Parapsicología
18/06/2025 (08:00 CET) Actualizado: 18/06/2025 (08:00 CET)

El noble que decía ver a través del plomo

Un aristócrata español deslumbró a Europa asegurando que podía ver a través de metales. Su prodigio se desmoronó cuando el gran Houdini lo acusó de fraude

mercedes Pullman

Antropóloga

18/06/2025 (08:00 CET) Actualizado: 18/06/2025 (08:00 CET)
Houdini y Argamasillo en Nueva York
Houdini y Argamasillo en Nueva York

¡El gran mago Houdini, con toda su fama y arrogancia, destrozó sin piedad la vida de un chico de apenas 18 años, un joven al que muchos llamaban "el hombre con visión de rayos X"! En lugar de guiarlo o comprenderlo, lo expuso, lo humilló y lo redujo a una burla pública, aplastando sus sueños con el peso de su ego. ¿Eso es grandeza? ¡Eso fue crueldad disfrazada de escepticismo! Vayamos por partes:

Joaquín Argamasilla de la Cerda nació en Madrid el 4 de abril de 1905 y murió en 1985, dejando tras de sí una peculiar historia entre la nobleza, el teatro y el ocultismo. Conocido en su juventud como “el hombre con visión de rayos X”, Argamasilla atrajo la atención pública por sus supuestas habilidades paranormales, que despertaron tanto fascinación como escepticismo.

Su salto a la fama coincidió con el auge del interés por los fenómenos metapsíquicos en Europa. Por entonces, su padre —el décimo marqués de Santa Cara— presidía la Sociedad Española de Estudios Metapsíquicos, una institución dedicada a lo que hoy se conoce como parapsicología. En ese contexto, las habilidades del joven marqués encontraron un público ávido de lo inexplicable.

Según afirmaba, podía ver a través de los metales —siempre que no estuvieran pintados— y leer con los ojos vendados lo escrito en papeles encerrados en cajas de metal, o determinar con precisión la hora marcada por relojes de bolsillo con la tapa cerrada. Estos supuestos poderes lo llevaron incluso a ser examinado por científicos e ilusionistas. Su historia, a medio camino entre la prestidigitación y el poder, sigue siendo un ejemplo revelador de cómo la credulidad, el contexto social y los vínculos de clase pueden encumbrar figuras tan enigmáticas como la suya.

El 8 de marzo de 1923, un insólito acontecimiento quedó registrado ante notario en Madrid, donde varios testigos certificaron un “prodigio visual” protagonizado por un joven de apenas 18 años: Joaquín Argamasilla. El acto, que pretendía dar validez legal a las extraordinarias habilidades del muchacho, marcó el inicio de un fenómeno que acapararía la atención del público y la prensa durante los años siguientes.

Así reportó la prensa los prodigios de Argamasilla
Así reportó la prensa los prodigios de Argamasilla

Según los asistentes, Argamasilla demostró la capacidad de ver a través de objetos opacos, como cajas metálicas o relojes de bolsillo cerrados, describiendo su contenido con sorprendente precisión. El evento fue presentado como prueba de unas facultades mentales fuera de lo común, avivando las especulaciones en torno a los límites de la percepción humana y las posibilidades ocultas de la mente.

Aunque su caso había pasado inicialmente con poca repercusión en España, el joven Joaquín Argamasilla saltó al primer plano del interés público en 1924, cuando fue examinado por el prestigioso fisiólogo francés Charles Richet (1850–1935), Premio Nobel de Medicina. El científico avaló favorablemente las capacidades del madrileño en una sesión llevada a cabo en el Institut Métapsychique International (IMI) de París, un centro de referencia en el estudio de fenómenos paranormales.

El reconocimiento por parte de Richet —figura clave en el ámbito de la investigación científica y metapsíquica— no pasó desapercibido. La prensa española, con diarios como ABC, La Vanguardia y La Época a la cabeza, dedicó titulares de portada a reproducir fragmentos de una carta que el Nobel había enviado al conde Gimeno. En ella, Richet expresaba su asombro y admiración por la facultad demostrada por Argamasilla, agradeciendo haber sido testigo directo de lo que describió como un fenómeno auténtico.

Charles Richet, premio Nobel de medicina
Charles Richet, premio Nobel de medicina

La carta sirvió como legitimación científica ante la opinión pública española, impulsando un renovado interés por el llamado “hombre con visión de rayos X”. A partir de ese momento, la figura de Argamasilla quedó estrechamente vinculada al debate entre ciencia y ocultismo que marcaría parte de la cultura europea de entreguerras.

Tras el respaldo del Nobel Charles Richet en París, el joven marqués que decía ver a través de objetos cerrados se convirtió en un fenómeno entre la élite intelectual madrileña. Las demostraciones organizadas por su padre en su residencia privada reunían a científicos, artistas y curiosos deseosos de presenciar lo que muchos consideraban un prodigio de la mente.

Sin embargo, desde el otro lado del Atlántico se gestaba una versión muy distinta de los hechos. En Estados Unidos, la Boston Society for Psychical Research sometió a Argamasilla a pruebas más rigurosas. Entre sus colaboradores se encontraba el legendario mago e ilusionista Harry Houdini (1874–1926), conocido por su cruzada personal contra los médiums y charlatanes que explotaban la credulidad del público.

