Parapsicología

Basado… en hechos reales. Fenómenos paranormales en el cine

En apenas dos años la sobrecogedora historia de Anneliese Michel, joven alemana supuestamente poseída, ha sido llevada a la pantalla en dos ocasiones: El exorcismo de Emily Rose en 2005 y Réquiem –El exorcismo de Micaela– en 2006. No han sido las únicas películas con base paranormal supuestamente verídica que se han producido en los últimos años, pues, aunque siempre alteradas para adecuarse a los recursos dramáticos y así alimentar el efectismo que tanto gusta a la taquilla, entre las historias "reales" que el cine nos ha presentado en estos tiempos también se hallan la maldición de la Bruja de los Bell y la "casa encantada" de Amityville…

1 de mayo de 2007 (00:00 CET)

Basado… en hechos reales. Fenómenos paranormales en el cine
Basado… en hechos reales. Fenómenos paranormales en el cine
La frase "basado en hechos reales", una sentencia que los cinéfilos suelen repeler porque augura escasa calidad, no es sino una estrategia de promoción que el cine y la televisión vienen empleando desde hace años. Está demostrado que el interés de ciertos espectadores se acrecienta si creen que aquello que van a ver ha ocurrido realmente. De ahí el éxito de los biopics, de las grandes gestas históricas, de los telefilmes judiciales y, claro, de los horrores que no han sido totalmente inventados. Provoca verdadero temor –pero también fascinación– saber que algunos de esos monstruos que nos acechan desde la pantalla, tan imposibles a veces, han podido existir, quizá con una apariencia mucho más aterradora: la humana. Vlad Tepes, el origen mismo del conde vampiro Drácula, no necesitaba mostrar los colmillos para asustar a sus víctimas, pues éstas temían mucho más a las largas estacas en las que el noble sangriento atravesaba a sus enemigos.

Dentro de los cánones del terror, la trascripción fílmica de lo supuestamente acontecido en los farragosos terrenos de lo paranormal intenta siempre magnificar la realidad, aprovechando todos los recursos técnicos de los que se sirve el cine. Se busca que el público sienta lo mismo que los protagonistas de las historias transcritas. Por una hora y media, quizás dos, el espectador debe asustarse tal cual lo hicieron aquellos en quienes se inspira la película.

Conozcamos pues, algunas de las producciones que en los últimos tres años han utilizado como materia prima hechos paranormales, dándose la circunstancia de que la mayoría de estas producciones tratan el tema de la posesión por entes malignos. El exorcista. El comienzo… real Cuando William Friedkin, un director ajeno al terror, se encargó de adaptar a la pantalla la exitosa novela de William Peter Blatty, inspirada a su vez en la historia del niño Robbie Mannheim, no sabía que su película, El exorcista (1973), pasaría a formar parte de la historia del género, inaugurando toda una serie de imitaciones que abarcarían la italiana El anticristo (1974), de Alberto Di Martino, y la turca Seytan (1974), de Metin Erksan. Las ecuelas y precuelas apenas hace dos años volvieron a poner de moda el cine de posesiones. Pero si El exorcista parte de la novelización del caso de Robbie Mannheim, en 2000, tiempo antes de que Hollywood intentara explicarnos la historia anterior a la posesión de Reagan, la televisión americana estrenó un telefime, Possessed, de Steven E. De Souza, que adaptaba sin cortapisas la historia de Robbie Mannheim –interpretado por el pelirrojo Jonathan Malen– a partir de un ensayo, el libro Possessed: The True Story of an Exorcism, donde Thomas B. Allen describe los acontecimientos sufridos por el niño en la segunda mitad del siglo XX.

Cuando comenzaron los síntomas de una supuesta posesión demoníaca, Robbie Mannheim tenía unos catorce años. El pequeño, oriundo de Mount Rainer, Maryland, había practicado la "ouija" con su tía, la causa quizá de que el 15 de enero de 1949 empezaran a oírse en la casa pasos y rasguños, los primeros de una serie de fenómenos que desquiciarían a la familia. Cuando la tía de Robbie murió días más tarde, éste intentó ponerse en contacto con ella, intensificándose al poco las manifestaciones inexplicables, que se centraron en el joven: los objetos se movían, las sillas en las que se sentaba giraban vertiginosamente, levitaba en la cama… El sacerdote luterano Miles Schulze, que pudo ver lo que le ocurría a Mannheim, quedó impresionado después de que aparecieran en el pecho del niño unas escarificaciones. Así pues recomendó a la familia que pidiera ayuda a un cura católico. Y éste fue el padre Hughes, quien, después de varios intentos fallidos para exorcizar el demonio, sufrió una crisis nerviosa y se marchó de la ciudad. También se iría la familia Mannheim, que, al comprobar que la virulencia de los ataques iba en aumento, decidió partir a Saint Louis, ciudad en la que entrarían en contacto con los jesuitas, uno de los cuales, William Bowden –el actor Timothy Dalton en Possessed–, se convertiría en el salvador. Durante varias sesiones, en las que el demonio –o los demonios– no cesaron de blasfemar, insultar y agredir a unos y a otros, al fin, en la habitación de un hospital en el que había sido ingresado Robbie, Bowden consiguió acabar con el mal que había estado anidando en el interior del niño desde hacía tres meses.

