro símbolo de gran significado iniciático y hermético.
Este Descenso a los Infiernos plasmado literariamente mediante sus aventuras y enfrentamientos con el Mal es a su vez un símbolo del desbloqueo del subconsciente, lo que implica un gran riesgo para quien lo practica, ya que se enfrenta a la tentación del mal, como le sucede a Harry en La Cámara Secreta, cuando duda sobre cuál es su bando tras descubrir que es capaz de hablar pársel la lengua de las serpientes, una habilidad reservada a los magos oscuros.
Alquimia en El Cáliz de Fuego
A pesar de todas estas claves ocultas que se encuentran en el mundo mágico ideado por Rowling y de muchas otras que nos vemos obligados a omitir por falta de espacio, sin duda alguna las más interesantes hacen referencia al mundo hermético y alquímico. La presencia de elementos de la tradición ocultista no es algo exclusivo de la cuarta novela sobre Harry Potter. De hecho, la primera de ellas incluye en su título un elemento inequívocamente hermético: Harry Potter y la Piedra Filosofal. Además, en esta primera aventura se cita directamente a un personaje real, el célebre Nicolás Flamel, quien habría sido compañero del director de Hogwarts, Albus Dumbledore, otro reputado alquimista (en este caso ficticio).
En opinión de John Granger, licenciado en Lenguas clásicas por la Universidad de Chicago y autor del libro The hidden key to Harry Potter (La clave oculta de Harry Potter), los amigos de Harry Ron y Hermione tienen un significado claramente alquímico. El nombre de Hermione es una derivación femenina de Hermes-Mercurio, el mensajero de los dioses de la mitología clásica, y al mismo tiempo una alusión a Hermes Trimegisto. Su personaje cumple el papel de símbolo alquímico de lo femenino. Por su parte Ron, el pelirrojo (sulfuro), es un símbolo de lo masculino, lo impulsivo. En todas las novelas vemos como Ron y Hermione ayudan a avanzar a Harry en su camino iniciático y en su transformación, aunque generalmente se producen disputas entre ellos. Curiosamente, en alquimia el sulfuro y el mercurio se conocen también como «la pareja en riña, en pelea».
Granger pone también en relación las novelas de J. K. Rowling con lo que se denomina «literatura alquímica». De este modo, los libros de Harry Potter mostrarían tanto individualmente como de forma conjunta un diseño paralelo al trabajo hermético. El propio Harry, al superar las distintas pruebas que se le presentan y que constituyen un camino iniciático, experimenta una transformación alquímica. Este mensaje se refuerza mediante la clara estructura que se observa en todas las novelas.
En el trabajo alquímico, la primera fase se denomina etapa negra o nigredo. Según Granger, estaría representada en las novelas durante la estancia de Harry en casa de sus malvados tíos muggles (no magos), que se describe siempre al comienzo de cada historia. También cumplirían este papel las clases del profesor de pociones, Severus Snape, con quien el pequeño mago mantiene siempre un enfrentamiento.
La segunda etapa, la de purificación, trabajo blanco o albedo, estaría plasmada simbólicamente en cada una de las llegadas de Harry a la escuela Hogwarts, y también mediante su director, Albus (blanco en latín) Dumbledore. Esta misma función cumpliría la figura de la madre fallecida de Harry, cuyo nombre es Lily (Lirio), un elemento clave en alquimia.
La tercera fase del trabajo alquímico es la de perfección o rubedo. En la historia está representada mediante la figura de Rubeus Hagrid, quien como ya vimos cumple también el papel de guía y protector. El rubedo se simboliza igualmente en la historia durante el clímax de cada aventura, cuando Harry se enfrenta a sus enemigos. Esta escena suele ambientarse en lugares subterráneos u oscuros, lo que refuerza también la idea de una muerte simbólica.
Esta estructura de diseño paralelo respecto a las fases del trabajo alquímico se repite en todos los libros, a modo de ciclo, y al final de cada aventura apreciamos siempre que Harry ha sufrido una transformación.
