Los fantasmas del Queen Mary
Diseñado como transatlántico de lujo y construido en los astilleros de Glasgow, el HMS Queen Mary fue botado en 1936. Cubría la ruta Southampton-Nueva York, la misma que veinte años atrás realizó el Titanic. No en vano, ambos barcos pertenecían a la compañía White Star Line, aunque ahora ésta se hubiera fusionado con la naviera Cunard.
El Queen Mary era un coloso de 300 metros de eslora, con diez cubiertas, capaz de ofrecer un lujo desmedido a sus 2.000 pasajeros y de navegar a la sorprendente velocidad de 32 nudos la hora. Durante tres años otorgó ingentes beneficios a sus propietarios, hasta que la II Guerra Mundial le obligó a permanecer amarrado en los muelles de Nueva York por el peligro a ser hundido por los submarinos alemanes que surcaban el Atlántico. En aquella época, la Armada Británica decidió reconvertirlo en un buque de transporte de tropas. Se eliminaron sus lujos, las camas fueron sustituidas por literas y el casco se pintó de gris militar. Por su velocidad –que le permitía incluso escapar de los submarinos nazis–, su rumbo siempre zigzagueante y su aspecto externo, se le llamó el "fantasma gris". Poco imaginaban quienes le apodaron así que los años acabarían por darles la razón al elegir ese apodo.
Durante la guerra, el Queen Mary llegó a transportar a más de un millón y medio de soldados a los diferentes frentes europeos, a veces incluso albergando en sus camarotes a divisiones enteras. El propio Churchill reconoció que, con sus viajes, el buque había reducido la guerra al menos en un año.
Tras la contienda fue devuelto a sus propietarios, pero la era de los grandes transatlánticos había llegado a su fin y las pérdidas millonarias provocaron en 1967 el cierre de la ruta que recorría y su posterior venta a la ciudad de Long Beach por tres millones y medio de dólares. A partir de ese momento comenzó su fama mundial con múltiples relatos sobre los fantasmas del Queen Mary.
Pronto se comenzó a hablar de la presencia de un hombre joven que caminaba por el pasillo de la sala de máquinas para desaparecer siempre en la puerta número 13
LA SALA DE MÁQUINAS
El primer relato extraño tiene su origen en un accidente ocurrido el 10 de julio de 1966, durante unas obras de reparación en la sala de máquinas. John Pedder, de 18 años, se encontraba manipulando la puerta número 13 cuando, en un descuido, ésta cayó sobre él matándolo en el acto.
El accidente fue comentado en aquellos días, pero apenas conocido fuera del barco. Sin embargo, al poco tiempo, varios huéspedes y visitantes comenzaron a hablar de la presencia de un hombre joven, con mono azul, que caminaba por el pasillo de la sala de máquinas para desaparecer siempre en la puerta número 13. La sorpresa inicial se acrecentó al conocerse que los vigilantes de seguridad afirmaban ver en sus rondas nocturnas la misma figura. Cuando se les enseñaron las fotos de antiguos empleados del barco, no dudaron en señalar la de John Pedder.

Otro de los lugares sobre los que se cuentan historias semejantes es el llamado Cuarto de Juegos de la tercera clase. Una estancia que hacía las funciones de guardería infantil y que fue el último lugar que visitó la recién nacida Leigh Traves Smith horas antes de fallecer repentinamente.
Aún hoy, los huéspedes de las habitaciones cercanas a esa estancia afirman escuchar algunas noches el llanto de un bebé procedente del interior de la guardería, pero cuando se abre la sala de juegos para comprobarlo, ésta aparece vacía.
La piscina es considerada por muchos investigadores el vórtice de la actividad paranormal
ESPECTROS EN LA PISCINA
Una de las zonas más visitadas por los turistas es la piscina de primera clase. Un lugar que conserva el aire romántico de la época y de acceso restringido. Ello no ha impedido que sea considerado por los investigadores como el vórtice de la actividad paranormal que domina todo el recinto. Las experiencias allí vividas demuestran que es un enclave especial, por el número tan elevado de las mismas y por su intensidad.
Uno de los relatos más repetidos es el de la visión de mujeres con trajes de baño de época que aparecen y desaparecen en los bordes de la piscina. También hay quien ha escuchado el chapotear del agua sin que nadie estuviera bañándose e incluso se han llegado a ver estelas como las que se producen al nadar. Más escalofriante aún es el testimonio de un atemorizado pasajero, quien describió a la tripulación cómo había visto las huellas mojadas que un pie invisible iba dejando al andar.
Los visitantes se quejan de llamadas de teléfono a horas intempestivas, del sonido de respiraciones dentro de las habitaciones... y de la visión de un hombre en algunos espejos de diversas habitaciones
Investigando estas experiencias se descubrió que, en las décadas de los 30 y de los 60, dos mujeres murieron, respectivamente, ahogadas en esa piscina.
Como todo hotel, el Queen Mary dispone de un libro de reclamaciones para los huéspedes y visitantes. Sus hojas han servido a los expertos para averiguar algo más sobre los hechos que tienen lugar en los pasillos de las cubiertas, en especial en los de la primera clase. Anotaciones en las que los visitantes se quejan de llamadas de teléfono a horas intempestivas, del sonido de respiraciones dentro de las habitaciones... y de la visión de un hombre vestido con ropas de la década de los 30 en algunos espejos de diversas habitaciones, son ejemplos de ello.
Tanto relato sobrenatural ha llevado hasta el lugar a reporteros de diversas cadenas de televisión, como Discovery Channel, para realizar reportajes sobre las supuestas apariciones fantasmales ocurridas en el barco. En una de estas grabaciones, realizada en los años 80, los técnicos de sonido pudieron escuchar en la cinta el estruendo de lo que parecía un tremendo choque y acto seguido gritos y lamentos de muchos hombres al unísono por un espacio de tiempo continuado.

El hecho hizo repasar la historia del barco, sólo para descubrir que el 2 de octubre de 1942, el Queen Mary contactó con el crucero ligero Curacoa frente a la costa de Irlanda. Éste le iba a proporcionar cobertura frente a los submarinos nazis, pero una mala maniobra hizo colisionar a los dos buques. El Queen Mary, de mucho mayor tamaño, partió al Curacoa en dos y 329 de sus 430 tripulantes murieron en la colisión.
Los técnicos de sonido creen que en aquella grabación quedaron reflejados los sonidos de la colisión y los gritos de auxilio y de alarma posteriores. Lo más significativo es que los dispositivos de grabación habían sido instalados en el mismo lugar donde, cuarenta años antes, se había producido el terrible accidente.









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