Creencias
01/04/2007 (00:00 CET) Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)

¡Sal fuera Satanás!

Sal fuera, Satanás! ¡Dios te lo ordena! ¡Apártate de ella!». La voz autoritaria y segura del sacerdote resuena entre los gritos desgarradores de una mujer de unos 60 años, la cual se contrae en movimientos convulsos mientras el el padre Donsión avanza hacia ella con una cruz en la mano, que finalmente aproxima a su frente. Los alaridos de la mujer se alternan con una voz grave y espeluznante que sale de su garganta proclamando: «¡No! ¡No! ¡Nunca!». De pronto, cae al suelo, revolviéndose y vomitando espumarajos por la boca, a la vez profiere gritos y unos sonoros eructos.

01/04/2007 (00:00 CET) Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)
¡Sal fuera Satanás!
¡Sal fuera Satanás!
La posesa se ha desplomado delante del banco en el que estaba sentada. Allí permanece su marido, que reza con recogimiento mientras observa la escena. A su lado hay otra mujer fuera de sí, que gruñe, grita y da patadas contra el suelo. Otro hombre ora a su lado. Es el asistente del párroco José Donsión.

En la fila siguiente observamos a una mujer sola, de avanzada edad, que sufre violentas convulsiones, moviendo el asiento hasta dejarlo atravesado en el atrio de la iglesia. También profiere gritos y eructos. Dos filas más atrás, el fotógrafo y quien esto escribe permanecemos atentos a todo lo que ocurre. Ocho personas: el cura, su asistente, tres mujeres supuestamente poseídas por el mismísimo diablo, el marido de una de ellas y dos periodistas, nos encontramos encerrados bajo llave en la iglesia de O Corpiño, santuario enclavado en un solitario paraje del municipio de Lalín (Pontevedra), en el corazón de la Galicia profunda. La escena anteriormente descrita tenía lugar un sábado a media mañana. Asistíamos a un exorcismo católico en pleno siglo XXI.EL EXORCISMODonsión afirma: «El diablo no está de moda, pero no ha muerto; aparenta estar dormido, sin embargo hoy se encuentra más activo que nunca. Jamás hubo tantas posesiones satánicas».

La sesión a la que tenemos el privilegio de asistir comienza a las 12:30 horas. Antes del inicio, el cura dicta sus normas: «No se puede hablar con los poseídos, no se darán sus nombres y no se pueden hacer fotos, que de todas formas no saldrían». Nos invita a sentarnos en la cuarta fila de la iglesia y, tras cerrar la puerta con un cerrojo, empieza la ceremonia. Lleva en las manos un tomo rojo, cuyo título en letras doradas es El Libro de los Exorcismos. Antes nos ha explicado que sus armas contra Satán son escasas: «La principal es la palabra de Dios, que es lo que más irrita al diablo; también usamos agua bendita, acercamos la cruz al poseído, la sagrada forma y algunos objetos de culto, pero la palabra es lo más eficaz».

El párroco lee fragmentos del Evangelio según San Juan y versículos de Marcos, como «¡cállate y sal de él!» o «echaréis demonios en mi nombre». En los primeros minutos la situación es tranquila. Pero, en el momento que Donsión comienza a rezar el Padrenuestro, se desata la catarsis. Las mujeres profieren gruñidos, acompañados de convulsiones, en una sobrecogedora escena que nos recuerda a la película de El exorcista. Con la cruz entre sus manos, el sacerdote se aproxima a cada una de las supuestas endemoniadas y se dirige directamente al diablo: «¡Este es el día! ¡Sal fuera! ¡Yo te conjuro en el nombre de Dios, Satanás!». «¡No! ¡No quiero!», responden las mujeres con una voz terrorífica.

Durante unos veinte minutos continúan las convulsiones y los gritos de las tres posesas. El sacerdote asiste impasible al «espectáculo», sin ofrecer una mínima muestra de debilidad. «¡Dios es tu señor! ¡Repite, Satanás! ¡Sal de ella! ¡Ahora, yo te conjuro, sal, en el nombre de Dios!», ruge una y otra vez. A una de las posesas le acerca una figura del León de Judá. La mujer aumenta su delirio ante la imagen. Más tarde, el padre Donsión nos explicaría que dicha figura es una herramienta muy eficaz contra los endemoniados, como también lo son las imágenes de la Virgen.

La ceremonia termina con las tres mujeres retorciéndose por los suelos y expulsando espumarajos por la boca. Sólo dos de ellas siguen gruñendo. La tercera profiere unos profundos suspiros. Las primeras, según el exorcista, siguen poseídas. «A veces –nos dice– no basta con una sesión, sino que es necesario realizar varias, durante semanas o incluso muchos meses».

Media hora después de rematado el exorcismo, todas salen de la iglesia, aparentemente repuestas. «Una posesión es como un avión con dos pilotos: ahora, mandan de nuevo ellas», afirma el padre Donsión. «Volverán y, al final, sanarán; siempre he vencido a Satanás», concluye orgulloso.
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