Ovnis y vida extraterrestre

¿Abducciones o… alucinaciones?

Asustado, abrí los ojos de par en par. Sólo unos instantes antes estaba profundamente dormido, pero de repente sentí cómo mi corazón se encontraba atrapado por un miedo que, en pocos segundos, se transformó en pánico y angustia. Jamás en mi vida me había sentido tan sobrecogido…

1 de Enero de 2006 (00:00 CET)

¿Abducciones o… alucinaciones?
¿Abducciones o… alucinaciones?
Y tenía razones poderosas para ello: ¡no podía moverme! Juro que puse todo mi empeño en ello pero estaba paralizado de pies a cabeza, aunque mis sentidos captaban cien por cien todo lo que pasaba a mi alrededor. Veía, olía, sentía… pero unas invisibles cadenas mantenían mi cuerpo atrapado.

La cosa se complicó, porque junto a mi, a apenas unos metros de mi posición, se encontraban dos extrañas entidades. Parecían estar ataviadas como monjes. Sé que estaban allí y las sentía, pero era incapaz de verlas. ¿Una sensación irracional? Por supuesto, lo era. Sin embargo, estaba tan convencido de que estaban allí que lo único que se me ocurrió fue gritar con todas mis fuerzas. Quería emitir un alarido, pero nada, imposible: la voz no salía. Debieron ser tan sólo unos segundos y aunque suene a tópico, parecieron siglos. Allí mismo había dos seres extraños y no había forma de que nadie pudiera comprobarlo…
Y sentí como un crujido; acto seguido, emití un suspiro sordo. Todas mis fuerzas concentradas en gritar se tradujeron únicamente en un burdo susurro. Ya podía moverme, pero las sensación de temor desapareció de la misma forma que mi convencimiento sobre la presencia de dos intrusos en mi habitación. ¿Un sueño? No. Me encontraba plenamente despierto, todavía algo angustiado, pero tenía claro qué me había ocurrido. Acababa de sufrir una "parálisis del sueño", una experiencia que una de cada cinco personas sufre una vez en la vida y que no responde a otra cosa que no sea una alucinación sensorial, auditiva y visual. Nada de locos, en absoluto. Se trata de un fenómeno conocido por los psicólogos y que no es sino un mecanismo de defensa del cuerpo y la mente que tiene que ver con nuestras vivencias oníricas. Son como un cruce de dos realidades que han descrito millones de personas y que, según dos investigadores que acaban de presentar sus estudios, es la causa de que muchas personas aseguren haber sufrido una abducción.

Si la persona que vive este tipo de experiencias no tiene información sobre la existencia de la "parálisis del sueño" es muy probable que interprete su vivencia como un encuentro con lo desconocido. En muchas personas, las experiencias de estas características son todavía más intensas. Algunos sienten que esas entidades imaginarias se apoyan en la cama e incluso los tocan, los acarician, los agreden, les hablan…

Parálisis del sueño

A partir de mediados de la década de los ochenta, millones de personas relataron experiencias similares a la reseñada –por cierto: si alguien no lo había percibido, la experiencia relatada la vivió el autor de estas líneas–. Sin embargo, fueron mucho más allá. Describían que esos seres humanoides eran similares a los extraterrestres iconográficos. Además, señalaban que, sin saber cómo, al poco tiempo se encontraban en lo que parecía una sala oval luminosa, en medio de la cual había una camilla similar a una mesa de operaciones sobre la que los "captores" sometían al testigo a una suerte de complejo examen médico. Gracias a ese tipo de casos emergió la fiebre de las abducciones en Estados Unidos.

