Historia oculta
04/11/2022 (13:44 CET) Actualizado: 04/11/2022 (13:44 CET)

Tutankamón: el faraón que vino de las estrellas

En el centenario del descubrimiento del faraón niño siguen pendientes de respuesta algunos interrogantes. ¿Fue Tutankamón el hijo del faraón hereje? ¿Por qué su máscara tiene rasgos de mujer? ¿Por qué razón su daga es de material extraterrestre?

Josep Guijarro

Periodista y escritor

04/11/2022 (13:44 CET) Actualizado: 04/11/2022 (13:44 CET)
Tutankamón: el faraón que vino de las estrellas
Tutankamón: el faraón que vino de las estrellas

Hace un siglo, la egiptología vivió uno de sus momentos más extraordinarios: el hallazgo de una tumba intacta en el Valle de los Reyes. Sucedió el 4 de noviembre de 1922, cuando un aguador del equipo arqueológico de Howard Carter tropezó con una piedra que resultó ser el comienzo de una escalinata. Veinte días más tarde, el arqueólogo británico, que había sido inspector jefe del Departamento de Antigüedades del Gobierno egipcio, había excavado parcialmente los dieciséis escalones hasta llegar a una puerta de barro en la que eran visibles varios sellos con escritura jeroglífica. Los cartuchos del acceso a la tumba tenían grabado el nombre de Tutankamón, último faraón de la dinastía XVIII que gobernó Egipto entre los años 1334 y 1325 a. C.

Sello de la tumba de Tutankamón
Sello de la tumba de Tutankamón

El día 26, Carter realizó una pequeña abertura en la esquina superior izquierda de la entrada acompañado de su mecenas, Lord Carnarvon, quien le preguntó si podía ver algo a través de aquel agujero. Carter, que sostenía una vela en su mano para iluminar el interior, pudo contemplar los tesoros que se escondían y respondió: «¡Sí, puedo ver cosas maravillosas!». Así es como tuvo lugar el descubrimiento más importante de una tumba faraónica intacta en Egipto, y con este hallazgo nacieron numerosos interrogantes que hasta la fecha no han podido ser disipados totalmente. ¿Cómo murió el faraón? ¿Quiénes fueron sus padres? Si nadie había entrado en su tumba en los últimos 3.000 años, ¿por qué estaba todo en completo desorden? Y algo más inquietante: ¿Por qué las efigies que representan al joven faraón en jarros, sarcófagos y su célebre máscara son tan diferentes entre sí?

Momentodel hallazgo de la tumba
Momentodel hallazgo de la tumba

BORRADO DE LA HISTORIA

Parte de los enigmas son una consecuencia de la falta de información o referencias a Tutankamón, porque tanto el faraón como su familia habían sido relegados al olvido a causa de la revolución de El Amarna protagonizada por su padre: Akenatón. El llamado faraón hereje instauró una reforma religiosa que abandonaba el politeísmo que regía en Egipto en favor de un único dios: Atón. Los dioses en formas animales y antropomorfas fueron reemplazados por un dios abstracto, el Sol, que iluminaba con sus rayos al rey, que se convertía en su mediador. El faraón, además, trasladó a mediados del siglo XIV a. C. la capital del país de Tebas a Tell el Amarna, despojando a los sacerdotes de todos sus privilegios. No fue una gran idea, pues esa decisión le generó numerosos y potentes enemigos.

Akenatón
Akenatón, conocido como el faraón hereje por su reforma religiosa

Cualquiera que haya visitado este emplazamiento, situado a 45 km al sur de Mania, sabrá que hoy no queda nada de la ciudad. Solo es visible una gigantesca extensión, yerma, con una necrópolis y algunos muros de adobe de lo que otrora fueron palacios, casas, talleres y un templo dedicado a Atón. En solo una década, el lugar fue abandonado y destruido posteriormente por orden de los faraones que tomaron el relevo del hereje. El pueblo se encargaría más tarde de utilizar los adobes para construir sus propias casas lejos de allí. Paradójicamente, el hecho de que nunca se haya levantado otra ciudad sobre sus cimientos, como si fuera un lugar maldito, ha permitido a los arqueólogos recabar mucha información sobre el modo de vida y costumbres, pues por la basura que dejaron sus pobladores se sabe tenían una dieta sana y equilibrada.