En el caso concreto de El Cáliz de Fuego, cada una de las pruebas del torneo de los campeones posee también una significación alquímica: el dragón (fuego y aire), el lago (agua) y el laberinto (tierra) son símbolos del trabajo alquímico. El dragón es la materia antes de la resolución al sulfuro y al mercurio filosóficos. El baño es el fuego secreto que disuelve, limpia y resucita la materia. El lago es la disolución y putrefacción de la materia durante el nigredo. Y el laberinto es en sí mismo un símbolo alquímico, al igual que el huevo (cósmico o filosofal) que recibe Harry tras superar la prueba del dragón y que le proporciona una pista vital para continuar en su camino iniciático.
Es muy probable que la existencia de esta «trama alquímica» tenga mucho que ver con el enorme éxito cosechado por las aventuras surgidas de la mente de Joanne Rowling. En opinión de John Granger, la lectura de estas novelas provoca una identificación del lector con el héroe, de forma que el primero termina por experimentar las mismas transformaciones de Potter, alcanzando así la purificación.
En febrero de 2006 saldrá a la venta la edición en castellano de Harry Potter y el Misterio del Príncipe, la sexta entrega de sus aventuras. Sin embargo habrá que esperar a la publicación del último libro de la saga, el número siete (una cifra, por cierto, cargada de un profundo simbolismo y significado mágico), para averiguar qué otros secretos se esconden entre sus páginas y cómo se resuelve finalmente la historia del mago más famoso del mundo.
En un artículo anterior (AÑO/CERO, 138) ya explicamos algunas de las claves símbólicas y mitológicas que aparecen directa o veladamente en las novelas de J. K. Rowling. La autora ha utilizado las características propias del héroe prototípico de la literatura y la mitología clásica para dar forma a su protagonista: Harry es huérfano y, al igual que otros héroes, es abandonado para ser criado por otros (Potter es dejado a cargo de sus tíos muggles, es decir, no magos). Además, Harry destaca por su valentía, goza de mayores poderes que el resto de personajes y es considerado como una especie de elegido entre los propios magos. Otra similitud clara con otros «superhombres» clásicos se encuentra en la presencia de sus dos mejores amigos, Ron y Hermione, quienes poseen virtudes que complementan a las de Harry, algo que aparece también en historias como las de Aquiles y Ulises.
Como explica David Colbert en su libro Los mundos mágicos de Harry Potter (Ediciones B), Rowling utiliza también la estructura de los mitos clásicos. En la primera novela, el pequeño mago es introducido en el mundo mágico de la mano del semigigante Hagrid, quien le hace atravesar el umbral a la otra realidad cruzando una puerta mágica (la que conduce al callejón Diagon). Del mismo modo, es él quien le conduce por primera vez a Hogwarts, junto a otros niños de primer curso, utilizando para ello una barca que recuerda irremediablemente a la de Caronte. Este papel de Hagrid como guía y protector de Potter en buena parte de sus aventuras en El Cáliz de Fuego le ayuda a superar la primera prueba está presente también en mitos e historias clásicas.
Pero además, hay también claras referencias o guiños a otras sagas y mitologías, generalmente clásicas, célticas y nórdicas, e incluso a la simbología cristiana. De este modo, aparecen las lechuzas como animales de gran importancia en todos los libros y películas. En la mitología griega, la lechuza es un animal que simboliza la sabiduría (asociada a la diosa Atenea) y, por otro lado, también se interpreta como la capacidad del iniciado para ver lo que está oculto, al igual que las lechuzas poseen unos ojos que les permiten ver en la oscuridad. Siglos más tarde, durante la persecución a las brujas, esta ave nocturna fue asociada con lo maligno por su supuesta relación con las hechiceras. Encontramos también otro significado positivo que seguramente Rowling conoce: en época medieval la imagen del búho se interpretaba en ocasiones como un símbolo del propio Cristo. Como explica el experto Charbonneau-Lassay, al igual que la lechuza es capaz de ver en las tinieblas más oscuras gracias a sus ojos provistos de gran fuerza luminosa, Cristo todo lo ve, siempre y en todas partes, sin que exista misterio para Él.