El 20 de agosto de 1949, William Peter Blatty, por entonces estudiante, publicó un artículo sobre el asunto en el Washington Post. Dos décadas después retomó el tema para escribir una novela, El exorcista, donde, para no entrar en conflicto con la familia Mannheim, que tan sólo quería olvidar, trastocó a Robbie por la niña Reagan –la actriz Linda Blair en la película–. Cuando la novela se llevó al cine, el resultado fue tan escalofriante como exitoso, convirtiéndose en uno de los títulos imprescindibles del terror moderno y haciendo de Reagan un icono imposible de olvidar. El caso de Anneliese Michel Cuando en 1976, Anneliese Michel, una joven alemana de fuerte educación religiosa, "sucumbió" al azote del infierno –o bien a causa del martirio al que el padre Ernest Alt la había sometido certificando posesión donde quizá hubiera epilepsia–, la sociedad aún recordaba con escalofríos las convulsiones de Reagan, estrenada tan sólo tres años antes. Efectivamente, las fotografías divulgadas con el deterioro físico de Anneliese –ojos y labios amoratados, marcas en el rostro…– bien podrían haberse entresacado de la película de Friedkin. La controvertida historia de Anneliese Michel, que comenzara su calvario de posesiones a la edad de 16 años en la región de Bavaria en la que nació, ha conocido recientemente dos adaptaciones al cine: la americana El exorcismo de Emily Rose (2005), de Scott Derrickson, quien se posiciona del lado paranormal, y la alemana Réquiem –El exorcismo de Micaela– (2006), de Hans-Christian Schmid, más atento al drama psicológico.

Si hacemos caso de Derrickson creeremos en la versión del padre Moore –trasunto ficticio de Ernest Alt–, quien intentó, a través del Rituale Romanum, exorcizar a Emily Rose/Anneliese Michel de los demonios que la poseían. Nada más y nada menos que seis parecían traquetear en las entrañas de la joven: el mismísimo Lucifer y Caín, Judas Escariote, Nerón, Hitler y el sacerdote Fleischmann. El sexteto del averno hacía que Anneliese atacara a sus familiares, orinase en el suelo, comiera insectos, destrozara objetos católicos, se automutilara… Un año después, el tiempo que duró el exorcismo –a una o dos sesiones por semana–, la muchacha falleció por deshidratación y desnutrición, según parte forense, o consumida por el mal, según el padre Moore-Ernest Alt, que fue procesado por la muerte de Emily/Anneliese y considerado culpable. Pero aunque Derrickson acata la decisión judicial, el tratamiento que otorga al cura lo convierte casi en un mártir, apoyado en sus creencias por su abogada defensora, que incluso comienza a tener visitas del oscuro. Entre otras muchas licencias que se permite la película se encuentra el hecho de que tan sólo el padre Moore se sienta en el banquillo. En la realidad, el padre Ernest Alt tuvo tres acompañantes más en el juicio: su ayudante, Arnold Renz, y los padres de la muchacha, Josef y Anna, todos ellos culpables de homicidio por negligencia y negación de auxilio.

Siguiendo ahora la historia de Hans-Christian Schmid, alejada del cine de terror e inmersa de lleno en un drama psicológico, descubriremos la presión familiar y religiosa a la que estaba sometida Michaela Klingler/Anneliese. Al contrario que Derrickson, Schmid evita la escabrosidad y prescinde por completo de los efectos especiales, pues, tal y como hemos apuntado, su intención no es provocar el miedo, sino motivar la reflexión sobre el sufrimiento de la joven. Schmid presenta a la madre de la joven como una castradora, culpable posiblemente de parte del deterioro psicológico de su hija. Si El exorcismo de Emily Rose es complaciente con los padres de Anneliese, pues casi no tienen presencia, y con el cura que le provocó el exorcismo, Réquiem no deja nada bien ni a los progenitores ni a los religiosos.

El epílogo de la historia de Anneliese Michel no se recoge en imágenes en ninguna de las dos versiones: después de su fallecimiento, los gerifaltes de la Iglesia concluyeron que no estaba poseída, lo que no ha impedido que, aún hoy, su tumba reciba las visitas de quienes están convencidos de lo contrario. La morada del miedo: Amityville 112 de Ocean Avenue, Amityville, Long Island, Nueva York (EEUU). En este lugar se alza la más famosa de las mansiones encantadas que haya conocido la historia de la parapsicología, en parte por el libro de Jay Anson, The Amityville horror, en parte por el tinglado mediático en el que participó el matrimonio Lutz, y en parte por las adaptaciones cinematográficas: la primera, Terror en Amityville (1979), de Stuart Rosenberg, generadora de secuelas de calidad decreciente, y la segunda, La morada del miedo (2005), de Andrew Douglas, acogiéndose a la oleada moderna de los remakes. Enmarcadas en la modalidad del cine de terror denominada "casas encantadas", ninguna de las dos pone en duda la historia de George y Kathy Lutz –interpretados en la primera versión por James Brolin y Margot Kidder y en la última por Ryan Raynolds y Melissa George–, pese a que sobre los fenómenos extraños de Amityville pende el fraude como espada de Damocles.