Sus ojos se detuvieron en un disco refulgente posado sobre una roca, y éste latía como el corazón del faraón, y su brillo era como el oro y la púrpura

CONTACTO OVNI

Tell el-Amarna es el nombre en árabe de esta localización. Amenhotep o Amenofis IV la bautizó como Akhet-Aton (Horizonte de Atón) tras una singular experiencia que figura en las estelas fronterizas que delimitaban la ciudad. Aunque muchas de ellas están en un estado lamentable, aún se puede leer en ellas: «... Y así sucedió que, estando el faraón en la caza del león y siendo pleno día, sus ojos se detuvieron en un disco refulgente posado sobre una roca, y éste latía como el corazón del faraón, y su brillo era como el oro y la púrpura». A continuación, el faraón se postró de rodillas ante el disco y quedó traspuesto: «¡Oh, disco solar, que con tu brillo refulgente palpitas como un corazón y mi voluntad parece la tuya! ¡Oh, disco de fuego, que me alumbras y tu brillo y tu sabiduría son superiores al Sol!». A partir de entonces, Amenofis (que significa «Amón está satisfecho») cambió su nombre por Akenatón («el que es útil a Atón»).

Los defensores de la teoría de los antiguos astronautas creen que la visión de Akenatón pudo ser motivada por la presencia de una nave extraterrestre

En una de las lomas de Tell el Amarna está escrita una proclamación pública donde se explica por qué Akenatón escogió este lugar para erigir la nueva capital del reino. Según reza, el gran dios Sol le dijo: «Construyan aquí». Y como sucede con muchos otros «contactados» de la antigüedad, se lo dijo mediante una señal. Los jeroglíficos que sobrevivieron hablan de que Akenatón y Nefertiti empezaron a creer que solo ellos se podían comunicar con Atón, que Akenatón era el hijo de Dios y Nefertiti también era divina. Sus súbditos les adorarían desde entonces como dioses.

EL FARAÓN EXTRATERRESTRE

En la parte alta de la ciudad se encuentra la tumba de Huya, un noble egipcio que fue el supervisor de la Casa de la Reina, jefe del Tesoro y jefe de la Cámara. Si tiene oportunidad de entrar en ella, hallará en sus paredes una gran cantidad de material sobre la familia real, incluida una copia del Himno a Atón. Las inscripciones de sus paredes recogen escenas de adoración al disco solar por parte del faraón. En ellas, Atón irradia con sus rayos a Akenatón, su esposa Nefertiti y sus hijas Meritatón y Mekatatón. Cada uno de los rayos termina transformándose en una pequeña mano que ofrece a la familia del rey los símbolos ankh (la cruz ansada o de la vida) y el cetro was, que representan la vida y el poder respectivamente.

Howard Carter examinando el ataúd interior de Tutankamón
Howard Carter examinando el ataúd interior de Tutankamón

El doctor Yasser El Laithy me cuenta que la icónica Nefertiti fue la esposa principal del rey y cambió su nombre en honor a Atón antes que su esposo. «Sus contemporáneos la conocían como Nefernefruatón, que significa 'la perfecta de la perfección de Atón'» y, como se puede imaginar, tuvo una influencia sin precedentes en la revolución religiosa. De hecho, su participación en los rituales del nuevo culto se igualó a la de su marido.

Los defensores de la teoría de los antiguos astronautas creen que la visión de Akenatón pudo ser motivada por la presencia de una nave extraterrestre y que emplazó la ciudad en el lugar donde aconteció el contacto. Uno de los más reputados estudiosos del periodo Amarna, Cyril Aldred, cree sin embargo que la construcción de la nueva capital tuvo lugar ante la imperiosa necesidad de erigir un hogar para Atón, tal y como sucedió con otras divinidades. A saber: Amón tenía su sede en Tebas; Ptah en Menfis; Khnum en Elefantina y Ra en Heliópolis. Nada de alienígenas, pues.

Pero la influencia extraterrestre no se limitaría a la ubicación de la ciudad o a la experiencia del rey. Las estatuas y grabados de Akenatón dibujan a un individuo extraño, con el vientre ancho y el pecho estrecho, de rasgos andróginos, es decir, que combina facciones femeninas y masculinas a la vez. Para colmo, en este periodo la familia real también será representada con llamativos cráneos alargados «para asemejarse a sus dioses».

