Parapsicología
01/01/2006 (00:00 CET) Actualizado: 11/03/2026 (11:11 CET)

¿Posesión diabólica?

Un análisis sobre el auge de los exorcismos en el siglo XXI a través de la gran pantalla.

espacio misterio
01/01/2006 (00:00 CET) Actualizado: 11/03/2026 (11:11 CET)
Un encuadre del cartel de El exorcismo de Emily Rose
Un encuadre del cartel de El exorcismo de Emily Rose

"La persona poseída manifestará su estado de anormalidad con cambios y contorsiones de la fisonomía, relajamientos o rigideces del cuerpo; ante la invitación de realizar cualquier acto de piedad o de devoción, reaccionará de manera más o menos turbulenta con una hiperexcitación de los miembros, amenazas, gritos espantosos, actitudes provocativas, blasfemas y sacrílegas…".

Corrado Balducci, La posesión diabólica

Estrenada el 9 de septiembre de 2005 en EE. UU., El exorcismo de Emily Rose —dirigida por Scott Derrickson— se había concebido como un filme de modestas pretensiones comerciales pero que, pese a las cautas expectativas de sus productores, ha pulverizado las taquillas logrando el top one de los títulos más vistos.

Probablemente su éxito se justifique más por la manida coletilla de "basada en hechos reales" que acompaña como subtítulo a las escalofriantes imágenes que integran el tráiler, que por los supuestos fenómenos de poltergeist que, según declaraciones en prensa, presenciaron algunos actores durante el rodaje. Televisores y equipos de radio que se encendían solos mientras sombras misteriosas se vislumbraban durante los ensayos de algunas escenas, probablemente puedan explicarse como consecuencia de la sugestión de los mismos tras visionar, aleccionados por su director, horas y horas de documentales sobre exorcismos auténticos.

Como la historia protagonizada por Regan MacNeil —supuestamente inspirada en la posesión de un adolescente de Mount Rainier en la década de los cuarenta—, El exorcismo de Emily Rose narra los detalles de un suceso que conmocionó a la opinión pública alemana y que, a diferencia de la novela de Blatty, está mejor documentada a través del nombre de su verdadera protagonista: Anneliese Michel, una joven de veinticuatro años.

Bautizado por la prensa de la época como "caso Klingenberg" —ciudad de Baviera en la que se produjeron los hechos—, este luctuoso episodio significó la primera investigación judicial iniciada como consecuencia de la muerte de una joven en el curso de una serie de exorcismos. Tras el dramático desenlace, acaecido el 1 de julio de 1976, la Fiscalía sentó en el banquillo a los dos pastores exorcistas, Arnold Renz y Ernst Alt —identificados en el film con el personaje del padre Moore—, inculpados por un delito de homicidio al dejar morir a la joven por inanición.

A diferencia de otros lamentables sucesos en los que una parafernalia pseudoexorcista ha arropado la inducción de un homicidio —en España alcanzarían triste notoriedad los casos Albayzín y Almansa a comienzos de la década de los noventa—, en la versión cinematográfica del caso Emily Rose es un sacerdote católico, cuya autoridad para desempeñar su labor como exorcista es concedida por la jerarquía eclesiástica, quien deberá enfrentarse a la imputación de un crimen.

El titular descriptivo del diario de sucesos El Caso
El titular descriptivo del diario de sucesos El Caso

En contraste con El exorcista, donde únicamente se expone una interpretación de los hechos basada en la superstición —recuérdese que son los propios médicos quienes recomiendan llevar a cabo dicho ritual—, El exorcismo de Emily Rose traslada el eterno enfrentamiento entre religión y ciencia a los tribunales. Una abogada agnóstica, interesada en la defensa del caso para conseguir un reconocimiento de su bufete, será la encargada de defender al fracasado sacerdote en su lucha contra el poder de las tinieblas. Frente al inquietante informe elaborado por un anciano padre jesuita, que concluye que la joven está poseída por el demonio tal y como ella asegura a sus padres, se sitúan los peritajes forenses y evaluaciones médicas que diagnostican un síndrome epiléptico. Finalmente, y considerando todas estas pruebas, en abril de 1978 el tribunal de justicia alemán terminará dictando una sentencia, desconcertante para unos e indiscutiblemente razonable para otros… ¿Fue el espíritu de Emily Rose poseído por el demonio?