A lo largo de todas las aventuras ideadas por Rowling aparecen también otros animales y bestias mitológicas: en la primera novela, Harry Potter y la Piedra Filosofal, encontramos a unicornios, cancerberos y centauros; en la segunda, La Cámara Secreta, el pequeño mago se enfrenta con un basilisco; en El Prisionero de Azkaban, Hagrid presenta a un hipogrifo y en El Cáliz de Fuego, Harry tiene que hacer frente a un dragón y a una esfinge. A lo largo de varias de las historias, Fawkes, el Fénix de Dumbledore, acude en ayuda de Harry cuando éste se encuentra en apuros. Todas estas criaturas fantásticas poseen un profundo significado simbólico. El unicornio, el centauro y el Fénix fueron símbolos de Cristo los dos primeros poseen además otros significados alquímicos y astrológicos en época medieval. El basilisco y el dragón fueron emblemas del mal, y el hipogrifo y la esfinge tenían en la mitología funciones apotropaicas o de protección.
Todas las novelas de Harry Potter publicadas hasta la fecha incluyen también una característica propia de la llamada magia culta: el Descenso a los Infiernos. Así, en el clímax de todas sus aventuras Harry se enfrenta al mal tras recorrer un peligroso periplo a través de lugares subterráneos, oscuros y tenebrosos. En La piedra filosofal, el pequeño mago accede a una cripta tras burlar al cancerbero, el perro de tres cabezas. A partir de ese momento tendrá que superar otras pruebas hasta obtener finalmente el preciado objeto que da título a la novela. En La Cámara Secreta, ésta se ubica también en un habitáculo subterráneo oculto por una puerta secreta, donde Potter se enfrenta al basilisco. En la tercera aventura, Harry se encuentra con Sirius Black tras descender por un hueco escondido bajo el sauce boxeador, un árbol mágico situado en los exteriores de la escuela. Y, finalmente en El Cáliz de Fuego, nuestro audaz protagonista alcanza el cementerio un lugar oscuro y tenebroso, donde luchará con Voldemort, tras salir airoso de la prueba que supone el laberinto, otro símbolo de gran significado iniciático y hermético.
Este Descenso a los Infiernos plasmado literariamente mediante sus aventuras y enfrentamientos con el Mal es a su vez un símbolo del desbloqueo del subconsciente, lo que implica un gran riesgo para quien lo practica, ya que se enfrenta a la tentación del mal, como le sucede a Harry en La Cámara Secreta, cuando duda sobre cuál es su bando tras descubrir que es capaz de hablar pársel la lengua de las serpientes, una habilidad reservada a los magos oscuros.
Alquimia en El Cáliz de Fuego
A pesar de todas estas claves ocultas que se encuentran en el mundo mágico ideado por Rowling y de muchas otras que nos vemos obligados a omitir por falta de espacio, sin duda alguna las más interesantes hacen referencia al mundo hermético y alquímico. La presencia de elementos de la tradición ocultista no es algo exclusivo de la cuarta novela sobre Harry Potter. De hecho, la primera de ellas incluye en su título un elemento inequívocamente hermético: Harry Potter y la Piedra Filosofal. Además, en esta primera aventura se cita directamente a un personaje real, el célebre Nicolás Flamel, quien habría sido compañero del director de Hogwarts, Albus Dumbledore, otro reputado alquimista (en este caso ficticio).
