El secreto mejor guardado del Área 51... era otro
El Pentágono utilizó el fenómeno OVNI como escudo para ocultar tecnología militar avanzada, según revela el Wall Street Journal
Ahora resulta que el mejor disfraz para un avión espía es un extraterrestre con cara de lagarto. Sí, no es broma.
Eso se deduce, al menos, del reciente artículo de Joel Schectman y Aruna Viswanatha publicado en The Wall Street Journal donde revelan que fue el propio Pentágono quien alimentó, en la década de los años 80, el mito de los extraterrestres en el Área 51. Sí, has leído bien. Según estos periodistas especializados en espionaje, acción encubierta y vigilancia digital, las autoridades militares estadounidenses habrían dejado correr el rumor (o incluso lo habrían sembrado deliberadamente) de que en ese rincón del desierto de Nevada se ocultaban cuerpos alienígenas y se probaba tecnología de origen no humano.
Suena a excusa peregrina y, además, es una estrategia repetida.
Quienes ya peinamos canas, recordamos con estupor la comparecencia -en 2007- del Coronel Gerald K. Haines, historiador de la Oficina de Reconocimiento Nacional. Aprovechando el interés despertado por el 60 aniversario del avistamiento de Kenneth Arnold, dijo a los periodistas que los ovnis, en realidad, eran aviones secretos estadounidenses que, mientras eran confundidos por naves extraterrestres, podían moverse libremente por donde quisieran. Y se quedó tan ancho.

Ojo. Nadie cuestiona que aviones como SR-71 o el sigiloso F117 pudieron ser eventualmente confundidos con ovnis pero de ahí a decir que todos no identificados eran aviones secretos estadounidenses resulta algo muy pretencioso. Hay miles de avistamientos todos los años. Además, si eran aviones espía: ¿Por qué el Pentágono siguió investigando ovnis (ahora llamados UAP) de forma secreta con un presupuesto anual de 22 millones de dólares? Señor Haines, el AATIP se mantuvo vigente entre 2007 y 2012. ¿No se lo habían contado?
Pues no contentos con eso, ahora The Wall Street Journal revela que los militares estadounidenses pensaron que la mejor forma de mantener a salvo su nueva tecnología de las miradas indiscretas de la Unión Soviética durante la Guerra Fría era enterrarla entre teorías conspirativas sobre el Área 51. Y les funcionó tan bien que hasta sus propios ciudadanos picaron el anzuelo y quisieron asaltar esta instalación secreta para revelar la existencia de extraterrestres.
La "Dama Dragón" y el Proyecto Aquatone
Es evidente que en el Área 51 no se jugaba al tres en raya. En 1955, el gobierno estadounidense eligió esa remota localización de 12.000 Km2 para ensamblar y probar el avión espía Lockheed U-2, apodado con cariño la “Dama Dragón”. Bajo el nombre en clave Proyecto Aquatone, estos aviones tenían la misión de sobrevolar la Unión Soviética para espiar 23 puntos estratégicos de máxima prioridad a una altura impensable para la época. Okey. Perfecto.
Ahora sabemos que cada vez que pasaban los satélites rusos sobre Groom Lake, camuflaban los aviones para no ser detectados pero... ¿de veras quieren hacernos creer que la inteligencia soviéticos que rastreaba cada esquina del desierto de Nevada, iba a tragarse el disfraz de tecnología secreta con historias de hombrecillos verdes?
¿De verdad creen que los rusos dijeron: “No, no, no pongamos atención ahí, esa base está llena de alienígenas y vaqueros borrachos”? Vamos, ni en las películas de serie B.

La paradoja Bob Lazar
Hay, además, otra derivada porque, en los ochenta, también entró en escena uno de los grandes protagonistas del mito extraterrestre del Área 51: Me refiero a Bob Lazar.
Robert Scott Lazar aseguró haber trabajado como físico en el Área 51 entre 1988 y 1989. Dijo haber sido reclutado por Edward Teller (sí, el del padre de la bomba de hidrógeno) para trabajar en el Sector 4 (o S-4) del Área 51. Allí habría visto platillos voladores operativos, tecnología antigravitacional basada en el misterioso elemento 115... y hasta aseguró haber tenido encuentros con seres extraterrestres. Una historia de ciencia ficción demasiado detallada como para que no saltaran todas las alarmas… o las risas.
¿Qué hacemos con esto? ¿Lazar fue otro peón en el ajedrez del despiste? ¿O el Pentágono lo dejó hablar sabiendo que sus afirmaciones serían tan increíbles que nadie en su sano juicio las tomaría en serio? La vieja estrategia de ocultar la verdad entre un océano de mentiras. Muy George Orwell todo.

No podemos olvidar que la credibilidad de Lazar recibió un dfuro revés cuando se descubrió que ninguna de las universidades donde aseguraba haberse graduado —el Instituto Tecnológico de California (Caltech) y el MIT— tenía registro alguno de su paso por allí. Tampoco nadie en la comunidad científica recuerda haber coincidido con él. Por si fuera poco, tuvo varios encontronazos con la ley, incluido un arresto relacionado con un burdel ilegal en Nevada. Todo esto, claro, ha servido para desacreditar su testimonio.
Y aquí el dilema: ¿Estamos ante un mentiroso con delirios de grandeza o ante un testigo incómodo al que han saboteado meticulosamente su historial para silenciarlo? Lo curioso es que si, como ahora se dice, todo formaba parte de una maniobra de desinformación, cuesta creer que el Estado se tomara tantas molestias en hundir la reputación de un peón útil.
¿Desclasificación o cortina de humo?
Lo más irónico es que ahora, décadas después, mientras la presión pública por conocer la verdad sobre los UAPs crece, el Pentágono de pronto nos cuenta que toda esa mitología alienígena fue una estrategia de desinformación. Una forma muy conveniente de limpiar el polvo debajo de la alfombra sin levantar sospechas.
¿No será que este nuevo relato es en realidad otro relato, una nueva versión oficial para tapar otra cosa? ¿Quizá una forma elegante de cerrar el grifo justo cuando más interés y pruebas hay sobre fenómenos anómalos reales?
Porque si algo ha demostrado la historia de los ovnis es que cada vez que creemos estar más cerca de la verdad… aparece otra distracción.
Y esta vez, la distracción viene firmada por el mismísimo Pentágono.








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