Historia oculta

La operación secreta que originó la Segunda Guerra Mundial

El 1 de septiembre de 2019 se cumplieron ochenta años de la invasión de Polonia y el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Alemania daba comienzo a la mayor sangría conocida por la historia de la humanidad, y se originó con una operación secreta que a día de hoy pocos conocen en profundidad...

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Periodista

23 de Octubre de 2019 (13:00 CET)

La operación secreta que originó la Segunda Guerra Mundial
La operación secreta que originó la Segunda Guerra Mundial

Para justificar la invasión de Polonia, Hitler encargó a los servicios secretos nazis llevar a cabo varias operaciones de falsa bandera y no aparecer así ante el mundo como lo que era, un tirano con ansias de guerra, sino como alguien que se defendía de una agresión previa. El encargado de ello sería Reinhard Heydrich, jefe del servicio de Inteligencia de las SS, el SD.

El más importante de los «incidentes fronterizos» que simularían los agentes del SD, en el marco de la llamada “Operación Himmler”, tendría lugar en Gleiwitz, y sería comandado por el SS Alfred Naujocks. Gleiwitz, hoy conocida como Gliqice, era una pequeña localidad muy cercana a la frontera germano-polaca. En 1939 se hallaba allí una emisora de radio –hoy reconvertida en museo de la memoria–, lugar que eligieron los miembros de la Orden Negra para su siniestro plan: Naujocks y un grupo de siete SS a su mando debían atacar la emisora, haciéndose pasar por polacos –vistiendo el uniforme del ejército del país, fingiendo ser civiles silesianos insurgentes– y leyendo un comunicado lleno de exabruptos contra Alemania y su política, haciendo creer a los radioyentes que los alemanes habían sido unas pobres víctima del ataque del país vecino.

Poco después, el Abwehr –servicio de Inteligencia de la Wehrmacht–, comandado por el almirante Canaris, enviaba al SD 150 uniformes polacos, que se guardaron en unos armarios donde también se apilaban cajas etiquetadas de paquetes de cigarrillos y fósforos polacos, cartas, tarjetas de identidad y varios documentos destinados a sus bolsillos.

«Conservas en lata»

En el complot también participaría Heinrich “Gestapo” Müller, uno de los hombres más despiadados de las SS. Éste le confiará a Naujocks: “Dos minutos después del desencadenamiento de la operación, a las siete y media de la tarde del 25 de agosto, pasaré por delante de la estación de radio, en un Opel negro, y depositaré en la misma entrada un cadáver recién sacrificado, vestido, naturalmente, con uniforme del ejército polaco. Creo tener entendido que usted aguardará una señal por radio (…) se dará en cuanto haya comunicado yo que el cadáver está disponible”.

La desdichada víctima ya había sido seleccionada: se hallaba en un campo de concentración y era judía. Para el resto de incursiones fronterizas que formaban la “Operación Himmler”, la Gestapo con varios cadáveres más. Como declarará en los juicios de Núremberg el propio Naujocks, Müller “nos manifestó que disponía de doce o trece condenados de derecho común, a los que se vestiría de soldados polacos y guardias fronterizos alemanes y cuyos cadáveres se dejarían sobre el terreno para simular que fueron muertos en el curso de la acción. Un médico a sueldo de la Gestapo les administraría previamente inyecciones mortales, al mismo tiempo que se arreglaría todo para que se presentasen huellas de balas de fusil. Concluido el incidente, se conduciría a los lugares de las supuestas escaramuzas a diversos periodistas y otras personas (…)”.

Concluida la operación, se conduciría a los lugares de las escaramuzas a diversos periodistas

A las víctimas se les daría el nombre en clave de “conservas en lata”, que serían facilitadas al general SS Otto Rasch, encargado de la acción armada en Pitschen, y al general Mehlhorn, para el combate simulado en Hochlinden.

Según el relato de Naujocks, éste llevaba varios días en los alrededores de Gleiwitz esperando el momento definitivo para llevar a cabo sus órdenes. Será finalmente el 31 de agosto. Ese día por la mañana, Hitler llama a las 12.40 horas a Wilhelm Keitel, jefe del Estado Mayor alemán, el OKW, y le entrega la Guía número 1 para la conducción de la guerra, que contiene estas estremecedoras palabras: “Día del ataque: 1 de septiembre de 1939; hora del ataque, 4.45 h”. Ya no hay vuelta atrás. A las 13.30 horas, Heydrich alerta a sus tres comandos de guardias negros: “Cumplimiento de la Operación Himmler”.

A cierta hora, Naujocks recibe una llamada de Heydrich con la contraseña que daría inicio a la operación clandestina: “La abuela ha muerto”. En la sala de radio los agentes nazis se toparon con tres técnicos y un agente de policía, a los que retuvieron en el sótano. Y aunque la operación parece que fue una chapuza, aquel incidente provocado y otros más en la frontera dieron una justificación a Hitler para iniciar su sanguinaria conquista de Europa.

La misma mañana de la invasión, el Völkischer Beobachter, el periódico oficial del NSDAP, publicaba una noticia bajo un agresivo titular: “Un grupo de agresores ataca la emisora de radio de Gleiwitz”.

El pasado 1 de septiembre, durante las conmemoraciones del 80 aniversario de la invasión, el presidente de Alemania, Frank Walter Steinmeier, pedía perdón a Polonia por las atrocidades cometidas, durante un discurso en Wielun, la primera ciudad bombardeada por la Luftwaffe durante la Segunda Guerra Mundial. Y es que solo en Polonia se calcula que perdieron la vida seis millones de personas.

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