Ovnis y vida extraterrestre

Abducciones militares: secuestros para experimentar con humanos

Miles de personas en todo el mundo claman haber sido abducidas por entidades alienígenas. Sin embargo, algunos investigadores han encontrado evidencias de que tras muchos de estos casos se encuentran agencias de inteligencia que hacen creer a sus "conejillos de indias" que son vícitimas de extraterrestres, cuando en realidad están siendo sometidos a experimetnos secretos de control mental.

Miguel Pedrero

4 de Junio de 2020 (16:55 CET)

Abducciones militares: secuestros para experimentar con humanos
Abducciones militares: secuestros para experimentar con humanos

En las últimas dos décadas son numerosas las personas que sufren episodios de abducciones extraterrestres, pero que se acuerdan de detalles en nada congruentes con seres alienígenas, sino con humanos que llevan a cabo con ellas experimentos de control mental. Es el caso de la estadounidense Katharina Wilson, que recuerda haber sostenido entre sus manos una máscara que simulaba las facciones de un «gris» durante uno de sus episodios de abducción.

Michelle, una abducida investigada por el Dr. Kouguell, consultor de la MUFON –el más importante grupo de investigación OVNI en el mundo–, asegura que sus captores alienígenas la introdujeron en un tanque de agua. Pero, además, recuerda imágenes de militares, humanos con bata blanca y jeeps del ejército, visiones que no logra ubicar dentro de su experiencia de abducción extraterrestre. Los supuestos secuestradores de otro mundo, al igual que en muchos otros casos, utilizaron vulgares jeringuillas para inyectarle algún tipo de droga y le introdujeron un pequeño aparato a través de su oreja, una de las técnicas habituales para colocar pequeños chips por parte de científicos terrestres. Posteriormente, Michelle acudió al médico por una inflamación en su oreja y el facultativo logró extraer un objeto extraño. Por lo que parece, los extraterrestres, a pesar de sus miles de años de superioridad sobre los humanos –unos 20.000 aseguraba el popular investigador del fenómeno abducción Budd Hopkins–, utilizan una técnica bastante chapucera, incluso superada por los conocimientos científicos de hoy en día.

Otro interesante caso es el de Debbie Jordan, uno de los testimonios estrella de Intrusos, el best seller de Budd Hopkins cuya tesis es que miles de personas están siendo secuestradas por una raza de alienígenas. Debbie recuerda que en una ocasión la llevaron a una especie de hospital, donde la examinó un médico que le extrajo un implante del interior de su oído. Durante una charla en Los Angeles, Hopkins recordó el testimonio de un abducido al que los extraterrestres amenazaron para que disparara contra una persona atada a una silla. Lo curioso es que no se trataba de un arma de rayos láser, sino de un vulgar revolver. Finalmente, el abducido no disparó y los supuestos extraterrestres tampoco cumplieron sus amenazas.

El ufólogo Martin Cannon entrevistó a una abducida a la que los extraterrestres entregaron un arma que tendría que utilizar en una determinada acción cuando en su mente recibiera una clave poshipnótica. Curiosamente, uno de los objetivos fundamentales del Proyecto MK-Ultra de control mental –desarrollado por la CIA durante décadas– y otros similares consistía en averiguar si podía usarse la hipnosis o cualquier otra técnica de manipulación cerebral para inducir a un determinado «agente durmiente» a cometer un asesinato. También la conocida ufóloga británica Jenny Randles pudo entrevistar a una mujer llamada Mary que aseguraba haber sido secuestrada y sometida a un minucioso reconocimiento por una serie de individuos que parecían médicos. Luego, sus captores emplearon técnicas hipnóticas para introducir en su mente imágenes que, según le dijeron, entendería en el futuro. Mary pudo escuchar cómo uno de los hombres dijo en un tono divertido: «Creerán que son platillos voladores».

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Control absoluto

Algunos de los experimentos desarrollados por la CIA dentro del Proyecto MK-Ultra y otros posteriores se dirigían a estudiar cómo los sonidos, los colores o las imágenes de contenido agradable o desagradable podían influir en el cerebro de un individuo. Curiosamente, los extraterrestres también practicaban con los abducidos este tipo de ensayos. El investigador de abducciones David M. Jacobs escribe en su libro Vida Secreta que «las víctimas (según él de los extraterrestres) han informado también de procedimientos en los que se les han colocado aparatos en la cabeza o en torno a la misma. Alguno de estos artilugios parece que obliga a mover los músculos mayores de brazos y piernas. Otros hacen que la víctima vea colores vivos y figuras geométricas».

En su obra, el investigador también relata sorprendentes detalles de la abducción protagonizada por Karen Morgan: «La mujer declaró que, durante un episodio, los alienígenas la hicieron yacer en una mesa, y después uno de los seres pequeños se le acercó con un pincel de algún tipo y le pintó con un líquido marrón en el cuerpo, en amplias ringleras. Luego le colocaron unos aparatos semejantes a electrodos en los codos y en los muslos, y se le pidió que moviera brazos y piernas, cada cosa a su vez, mientras los seres o bien la observaban o bien medían algo». Jacobs tampoco se explica por qué los alienígenas suelen mostrar a los abducidos en una pantalla imágenes terribles de guerras y destrucciones, en las que muchas veces aparecen personas que estos conocen, y en secuestros posteriores les enseñan estampas agradables, románticas y de contenido sexual.

El abducido Steve Thompson asegura que los alienígenas le colocaron un artefacto en la cabeza que le produjo tal dolor que terminó desmayándose. Precisamente, una de las finalidades del MK-Ultra era saber hasta qué punto una persona podía resistir el dolor provocado por electrodos aplicados a la cabeza. En 1980, una mujer llamada Myrna Hansen, de 28 años, y su hijo de seis sufrieron un secuestro por parte de presuntos seres extraterrestres en una carretera de Cimarrón, en Nuevo México (EE. UU.). Ambos fueron sometidos a un examen médico. A ella le introdujeron una sonda por la vagina, que días después le causo una infección. Posteriormente, los sometieron a un doloroso proceso que incluía ruidos atronadores y luces cegadoras. En un despiste de sus captores, Myrna echó a correr y entró a una habitación en la que distinguió enormes recipientes en los que flotaban partes del cuerpo de animales y personas. En otro momento del secuestro, la mujer observó a un ser humano que parecía ser el jefe de los extraterrestres.

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