Posesiones en el siglo XXI

¿Supersticiones de tiempos pasados? ¿Psicosis pasajeras asociadas a modas cinematográficas? Nos guste o no, lo cierto es que los datos estadísticos están ahí y demuestran precisamente todo lo contrario: los casos de pretendidas posesiones diabólicas están en notable aumento. En Francia, por ejemplo, y hasta los años ochenta, la demanda de exorcismos era prácticamente anecdótica. En todo un año de la década de los sesenta, una diócesis como la de Autun no atendía más de media docena de casos de personas que decían estar poseídas por el demonio. En 1977 existían solamente 17 sacerdotes exorcistas en todo el país, más que suficiente para atender la epidémica psicosis de posesiones diabólicas generada tras el éxito de taquilla obtenido por El exorcista cuatro años antes. A comienzos de los noventa, una diócesis francesa recibía, en un mes, casi una veintena de solicitudes de exorcismo. Actualmente, en el año 2005, son un centenar los religiosos cualificados para desempeñar esta función y una diócesis como la de Perpiñán atiende, cada mes, a más de veinte personas que sienten bajo su epidermis las garras del mismísimo demonio arañando en su alma. ¿Qué está ocurriendo para que tantas personas estén convencidas de arrastrar los mismos síntomas que la pequeña protagonista de la novela de William P. Blatty?

Para el padre Denis Broussat, tal vez uno de los mejores exorcistas en el país galo, probablemente la proliferación de obsesiones demoníacas esté relacionada con el auge del satanismo a través de la música e internet. A su sacristía acuden decenas de personas que, manifestando diversos síntomas, creen estar poseídas por algún tipo de entidad demoníaca: "Hay quien me dice que tiene la sensación de estar atrapado en una tela de araña o sentirse como una especie de pelota atada a una raqueta y que, cuanto más se mueve, más atrapado se encuentra. Son casos habituales de obsesión".

Los exorcismos son inspiración para muchas películas
Los exorcismos son inspiración para muchas películas

La mayoría —un 75 %— suelen ser amas de casa entre cuarenta y cincuenta y cinco años; mientras que la edad media de los hombres —que solamente representan un 25 % de los "obsesionados" por el demonio— oscila en torno a los cuarenta. Probablemente estas cifras debieran invitarnos a reflexionar sobre la situación que, aún hoy, soportan muchas mujeres que se enfrentan a difíciles circunstancias sociales y personales: matrimonios desestabilizados, dificultades laborales, escaso reconocimiento de la labor de las amas de casa, malos tratos, etc.

Obviamente, y como él mismo aclara, únicamente un pequeño porcentaje, inferior al 1 %, de las personas que acuden a él solicitando un exorcismo reúnen los síntomas que se describen en una auténtica posesión demoníaca: generación de olores extraños en el ambiente (osmogénesis), hablar lenguas no conocidas (xenoglosia), exhibir una fuerza hercúlea (sansonismo), movimiento de objetos a distancia y perturbaciones de objetos eléctricos (telequinesis)… además de la característica aversión a todo lo sagrado y la "incapacidad para manifestar obras de caridad". Solamente para este ínfimo porcentaje de casos se reserva el ritual del exorcismo, cuya liturgia se remonta al año 1614 y se recoge en el Rituale Romanum bajo el epígrafe De exorcizandis obsessis a daemonio, actualizado en una revisión llevada a cabo en 1994 por Juan Pablo II.