Los peculiares rasgos de este faraón obedecen a la endogamia que practicaban los reyes de Egipto

Antes de su fallecimiento, Mansour Bouraik, a la sazón director de Antigüedades de Lúxor y representante del Ministerio de Antigüedades de Egipto, me explicó al respecto que nada indicaba que la fisiología del faraón fuera de otro planeta: «Los peculiares rasgos de este faraón obedecen a la endogamia que practicaban los reyes de Egipto», me aseguró. En efecto, es sabido que los reyes de Egipto mantenían relaciones sexuales entre hermanos e hijos. Tutankamón, por ejemplo, se casó con su hermana o media hermana Ankhesenpaatón y, según Zahi Hawass, jefe del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, Akenatón pudo haber engendrado a Tutankamón con una de sus hermanas.

Sabemos que del matrimonio entre Nefertiti y Akenatón nacieron seis hijas: Meritatón, que con toda probabilidad vio la luz antes de la llegada al trono de su padre; Mekatatón, que murió siendo niña y fue enterrada en la tumba real de Amarna; Ankhesenpaatón, el personaje enigmático que Hawass relaciona con Tutankhamón; Nefernefruaten- Tasherit; Nefernefrure y Setepenre. Como se puede comprobar no he mencionado a ningún varón. Por consiguiente, cabe preguntarse: ¿Fue Tutankamón hijo de este matrimonio? Como Nefertiti solo tuvo hijas, el sucesor de Akenatón, el célebre Tutankamón, tuvo que nacer de otra mujer o, en todo caso, ser el hermano del faraón.

Estela
Estela con Tutankamón, su esposa Nefertiti y las hijas de ambos protegidos por el disco solar

LA MISTERIOSA KV55

En los documentos del periodo de Amarna aparece mencionada Kiya como sacerdotisa en el templo de Atón. Su papel parece determinante en la corte como segunda esposa del faraón, lo que la acredita como Favorita del Rey o Esposa Muy Amada (Hemet mereryt aat). ¿Pudo ser la madre de Tutankamón? Definitivamente no. Nuevos hallazgos y avances tecnológicos, como el estudio mediante rayos X, la tomografía computarizada o el análisis de ADN han permitido despejar éste y otros interrogantes.

Uno de estos estudios establece con bastante seguridad que Tutankamón era hijo de la misteriosa momia encontrada en la tumba KV55 del Valle de los Reyes. Este sepulcro fue descubierto por Edward Rusell Ayrton en enero de 1907 en un estado lamentable. Al final de un pasillo de apenas diez metros de longitud y poco más de dos metros de ancho, Rusell descubrió una estancia de cinco por siete metros en la que estaban esparcidos los restos de una capilla y algunos vasos canopes – representando a mujeres– que contenían restos de varios individuos y un magnífico ataúd de madera cubierto con láminas de oro.

Los cartuchos del nombre del difunto habían sido arrancados, así como el uraeus, la cobra que simboliza soberanía, realeza o deidad. También el rostro del sarcófago, cuyos soportes tenían forma de león, había sido mutilado, como si se quisiera despojar del recuerdo a quien allí moraba. Los momificadores, además, no pusieron demasiado empeño en su tarea, como si quisieran despojar al difunto de su vida eterna. ¿Podía tratarse de Akenatón?

En 2007, un grupo de científicos egipcios realizó un análisis genético a dieciséis momias reales y se pudo identificar a los parientes más cercanos de Tutankamón

La momia, desde luego, presentaba varias semejanzas con su hijo, que sirvió de muestra de control: labio leporino, cráneo dolicocéfalo y escoliosis, pero como la capilla estaba decorada con relieves dedicados a la reina Tiyi, la madre de Akenatón, se pensó inicialmente que los restos podían pertenecer a la esposa de Amenofis III. Basándose en un examen improvisado de los huesos pélvicos, el director de la excavación, Theodore Davis, insistió en esta idea, aunque exámenes posteriores determinaron que el cadáver era de un varón de edad indeterminada entre los 20 y 40 años. Una horquilla muy amplia que no despejaba el enigma.

EN BUSCA DE ADN ALIENÍGENA

La respuesta definitiva llegaría en 2007, cuando un grupo de científicos egipcios realizó un análisis genético a dieciséis momias reales y se pudo identificar a los parientes más cercanos de Tutankamón: sus abuelos, sus padres, su esposa y dos fetos momificados que aparecieron en su tumba y que probablemente eran sus hijas. Quien estaba en el sarcófago de la KV55 era «sin lugar a dudas» el faraón hereje. Hawass determinó que el esqueleto era de un varón entre 35 y 45 años en base a una tomografía computarizada.