Houdini y el joven Argamasilla
Houdini y el joven Argamasilla

Houdini aseguró haber desenmascarado al joven aristócrata español, revelando que su supuesto “don” no era más que una elaborada ilusión. En publicaciones de la época, se refería a Argamasilla como el Spaniard with X-Ray Eyes, pero pronto pasó a tildarlo de phenomenal mystifier, acusándolo abiertamente de fraude. En uno de sus folletos explicativos, el ilusionista detallaba los trucos que —según él— permitían al marqués mirar a través de pequeñas rendijas en las cajas metálicas, engañando al público.

Esta versión tardó casi un año en cruzar el Atlántico. Fue en agosto de 1925 cuando el psiquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora publicó en el diario El Sol un artículo en el que mencionaba el trabajo de la Boston Society y el papel de Houdini en la detección de fraudes mediúmnicos. En él, señalaba que el famoso mago había desenmascarado los trucos del “vidente español”. Argamasilla respondió con una carta personal a Lafora, en la que aseguraba que Houdini, tras presenciar sus habilidades, le propuso una colaboración que él rechazó. Según su versión, el mago, movido por despecho, inició una campaña para desacreditarlo públicamente.

Lejos de retractarse, Rodríguez Lafora se mantuvo firme. En el mismo periódico, publicó varios grabados realizados por Houdini que explicaban paso a paso cómo funcionaban los presuntos trucos de las cajas, dejando entrever que el fenómeno no era más que una ilusión óptica cuidadosamente ejecutada.

El papel de Houdini fue crucial en la detección de fraudes mediúmnicos
El papel de Houdini fue crucial en la detección de fraudes mediúmnicos

Según detalló Houdini ante testigos y medios de comunicación, Argamasilla utilizaba una maniobra cuidadosamente disimulada para abrir ligeramente la tapa del reloj de bolsillo que afirmaba poder “leer” a través del metal. Durante la sesión, mantenía el reloj horizontalmente entre los dedos índice y pulgar, luego lo elevaba a la altura de su rostro y lo devolvía a la posición inicial, esta vez con el pulgar sobre el resorte de apertura. Ese gesto, aparentemente casual, le permitía presionar el mecanismo y generar una pequeña abertura para mirar el interior.

“Se necesita entrenamiento para que algo así parezca natural”, señaló Houdini, quien sin dudar interrumpió una de las sesiones y lanzó un desafío público: apostó cinco contra uno a que podía reproducir todos los efectos presentados por Argamasilla.

El reto provocó tensión en la sala. El representante del español, Mr. Davis, lo consideró un acto de mala fe y se negó a aceptar la apuesta. Sin embargo, Houdini no cedió. “¿Visión sobrenatural?”, ironizó ante el público. “Este chico no ve a través del metal. Las adivinaciones que hace responden a un truco. Exijo que lo reconozca”.

Mientras en el extranjero Argamasilla se desmoronaba, en España muchos defensores no estaban dispuestos a ceder

Lejos de un regreso silencioso tras el escándalo en Estados Unidos, Joaquín Argamasilla y su padre volvieron a España en mayo de 1924 envueltos en un aura de aparente éxito y, curiosamente, Houdini se convirtió en el blanco de múltiples ataques. Uno de los ejemplos más llamativos fue el del escritor y pensador Antonio Zozaya, cercano a la Institución Libre de Enseñanza. "¿Qué diríamos si un científico pretendiera ser juez de las habilidades del prestidigitador?”. Con ese argumento, Zozaya no defendía necesariamente a Argamasilla, sino que cuestionaba el papel de Houdini como fiscal y juez en un terreno que, según él, debía pertenecer a la ciencia y no al espectáculo.

Aun así, con el tiempo, la figura del joven con “visión de rayos X” fue desvaneciéndose en el olvido. Argamasilla se retiró de los focos y de cualquier actividad relacionada con lo paranormal. Curiosamente, años después fue nombrado director general de cinematografía durante la dictadura franquista, un giro inesperado en su biografía que lo alejaba del universo de lo oculto para sumergirlo en otro tipo de magia: la del celuloide.

El caso Argamasilla representa uno de los episodios más fascinantes y polémicos del ocultismo europeo de entreguerras. En él se cruzan ciencia, ilusionismo, prensa, nobleza y espectáculo, en una trama que aún hoy despierta preguntas incómodas. ¿Fue una víctima de la arrogancia de Houdini? ¿O un oportunista que supo aprovechar su linaje y el contexto cultural de su época? Tal vez, como suele ocurrir en estos relatos, la verdad esté a medio camino entre el fraude y la fe.

Lo cierto es que, a un siglo de aquel escándalo, el eco de aquella disputa entre el joven noble español y el mago más célebre de todos los tiempos sigue resonando como una lección sobre los límites del asombro, la necesidad del escepticismo y la fascinación humana por los misterios sin resolver.

Sobre el autor
mercedes Pullman

Graduada en Trabajo Social y licenciada en la Antropología Social y Cultural.
Vicepresidente de la Sociedad Española de Antropología y Tradiciones Populares.
Directora de la Revista Digital Antropología y Tradiciones Ppulares. Colaboradora de Cuarto Milenio.
Autora de libros: Ovnis en Ucrania y Los secretos mejor guardados de la KGB

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