En opinión de John Granger, licenciado en Lenguas clásicas por la Universidad de Chicago y autor del libro The hidden key to Harry Potter (La clave oculta de Harry Potter), los amigos de Harry Ron y Hermione tienen un significado claramente alquímico. El nombre de Hermione es una derivación femenina de Hermes-Mercurio, el mensajero de los dioses de la mitología clásica, y al mismo tiempo una alusión a Hermes Trimegisto. Su personaje cumple el papel de símbolo alquímico de lo femenino. Por su parte Ron, el pelirrojo (sulfuro), es un símbolo de lo masculino, lo impulsivo. En todas las novelas vemos como Ron y Hermione ayudan a avanzar a Harry en su camino iniciático y en su transformación, aunque generalmente se producen disputas entre ellos. Curiosamente, en alquimia el sulfuro y el mercurio se conocen también como «la pareja en riña, en pelea».
Granger pone también en relación las novelas de J. K. Rowling con lo que se denomina «literatura alquímica». De este modo, los libros de Harry Potter mostrarían tanto individualmente como de forma conjunta un diseño paralelo al trabajo hermético. El propio Harry, al superar las distintas pruebas que se le presentan y que constituyen un camino iniciático, experimenta una transformación alquímica. Este mensaje se refuerza mediante la clara estructura que se observa en todas las novelas.
En el trabajo alquímico, la primera fase se denomina etapa negra o nigredo. Según Granger, estaría representada en las novelas durante la estancia de Harry en casa de sus malvados tíos muggles (no magos), que se describe siempre al comienzo de cada historia. También cumplirían este papel las clases del profesor de pociones, Severus Snape, con quien el pequeño mago mantiene siempre un enfrentamiento.
La segunda etapa, la de purificación, trabajo blanco o albedo, estaría plasmada simbólicamente en cada una de las llegadas de Harry a la escuela Hogwarts, y también mediante su director, Albus (blanco en latín) Dumbledore. Esta misma función cumpliría la figura de la madre fallecida de Harry, cuyo nombre es Lily (Lirio), un elemento clave en alquimia.
La tercera fase del trabajo alquímico es la de perfección o rubedo. En la historia está representada mediante la figura de Rubeus Hagrid, quien como ya vimos cumple también el papel de guía y protector. El rubedo se simboliza igualmente en la historia durante el clímax de cada aventura, cuando Harry se enfrenta a sus enemigos. Esta escena suele ambientarse en lugares subterráneos u oscuros, lo que refuerza también la idea de una muerte simbólica.
Esta estructura de diseño paralelo respecto a las fases del trabajo alquímico se repite en todos los libros, a modo de ciclo, y al final de cada aventura apreciamos siempre que Harry ha sufrido una transformación.
En el caso concreto de El Cáliz de Fuego, cada una de las pruebas del torneo de los campeones posee también una significación alquímica: el dragón (fuego y aire), el lago (agua) y el laberinto (tierra) son símbolos del trabajo alquímico. El dragón es la materia antes de la resolución al sulfuro y al mercurio filosóficos. El baño es el fuego secreto que disuelve, limpia y resucita la materia. El lago es la disolución y putrefacción de la materia durante el nigredo. Y el laberinto es en sí mismo un símbolo alquímico, al igual que el huevo (cósmico o filosofal) que recibe Harry tras superar la prueba del dragón y que le proporciona una pista vital para continuar en su camino iniciático.
Es muy probable que la existencia de esta «trama alquímica» tenga mucho que ver con el enorme éxito cosechado por las aventuras surgidas de la mente de Joanne Rowling. En opinión de John Granger, la lectura de estas novelas provoca una identificación del lector con el héroe, de forma que el primero termina por experimentar las mismas transformaciones de Potter, alcanzando así la purificación.
En febrero de 2006 saldrá a la venta la edición en castellano de Harry Potter y el Misterio del Príncipe, la sexta entrega de sus aventuras. Sin embargo habrá que esperar a la publicación del último libro de la saga, el número siete (una cifra, por cierto, cargada de un profundo simbolismo y significado mágico), para averiguar qué otros secretos se esconden entre sus páginas y cómo se resuelve finalmente la historia del mago más famoso del mundo.







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