Un debate teológico

Considerado una de las máximas autoridades en la materia, el padre Corrado Balducci no duda de la autenticidad de aquellos casos que parecen evidenciar una supuesta infestación demoníaca: "Si bien puede resultar simplista aceptar en todos los casos la posesión diabólica —escribe en La possessione diabolica (1974)—, no tiene por qué ser absurdo, sin embargo, puesto que el demonio puede producir sin duda aquello de que es capaz la naturaleza humana".

Del mismo modo se pronuncia Gabriele Amorth, exorcista en la diócesis de Roma, quien aboga por la necesidad de un mayor reconocimiento de una labor en cierta medida considerada una cuestión embarazosa en el seno de la Iglesia: "Hizo falta el cine para volver a despertar el interés por el tema —comenta sin pudor en el testimonio de su libro Habla un exorcista (1990), en el que dedica unos párrafos al caso que inspira El exorcismo de Emily Rose—".

Sin embargo, no todos los religiosos opinan del mismo modo. El jesuita y parapsicólogo Óscar González Quevedo se manifiesta escéptico ante la pretendida naturaleza diabólica de los fenómenos que se desencadenan durante una supuesta posesión: "Son fenómenos bien conocidos y explicados por la parapsicología y ciencias afines —comenta en Revista de Parapsicología (1976)—. Ni el caso histórico que inspiró a Blatty en El exorcista, ni caso alguno de la historia tiene algo que ver con poderes del demonio".

Padre Fortea, el azote de Satán
Padre Fortea, el azote de Satán

En 1978, el padre Quevedo intervino en el caso de una adolescente de São Paulo que manifestaba síntomas muy similares a los de la protagonista del célebre film de William Friedkin: "Queriendo conducirla a la normalidad —escribe el jesuita—, unas diez a quince personas presentes rezaron y exclamaron: '¡Jesús! ¡Cubre con tu sangre a Sirley para librarla de la crisis!'. Ella, con voz gruesa, exclama: '¡Ah! ¿Queréis sangre? ¡Aquí tenéis sangre!'. Según el relato de los familiares, habría aparecido en la sala, como por encanto, un charco de sangre visto por todos". A pesar de su espectacularidad y dramatismo, el prudente y escéptico jesuita argumenta que dichos fenómenos encuentran una explicación científica.

¿Tiene miedo un exorcista?

Probablemente uno de los detalles más sugestivos en el clásico film El exorcista sea el contraste que ofrece la imperturbable veteranía del anciano padre Merrin con los temores que manifiesta un afligido padre Karras durante la sesión de exorcismo. ¿Qué imagen se identifica mejor con la figura de cualquiera de estos auténticos "fiscales del diablo"? ¿Tiene miedo un exorcista cuando se enfrenta al poder sobrenatural del mismísimo demonio?

A pesar del hermetismo que caracteriza a los pastores de la Iglesia en todo lo que se refiere a este ámbito, la afabilidad del padre Broussat nos desvela alguno de los secretos en la difícil tarea de un exorcista.

"Fue la primavera del año pasado. Ella era una mujer de treinta y cuatro años residente en una ciudad del centro de Francia —el religioso no puede revelarnos más detalles— aficionada a determinadas prácticas espiritistas. En ella los síntomas eran suficientemente claros como para efectuar un exorcismo. Padecía un angustioso malestar y describía algunos de los fenómenos clásicos como la emisión de extraños sonidos y el desplazamiento de objetos a distancia cuando esta se encontraba en una especie de trance. Los fenómenos remitieron progresivamente tras un exorcismo que se prolongó más de tres horas".

"Sinceramente, padre Broussat —le preguntamos—, contésteme como ser humano antes que como exorcista, ¿hubo algún momento en que usted sintiera realmente miedo?".

"Antes hay que tomar una serie de precauciones. Es extremadamente importante albergarse bajo la protección de la sangre de Cristo…".

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