Los antecedentes luctuosos del 112 de Amityville se recogen en los prólogos de ambas versiones, aunque la película de 2005 es bastante más explícita. El terrible pasado de la casa se remonta al 13 de noviembre de 1974, cuando un joven llamado Ronald De Feo, poseído por una entidad maligna según su propia declaración, disparó con una escopeta a sus padres y a sus cuatro hermanos. Un año después, el 28 de diciembre de 1975, George y Kathy Lutz se mudaron a Amityville junto a los tres hijos de ella –en La morada del miedo tan sólo son dos–. La casa les costó 80.000 dólares, una ganga que les pasó factura finalmente, pues sólo vivieron allí 28 días. Al cabo de este tiempo, la familia decidió abandonarla de forma precipitada porque no podían soportar la violenta fenomenología: visiones fantasmales, sustancias viscosas surgiendo del techo, sonidos inexplicables, olores nauseabundos… George se despertaba a las 03.15 de la madrugada, hora que se correspondía con la de los asesinatos de De Feo, a quien se iba pareciendo físicamente. Él fue quien se llevó la peor parte, pues su conducta se alteró hasta el punto de transformarse en un individuo peligroso para los suyos. Sin embargo, se ha dicho que el origen maldito de Amityville se remonta tiempo antes de los crímenes, cuando en la casa vivió un brujo del siglo XVII, aunque también se ha hecho hincapié en el posible sanatorio indio que ocupó la parcela. En el sótano de la casa de Terror en Amityville hay un pozo oculto tras un muro por el que salen y entran los demonios, elemento extraído posiblemente de estos orígenes luctuosos.

Una vez más, el epílogo racional no interesa a la ficción. En incontables ocasiones se ha afirmado que, desde la huida de los Lutz, nadie más ha vivido en el 112 de Amityville, lo que no es en absoluto cierto. Al menos tres familias –los Cromarty, los O'Neill y los Wilson– han pasado por la casa sin altercados paranormales conocidos, testimonios, claro, que no sirven de nada para el objetivo terrorífico de las cintas. Respecto a cuál de las dos películas es más fiel a la "realidad", Carlos Cala, autor del libro Aquella casa maldita en Amityville, tiene claro que la versión de 1979 se toma muchas menos licencias que la producida en 2005. Y habrá que hacerle caso. La leyenda de la Bruja de los Bell En la actualidad, una mujer abre el diario de un joven profesor del siglo XIX y lee: "…la historia de la bruja de los Bell siempre se había considerado una invención, pero no es así. Por favor, lea este diario con sumo cuidado, pues su contenido puede salvarle la vida". El guionista intenta captar la atención del espectador desde los primeros minutos, afirmando desde la propia ficción que no hay falsedad en una de las historias paranormales más populares de Norteamérica: la que sufrió la familia Bell en su casa de Red River, Tennessee.

Estrenada también en 2005, Maleficio, dirigida por Courtney Solomon, se inspira en la leyenda de la Bruja de los Bell, cuyo origen se remonta a los años comprendidos entre 1817 y 1821 –y a 1828, tras siete años de descanso–, cuando John Bell y su familia experimentaron los fenómenos más extraños, cargados de violencia en muchas ocasiones. Un espíritu golpeaba las paredes, agitaba objetos, imitaba voces, pegaba a los niños, y sobre todo atormentaba a su odiado John, a quien llegó a matar envenenándolo. De las manifestaciones sobrenaturales fueron testigos no sólo todos y cada uno de los miembros de la familia, sino numerosos amigos, como James Johnston o Richard Powell, e incluso un hombre que se convertiría a la postre en presidente de Estados Unidos: el general Andrew Jackson, quien, alertado por las noticias, acudió junto a un grupo de hombres y fue agredido.

Al parecer, el ente dijo llamarse Kate, nombre que se correspondía con el de Kate Batts, que había maldecido a John, su vecino, por un conflicto sobre tierras. Cuando los hechos se sucedieron, la mujer aún vivía, por lo que todo el mundo vio confirmada su idea de que se trataba de una bruja. En Maleficio, Kate Batts se despunta desde el principio como el motor de los conflictos, pero al final da un giro inesperado, uno de esos que tanto gustan en Hollywood, y John Bell pasa de víctima a verdugo. El espíritu atormentó a los Bell durante cuatro años, pero tras la muerte de John decidió abandonar a la familia hasta 1928, fecha en la que regresó para ofrecer largas charlas sobre religión, filosofía y política. La película se centra tan sólo en los primeros años, los más virulentos y los que realmente conformaron la leyenda.
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