Arqueología

El Homo Naledi practicaba ritos funerarios hace 250.000 años

Nuevos hallazgos en la cueva de Rising Star, la Cuna de la Humanidad, arrojan indicios de rituales y creencias anteriores a los Sapiens.

Javier Garcia Blanco

Periodista y fotógrafo

10 de noviembre de 2021 (11:18 CET)

El Homo Naledi practicaba ritos funerarios hace 250.000 años (Fuente: Wits University)
El Homo Naledi practicaba ritos funerarios hace 250.000 años (Fuente: Wits University)

Desde septiembre de 2013 –cuando dos espeleólogos aficionados realizaron un sorprendente hallazgo por pura casualidad, mientras exploraban la zona–, la cueva Rising Star, cerca de Johannesburgo (Sudáfrica) pasó a ser conocida entre la comunidad científica como "la Cuna de la Humanidad", debido a la importancia de los restos de homínidos que se han descubierto allí desde esa fecha: más de mil quinientos restos óseos pertenecientes a al menos veinticuatro individuos de una especie bautizada como Homo naledi, un antepasado del ser humano moderno cuyos miembros habrían vivido aproximadamente hace unos 250.000 años.

Los restos hallados se corresponden con un niño de entre 4 y 6 años y probablemente fueron depositados en algún tipo de ritual funerario

Ahora, en un reciente estudio publicado por la revista científica PaleoAnthropology, se ha dado a conocer el singular hallazgo de varios fragmentos de un pequeño cráneo de Homo naledi, que habría pertenecido a un infante de esa especie, fallecido cuando tenía entre 4 y 6 años de edad, y que habría perdido la vida hace unos 250.000. En los últimos años de investigaciones en la cueva se habían descubierto una veintena de individuos de esta especie, entre ellos los de un niño de entre 8 y 15 años de edad, pero ninguno tan joven como el que se acaba de dar a conocer.

Cueva Risind
Cueva de Rising Star, en Sudáfrica, donde han aparecido nuevos restos de Homo naledi

Sin embargo, la importancia del hallazgo no radica sólo en la edad de este pequeño naledi –bautizado por los investigadores como Leti, de Letimela o "el perdido", en lengua bantú–, sino sobre todo del lugar donde se produjo: a unos doce metros de la Cámara Dinaledi, en un estrechísimo pasaje de apenas 15 centímetros de anchura. La estrechez de este espacio, y la falta de evidencias de que los restos del cráneo fueran llevados hasta allí por alimañas o depredadores –no hay marcas de mordeduras ni evidencias de muerte violenta– parece indicar, en opinión de los científicos de la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo, que los fragmentos óseos fueron depositados en dicho espacio de forma deliberada por sus congéneres, probablemente durante la realización de algún tipo de ritual funerario.

¿Desarrolló el Homo Naledi algún tipo de pensamiento mágico vinculado con la muerte?

Esta circunstancia ya se valoró con los primeros hallazgos realizados en 2013, pues la cueva es tan inaccesible –la entrada se realiza a través de una fractura vertical de 12 metros–, que incluso hoy en día resulta muy peligrosa y de difícil acceso para espeleólogos experimentados y provistos de los equipos más modernos. Así pues, las incursiones de los Homo naledi en este sistema de cuevas y pasadizos parecen haber estado relacionadas con algún tipo de práctica de enterramiento o rito funerario, lo que podría demostrar que estos homínidos, que convivieron en África durante algún tiempo con los Homo sapiens más antiguos, se cuentan entre los antepasados del hombre moderno más inteligentes de los que han sido descubiertos hasta la fecha, pues no sólo fueron capaces de dominar el uso del fuego para iluminar sus andanzas dentro de los estrechísimos pasadizos de la cueva, sino que también desarrollaron algún tipo de pensamiento mágico vinculado con la muerte de sus congéneres.

En el caso del Homo sapiens, por ejemplo, una de las evidencias de funeral más antiguas que se conocen en suelo africano es la correspondiente a un niño de unos tres años bautizado como Mtoto, y que fue descubierto en Kenia en fechas recientes. Según los investigadores, entre los que se encuentra la española María Martinón Torres, del Instituto Max Planck para el Estudio de la Evolución Humana, el pequeño Mtoto fue enterrado hace 78.000 años en una cavidad excavada de forma específica y deliberada, y su cuerpo fue dispuesto de forma delicada y envuelto con una especie de sudario realizado con pieles de animales u hojas.

El hallazgo del cráneo de Leti –en realidad 28 fragmentos que han permitido reconstruirlo de forma parcial–, ha servido para proporcionar datos muy valiosos e interesantes sobre los naledi. El tamaño del cráneo de Leti indica que su cerebro tenía un volumen de entre 480 y 610 centímetros cúbicos, aproximadamente entre el 90 y el 95% del volumen cerebral de los adultos de su especie. "Esto nos permite hacernos una idea de todas las etapas de la vida de esta notable especie", explicó la antropóloga Juliet Brophy, de la Universidad de Luisiana, y participante en el estudio, en declaraciones a la publicación LiveScience.

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