Susan Clancy es una investigadora de la Universidad de Harvard –Estados Unidos– que acaba de publicar un libro dedicado a este tipo de experiencias. Para ella, todas las personas que aseguran haber sido abducidas sólo han vivido en realidad una experiencia de "parálisis del sueño". Se basa en muchas entrevistas a presuntos abducidos, a muchos de los cuales sometió a un examen de laboratorio en el cual demostró estadísticamente que, quienes decían ser abducidas, eran personas tendentes a la fantasía y a fabricar falsos recuerdos con retazos de la memoria consciente y onírica. Sin embargo, ha descubierto algo que otorga una trascendencia mayor a su trabajo: "Cuando las personas que viven estas experiencias las recuerdan se registra un cambio en su presión arterial y en las glándulas sudoríparas que son similares a los captados en aquellas personas que manifiestan estrés postraumático, como pueden ser quienes han sufrido un asalto, un atentado o un secuestro". ¿Qué quiere decir esto? Sencillamente, que el presunto abducido no miente, aunque en opinión de Clancy esa realidad no es física. Además, asegura que estos "falsos" abducidos sufren una transformación en sus planteamientos vitales que les genera algo parecido a una apertura de conciencia.

Al mismo tiempo, un investigador británico ha llegado a conclusiones similares. Se trata de Chris French, director de la Unidad de Investigación de Psicología de lo Anómalo del Goldsmith College de Londres –Reino Unido–. Examinó a 38 personas, 19 de las cuales habían sufrido una experiencia de abducción. Comparó ambos grupos y llegó a la conclusión de que los hipotéticos secuestrados formaban parte de ese 4 % de personas tendentes a convertir la fantasía en realidad, sin que bajo ningún concepto se trate de individuos que padezcan patología alguna. Son –en lo físico y en lo psíquico– absolutamente normales aunque hayan vivido una "parálisis del sueño" a la que han dado forma por cuestiones culturales. Antaño, se asociaban estas vivencias a encuentros con diablos íncubos o súcubos, mientras que en la actualidad las entidades son aquellas que sociológicamente se han convertido en representativas de nuestro tiempo.

¿Construcciones culturales?

Está claramente demostrado que experiencias como la relatada pertenecen al mundo onírico. Sin embargo, ¿son todas estas vivencias un quiebro de la mente? Veteranos investigadores del fenómeno OVNI han expresado críticas a los recientes trabajos de Clancy y French. David Jacobs, psiquiatra del MIT de Massachussetts, asegura que los psicólogos sólo han escogido aquellos casos que cuadran con sus conclusiones. Que –por ejemplo– han desestimado aquellos en los cuales los presuntos abducidos muestran pruebas de sus vivencias. Y es que este estudioso presentó en su libro Secret Life infinidad de casos en los cuales los presuntos abducidos viven sus experiencias junto a otras personas –"¿Acaso los dos sufrieron la misma alucinación a la vez? Es imposible"– y además han obtenido fotografías de extraños objetos luminosos que incluso dejaron huellas o cicatrices en sus cuerpos. Y eso si que no es propio de una alucinación…
Otro investigador científico del fenómeno como es Richard Hall recuerda algunos episodios de abducción –para él, aunque sean relatos extraordinarios no deben descalificarse sin una investigación– en los cuales los experimentadores no pudieron vivir bajo ningún concepto una "parálisis del sueño". Cita como ejemplo el más conocido de estos eventos, el protagonizado por Betty y Barney Hill en 1963 al norte de Estados Unidos. Viajaban en coche cuando vieron una extraña luz; al acercarse, descubrieron un objeto discoidal aterrizado cerca de la carrretera. Asustados, volvieron al vehículo y siguieron su camino hacia el domicilio de ambos. Sin embargo, cuando llegaron descubrieron que en su memoria faltaban varias horas. Sólo mediante hipnosis regresiva recuperaron en sus recuerdos ocultos lo ocurrido durante ese tiempo perdido. Ambos coincidieron en su relato, que expusieron por separado. "¿Acaso los dos estaban durmiendo mientras conducían y sufrieron idéntica parálisis del sueño?", señala Richard Hall en su crítica a los dos trabajos expuestos. Y es que, ciertamente, reducir miles de vivencias como las de los Hill a un fenómeno explicable es tan ridículo como asegurar que vivencias como la relatada en este texto no pertenecen a un sueño vivido. Ni todo ni parte…
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