Entrada a la tumba de Tutankamón
Entrada a la tumba de Tutankamón

En base a los nuevos datos, el famoso egiptólogo Nicholas Reeves sugirió que tanto Akenatón como su madre, la reina Tiyi, fueron originalmente inhumados en Tell el Amarna, pero durante el reinado de Tutankamón fueron trasladados a la KV55. Hay que añadir, además, que la madre de Akenatón procedía de la ciudad sureña de Akhmin, aunque su familia era de origen sirio. Puede que este dato pueda explicar, junto a la endogamia, los extraños rasgos del faraón hereje.

Pero hay más. Según Jorge Dulitzky, es posible que Tiyi y su marido hayan tenido vinculación con algunos episodios bíblicos, al punto de explicar el origen egipcio del pueblo judío.

Los estudios genéticos demostraron que a pesar de su cráneo alargado, de su «extraña morfología» y de su «experiencia OVNI», el esqueleto de Akenatón era totalmente humano. Es más, quienes aseguraban que su aspecto se debía al llamado Síndrome de Marfan, que proporciona a quienes lo padecen de un rostro enjuto, ojos achinados y dedos muy finos y largos en sus extremidades, se equivocaban. Los análisis demostraban que el faraón hereje no sufría deformaciones en el cuerpo, que no tenía rasgos andróginos y que, en todo caso, se le representó así a causa de un cambio de tendencia artística. «Fue un hombre normal –explicó Hawass en una multitudinaria rueda de prensa en 2010–, pero los pintores lo dibujaron así para representar la fertilidad, la vida y la religión, y alabar más a este rey».

El trabajo, sin embargo, tuvo detractores; en particular, se cuestionó la fiabilidad de las muestras de ADN con 3.300 años de antigüedad, la falta de controles adecuados y la inconsistencia con los análisis previos. Por ejemplo, Corinne Duhig, de la Universidad de Cambridge, aseguró que el cuerpo en cuestión era demasiado joven para identificarlo con Akenatón.

Las controversias también sacuden al faraón niño, pues los análisis de ADN mitocondrial, que se hereda de la madre, lo emparentaron con The Younger Lady (La Dama Joven), sobrenombre con el que se conoce a una momia sin vendajes descubierta nada menos que en 1898 por el arqueólogo Victor Loret en la tumba KV35 del Valle de los Reyes.

Tutankamón era el fruto de una relación incestuosa entre hermanos. ¿Por qué se la borró de la historia?

Estatua de Tutankamón
Estatua de Tutankamón

Los saqueadores le arrancaron a la momia el brazo derecho, le hundieron el pecho y su rostro presenta una gran hendidura que fue realizada antes de morir asesinada. Es curioso, porque sobre la madre de Tutankamón no se ha encontrado ni un solo relieve, pintura, estatua o inscripción. Fue borrada de la historia como su padre. El ADN también demostró que La Dama Joven era hermana de Akenatón. En otras palabras, Tutankamón era el fruto de una relación incestuosa entre hermanos. ¿Por qué se la borró de la historia?

LA VERDADERA MALDICIÓN

El misterio se acrecienta aún más cuando constatamos que tampoco hay mención alguna en la tumba de su hijo. Es más, en julio de 2021, la egiptóloga británica Joanne Fletcher declaró en un documental que la célebre máscara de oro de Tutankamón no representa al faraón, sino a una mujer, debido al detalle de las orejas, que están agujereadas. Y como Tutankamón nunca utilizó pendientes, sugirió que la máscara en realidad está representando a Nefertiti. La idea encontró pronto la oposición de la mayor parte de la comunidad científica. Uno de los que, sin embargo, se planteó la hipótesis fue Nicholas Reeves, quien considera que los muros situados al oeste y al norte de la cámara funeraria de Tutankamón ocultan unas puertas tapiadas en su día que conducirían a dos cámaras ocultas: un almacén y otra que contendría a la propietaria original de la tumba: Nefertiti.

