Grusch y el día de la revelación
El exoficial de inteligencia David Grusch compareció el 9 de junio junto a cuatro congresistas y un almirante retirado para exigir la desclasificación de archivos ovni
9 de junio. La una de la tarde en Washington. El confidente de ovnis David Grusch estaba en los escalones del Capitolio, flanqueado por cuatro congresistas y un almirante retirado. Alguien preguntó algo aparentemente sencillo: ¿Qué debería leer una persona para entender de verdad el programa de legado OVNI americano?
Nadie esperaba que la pregunta más incómoda de la jornada fuera respondida con tanta precisión.
Grusch no citó ningún informe del Pentágono. No mencionó los archivos del PURSUE ni los lotes de documentos recién desclasificados por Trump. Señaló un documento de inteligencia australiano clasificado de 1971. Concretamente: las páginas 7 a 16.
🚨 ÚLTIMA HORA | David Grusch ayer en el Capitolio. Si quieres conocer las claves del Legacy Program de los UAP, debemos consultar un documento de inteligencia australiano clasificado en 1971. Lo tienes en el enlace👇https://t.co/u717vL73iX pic.twitter.com/WfmCxFijZr
— Josep Guijarro (@josepguijarro) June 10, 2026
Ese documento existe. Está en The Black Vault. Y su contenido reescribe la historia oficial de cómo Estados Unidos trató el fenómeno OVNI durante la Guerra Fría. Se trata de un expediente del Joint Intelligence Organisation (JIO) australiano redactado en mayo de 1971 por el comandante O.H. Turner, jefe de la División Nuclear del JIO como análisis de inteligencia científica sobre el problema de los no identificados. El documento revisa numerosos programas de investigación estadounidenses relacionados con la gravedad, la antigravedad y sistemas avanzados de propulsión. El autor interpreta estos proyectos como una señal de que determinados sectores científicos y militares creían posible desarrollar tecnologías similares a las atribuidas a los OVNIs observados.
La CIA convenció a las Fuerzas Aéreas para usar el Proyecto Blue Book como herramienta de debunking público
Lo que Turner argumenta en esas páginas —con la fría lógica de un analista de inteligencia, no de un entusiasta— es devastador para la narrativa oficial que se mantuvo durante décadas. El análisis parte de los registros desclasificados de los Proyectos Sign, Grudge y Blue Book, y llega a una conclusión que el gobierno americano nunca admitió públicamente:
La CIA, actuando a través del panel Robertson de enero de 1953, convenció a las Fuerzas Aéreas para usar el Proyecto Blue Book como herramienta de debunking público, creando una fachada de ridiculización, mientras en paralelo financiaba en secreto un programa de investigación de propulsión antigravedad en seis universidades y con múltiples contratistas de defensa. La conclusión de Turner es directa: "Un asalto tan intensivo al enigma gravitacional era completamente irracional desde el punto de vista de la ciencia convencional, y solo puede racionalizarse en el contexto de una firme creencia de que los OVNIs son reales y de que las inteligencias que los controlan saben cómo dominar la gravedad."
El documento detalla los nombres de los científicos involucrados —entre ellos Teller, Oppenheimer, Dyson y Wheeler— y las empresas contratistas que en 1955 entraron en los programas de antigravedad y electromagnetismo: Glenn L. Martin, Convair, Bell Aircraft, Sikorsky, Lear Inc. Para 1966, 46 proyectos de esta naturaleza recibían financiación federal, 33 de ellos bajo supervisión de las Fuerzas Aéreas.

Las páginas 7 a 16 del mismo expediente —las específicamente señaladas por Grusch— incluyen además un segundo análisis: una compilación de más de cien casos de la base de datos informatizada del físico Jacques Vallée, co-dirigida con el doctor J. Allen Hynek en la Northwestern University, documentando tres sistemas de armas recurrentes asociados a los objetos no identificados: un dispositivo para interferir circuitos eléctricos, un dispositivo inductor de parálisis, y un rayo de calor. La conclusión del análisis es que estos sistemas se usaban de forma deliberada, no como efecto secundario de la propulsión.
El Capitolio escenario de una exigencia sin precedentes
Tal como adelantamos aquí, la convocatoria llevaba semanas preparándose. El evento estaba diseñado, en palabras del propio Grusch antes de subir al estrado, para "pasar del testimonio a la acción". Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
A las 13:00 horas del martes, ante las cámaras de decenas de medios, políticos y periodistas tomaron posición cerca de los escalones del edificio más simbólico de la democracia estadounidense.
Las tres exigencias formales
El acto se estructuró en torno a tres demandas concretas dirigidas a la Casa Blanca y al Congreso: la desclasificación presidencial de archivos UAP específicos que Grusch ya ha identificado por nombre ante los organismos de supervisión de inteligencia; la aprobación de la Ley de Divulgación UAP, que crearía un marco legal para la liberación sistemática de documentos; y el refuerzo de las protecciones para denunciantes, impidiendo la represalia administrativa contra quienes tengan conocimiento del programa de legado.

