Hallan en Japón la figura de una chamana de 1.500 años
En una excavación de finales del siglo V en un túmulo funerario en el centro de Japón, se ha descubierto una figurilla de arcilla que representa a una chamana (miko)
Mide 41 centímetros, le falta la base y ha pasado unos 1.500 años entre el barro de un foso, pero conserva el peinado, la pulsera, la faja de su vestimenta ceremonial e incluso restos de pigmento. Es una mujer, una miko (sacerdotisa o chamana de la tradición japonesa más antigua), y sostiene en la mano izquierda una vara que los arqueólogos interpretan como posible instrumento ritual.
La figura ha salido a la luz en Nishikaminomiya, en la ciudad de Isesaki (prefectura de Gunma), en la región de Kanto, en el centro de Japón, una zona que históricamente se asocia a grandes migraciones llegadas desde el continente asiático.
- Qué es: una figura haniwa (terracota sin vidriar) de una miko
- Antigüedad: unos 1.500 años, periodo Kofun
- Dónde: Nishikaminomiya, Isesaki (prefectura de Gunma, Japón)
- Altura conservada: unos 41 centímetros; falta la base cilíndrica
- Hallada en: el foso del túmulo n.º 1, de 49 metros de largo
- Exposición: Museo de Historia de la Prefectura de Gunma, del 28 de octubre al 30 de noviembre
Una mujer en el foso de un túmulo
Las excavaciones en Nishikaminomiya comenzaron en 2020 con motivo de unas obras de mejora en el río Tone, que atraviesa la región de Kanto. Allí los arqueólogos han detectado once túmulos funerarios. El más impresionante es el túmulo n.º 1, un monumento de 49 metros de largo rodeado por un foso de 18 metros de ancho.
Fue en ese foso donde apareció la figura. Todo apunta a que se desprendió en algún momento del extremo sur del túmulo y quedó allí, enterrada, durante siglos. Se trata de una de las figuras antropomorfas más antiguas de su tipo halladas en la prefectura de Gunma y, pese a su edad y a las circunstancias en que apareció, todavía conserva detalles finos y restos de color.
Haniwa: figuras de terracota sin vidriar que decoraban los túmulos de la época. Empezaron siendo simples cilindros y con el tiempo evolucionaron hasta representar objetos ceremoniales, edificios, animales e incluso personas.
Miko: sacerdotisa o chamana vinculada al sintoísmo, la religión autóctona japonesa, anterior a la llegada del budismo.
Kami: las deidades y espíritus a los que rinde culto el sintoísmo.
Peinado, pulsera y una vara en la mano
La figura conserva la cabeza y el torso. Su cabello aparece recogido con cordones de arcilla en el moño característico del peinado Shimada de la época Kofun, que es precisamente lo que permite identificarla como una miko. En la muñeca derecha lleva una pulsera y viste una prenda ceremonial cruzada por una faja.
En la mano izquierda sostiene una vara. Los arqueólogos la interpretan como un posible implemento ritual, y de momento no hay más precisión que esa «posible». Sea lo que sea lo que sostenía, la figura lo agarra como quien sabe para qué sirve.

Por qué importa que sea una mujer
Se cree que las mujeres dedicadas a las prácticas rituales tuvieron un papel destacado en las ceremonias religiosas del periodo Kofun, incluidas las vinculadas a la comunicación con seres espirituales. Que esta figura aparezca en el contexto de un enterramiento de élite puede aportar pistas sobre las responsabilidades ceremoniales y la posición social de las mujeres de entonces.
Dicho de otro modo: quien eligió representar a una chamana junto a una tumba importante no eligió a un figurante cualquiera. Eligió a una mujer con atributos propios, con su peinado distintivo, sus joyas y su instrumento, para formar parte del monumento funerario.

La parte más mágica: una mujer entre los vivos y los kami
Una tumba es, por definición, un lugar de frontera. Y la figura que decoraba esta tumba no es un guerrero ni un animal, sino una intermediaria. Si las miko de aquella época eran, como se cree, las mujeres que tendían puentes con el mundo espiritual, resulta difícil no ver en esa muñeca de barro a alguien colocada exactamente donde se tocan los dos mundos: sobre el monumento de los muertos, mirando a los vivos. Y con una vara en la mano de la que no sabemos nada.
Hay además un apunte de contexto que no guarda relación directa con este hallazgo, ningún investigador lo ha vinculado a él, pero que ayuda a entender el peso de estas mujeres en el Japón antiguo. Las crónicas chinas del siglo III, como el Wei zhi, describen a Himiko (también escrito Pimiko), soberana del reino de Yamatai, cuyo poder se apoyaba, según esos textos, en prácticas de hechicería. Dónde estuvo exactamente Yamatai sigue siendo objeto de debate. Esta miko de Gunma es posterior a Himiko en varias generaciones, pero pertenece a un mundo en el que una mujer con lazos con lo invisible podía ocupar un lugar central.
Y queda un detalle casi literario: la figura no se encontró sobre el túmulo, sino en el foso, adonde cayó tras desprenderse del monumento. Allí esperó siglos, hasta que unas obras en el río Tone obligaron a excavar.
La historia de la figura, paso a paso
La miko se coloca en el túmulo n.º 1 de Nishikaminomiya, durante el periodo Kofun.
Se desprende del extremo sur del túmulo y cae al foso.
Comienzan las excavaciones en el yacimiento, con motivo de las obras de mejora del río Tone.
Se expone en el Museo de Historia de la Prefectura de Gunma. Los trabajos en Nishikaminomiya han concluido.
Lo que sabemos y lo que queda en el aire
Lo que sabemos es bastante: es una haniwa de una miko, tiene unos 1.500 años, procede del foso de un túmulo de élite y conserva peinado, pulsera, vestimenta ceremonial, pigmento y una vara en la mano izquierda. Lo que queda en el aire es justo lo más sugerente: qué ritual protagonizaba aquella vara, qué responsabilidades tenía realmente la mujer a la que representa y por qué se la eligió para custodiar, o acompañar, aquella tumba.
La figura estará expuesta hasta el 30 de noviembre. ¿Qué haría aquella mujer con esa vara?
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