El sepulcro del faraón niño ha sido escaneado en tres ocasiones: primero con rayos infrarrojos, posteriormente por el equipo liderado por el japonés Hirokatsu Watanabe y finalmente por la National Geographic Society. Ninguno de los estudios ha sido concluyente, por lo que el ministro de Antigüedades egipcio, Jaled al Anani, declaró que no aprobaría ninguna perforación hasta que no estar convencido al 100% de la existencia de una cavidad detrás de esas paredes. No obstante, si Nefertiti fue la propietaria original de la tumba, explicaría por qué Tutankamón fue sepultado en una cámara funeraria tan pequeña, un estrecho espacio de seis metros de largo por cuatro de ancho que albergaba tres sarcófagos, uno dentro de otro, como si de una matrioshka se tratara. Esto no es consistente con su estatus, por eso Reeves cree que el entierro del faraón fue un añadido a la tumba de Nefertiti para albergar a su hijastro.

Todos hemos oído hablar de la maldición de Tutankamón, a la que se atribuye, entre otras, la muerte de Lord Carnarvon el 5 de abril de 1923. En tiempos modernos se ha explicado satisfactoriamente, pero el joven faraón sí sufrió una maldición. Me explico. La momia de Tutankamón ha sido objeto de polémica pues, a pesar de hallarse intacta, no estaba en buen estado. Como en el caso de su padre, el embalsamamiento se realizó de forma inexperta: la incisión para extraer las vísceras, la posición de los brazos, el exceso de resina, entre otros detalles, escapan a las normas de momificación de los faraones. ¡Hasta fue momificado con el pene erecto!

El faraón Ay ordenó borrar el nombre de Tutankamón de los anales, un acto gravísimo que despojaba al difunto de la vida después de la muerte

Ya mencioné que los matrimonios consanguíneos eran frecuentes en la realeza egipcia, pero esto acarreaba graves consecuencias: enfermedades genéticas, muertes prematuras y niños no viables, como los dos fetos que Carter descubrió en la antecámara de la tumba de Tutankamón y que llevan a suponer a los especialistas que murió sin descendencia. Tras él, ascendió al trono el faraón Ay, y como ocurrió con el padre de su antecesor, ordenó borrar el nombre de Tutankamón de los anales, un acto gravísimo que despojaba al difunto de la vida después de la muerte, pues su supervivencia  dependía no solo de la preservación del cuerpo, sino también de su nombre y del corazón que, curiosamente, no estaba en el cuerpo del joven rey como era preceptivo.

El hijo del hereje intentó zafarse de la maldición en la que estaba envuelta su familia revirtiendo el monoteísmo de su padre. Cambió su nombre Tutankatón («la imagen viva de Atón») por el que todos le conocemos hoy en día. Es más, en el segundo año de su reinado él y su esposa abandonaron Tell el Amarna para regresar a Tebas, donde reabrieron los templos y restituyeron sus riquezas, pero a tenor de los datos no fue suficiente para los sacerdotes. El faraón murió a los 19 años en 1324 a. C. ¿Tal vez fue asesinado?

CONDENADO AL OLVIDO

Las tomografías computarizadas que se le practicaron a la momia en 2005 demostraron que el faraón no murió a consecuencia de un golpe en la cabeza, como se mantenía hasta entonces. El orificio que Carter encontró en la parte posterior del cráneo se produjo durante el proceso de momificación, según los últimos estudios. Se sugirió que pudo sufrir un accidente que causara fractura en la pierna izquierda y un traumatismo en su esternón y sus costillas. Con todo, la hipótesis más reciente asegura que Tutankamón sufrió una gravísima enfermedad ósea a causa de la endogamia y que padeció de malaria.

Tesoros hallados en la tumba de Tutankamón
Tesoros hallados en la tumba de Tutankamón

Sepultado apresuradamente en una pequeña tumba en el Valle de los Reyes, más propia de plebeyos que de un rey, su destino final no era el Amenti, el paraje subterráneo al cual se trasladaban las almas después de la muerte, sino el olvido. Esto, paradójicamente, contribuyó a que nadie asaltara su tumba hasta que Carter la encontró hace un siglo. Con Tutankamón, pues, terminó la dinastía de gobernantes más poderosa del Imperio Nuevo, quizá la época más conocida de los tiempos faraónicos, pero a causa de la revolución monoteísta de su padre nos dejó también lagunas importantes y misterios insondables.

Sobre el autor
Josep Guijarro

Josep Guijarro es reportero de prensa, radio y televisión, además de autor de varios libros entre los que cabe destacar El tesoro oculto de los templarios, Aliens Ancestrales o Coincidencias Imposibles. Es documentalista de la serie Extraterrestres (DMAX) y forma parte de los programas El Colegio Invisible y La Rosa de los Vientos, ambos en Onda Cero.

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