Burlison fue el más contundente en la tribuna: "Durante décadas, al pueblo americano le han tratado como a niños, diciéndoles que hay secretos gubernamentales que no tienen derecho a conocer. El pueblo americano ha terminado con esa respuesta." Y añadió algo que no figura en ningún comunicado oficial previo: el político brasileño Aldo Rebelo —diputado federal en 1996 y posteriormente ministro de Defensa, cargo desde el que tuvo acceso a los archivos clasificados militares— ha reconocido que el incidente de Varginha fue real.
El llamado ET de Varginha es uno de los casos más documentados de la ufología latinoamericana. En enero de 1996, varios testigos afirmaron haber visto una criatura de aspecto no humano en la ciudad brasileña de Varginha. El ejército brasileño capturó supuestamente al ser y lo entregó a militares estadounidenses. Durante décadas, el gobierno de Brasil lo negó.

Según lo declarado por Burlison el 9 de junio, Aldo Rebelo —que años después accedería a los archivos clasificados como ministro de Defensa— ha confirmado que el evento fue real.
Grusch y la vida no humana
Grusch no se limitó a reiterar sus testimonios de 2023. Ante la pregunta directa de cuántas especies alienígenas ha identificado el gobierno estadounidense, su respuesta fue la más explícita que ha dado en público hasta la fecha: «Es un continuo que va desde la vida bípeda corpórea hasta lo que yo consideraría vida plasmoide sintiente, pero hay varias de las que el gobierno de EE.UU. tiene constancia.»
En términos llanos: el exoficial de inteligencia afirmó ante las cámaras que el gobierno americano conoce la existencia de formas de vida no humana que van desde criaturas físicas de dos piernas hasta entidades de plasma energético inteligente sin cuerpo tradicional. Afirmó también que hay "varias docenas" de casos en los que el gobierno ha examinado lo que denominó "biológicos no humanos", una expresión que los investigadores UAP interpretan como restos de tripulantes de objetos no identificados recuperados.

El almirante Gallaudet, por su parte, reforzó el marco testimonial al reafirmar que durante su servicio como comandante del Mando de Meteorología y Oceanografía Naval fue testigo de cómo los UAP "están interactuando con la humanidad".
La tecnología ya no está en el gobierno: está en manos privadas
Burchett abrió una línea de análisis que cambia radicalmente el mapa de la investigación. La razón por la que las solicitudes de acceso a la información (FOIA) no funcionan en este ámbito no es solo la clasificación: es que la tecnología recuperada ha sido transferida a entidades privadas, fuera del alcance de cualquier mecanismo de transparencia gubernamental.
"Si el Congreso dice que vamos al Área 51, todos dicen 've al Área 51, Burchett'; lo único que voy a conseguir allí es una buena camiseta. El problema es que todo eso ha sido trasladado a entidades privadas para que no exista la FOIA", afirmó el congresista de Tennessee. Burlison completó el argumento: "Seguimos recibiendo testimonios creíbles de programas de recuperación de naves y de ingeniería inversa que podrían haber operado durante décadas sin ningún tipo de supervisión. Esos testimonios apuntan a instalaciones, contratistas, registros y personas específicas. El Congreso tiene el deber constitucional de seguirles la pista."

Un tercer lote inminente
El acto del 9 de junio se produjo en un momento de máxima presión sobre la administración Trump. Desde que el presidente emitió su directiva de desclasificación en mayo de 2026, el portal PURSUE ha registrado más de mil millones de accesos a los archivos liberados. Se han publicado dos lotes de documentos y existe una expectativa generalizada de que un tercero está a días de hacerse público.
Sin embargo, la frustración entre los investigadores es creciente: los archivos publicados hasta ahora no contienen lo que Grusch y los congresistas afirman conocer. Eso es precisamente lo que el acto del Capitolio vino a subrayar: que la desclasificación ha comenzado, pero que los documentos más importantes —los que identifican programas, instalaciones, contratistas y material físico— no han llegado aún al dominio público.
"El presidente Trump tiene ahora una oportunidad histórica", dijo Grusch. "Esta rueda de prensa trata de pasar del testimonio a la acción. Que el pueblo americano juzgue los hechos por sí mismo."
James Fox, cohost del evento, lo formuló de manera más nítida: "El público merece respuestas reales, el Congreso merece acceso, y la realidad no debería estar clasificada. Si nuestras peticiones se cumplen, esto podría cambiar el curso de la historia."

Una línea en la arena
Ross Coulthart, corresponsal especial de NewsNation y uno de los periodistas con mayor acceso al entorno de los denunciantes UAP, había definido el evento antes de que comenzara como "una línea en la arena". Tras lo ocurrido, la definición se sostiene.
Por primera vez, un grupo de congresistas en activo, un exoficial de inteligencia, un almirante retirado, una periodista de investigación y un documentalista se plantaron en los escalones del Capitolio para exigir no que se "investigue" el fenómeno, sino que se liberen archivos concretos cuya existencia ya han verificado en sesiones clasificadas. Y al ser preguntado dónde empezar a buscar, Grusch señaló a un analista australiano que, hace 55 años, ya había llegado a las mismas conclusiones que él.
El documento Turner no resuelve el misterio. Pero demuestra que el misterio siempre estuvo ahí, y que quienes tenían acceso a la información —en Canberra, en Langley, en el Pentágono— lo sabían.








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