Lugares mágicos

Germania, la ciudad mágica de Hitler

La fatídica sombra del nazismo impide con bastante frecuencia que en Alemania se puedan abordar aspectos de su historia sin correr el riesgo de abrir viejas y dolorosas heridas. Se trata de una justificación emocional a los horrores de una cruenta guerra, sentimientos colectivos de horror y culpa que excepcionalmente admiten aproximaciones históricas como la muestra Mythos Germania. En pleno Berlín, exponen la ciudad soñada por Hitler. google_ad_client = "ca-pub-5337588033202877"; google_ad_slot = "4290309979"; google_ad_width = 200; google_ad_height = 90; Libros Recomendados : CÓDIGOS SECRETOS EL TALISMÁN DEL PODER LA ESTRATEGIA DE HITLER

31 de Agosto de 2012 (11:30 CET)

Germania, la ciudad mágica de Hitler
Germania, la ciudad mágica de Hitler
Discreta y austera. Así se ha venido mostrando desde el pasado mes de marzo la exposición "El mito de Germania. Huellas y sombras de la Capital Imperial", articulada en torno a las megalómanas propuestas arquitectónicas que Adolf Hitler concibió para el nuevo Berlín. Cuando menos resulta paradójico que la que estaba llamada a ser, desde la óptica nacionalsocialista, la ciudad más importante de la historia de la humanidad, se haya exhibido hasta el pasado mes de diciembre en unas sobrias carpas, sin rastro alguno de la suntuosidad con la que fue planificada esta monumental urbe nazi. Por si quedase alguna duda en el aire de la intencionalidad que pudiese existir tras dicha exposición, la misma se ha instalado en el pabellón Gertrud-Kolmar-Straße 14, localizado en la franja de terreno que existe entre el "Memorial del Holocausto" y la exposición permanente "Topografía del Terror". No hay duda de que Alemania está muy lejos de sentir que la deuda del nazismo está saldada, por lo que una exposición tan peculiar como ésta, en parte, no deja de ser una excepción.
Con Germania Hitler pretendía reconstruir Berlín, generando tal cantidad de derribos que una vez transformada apenas sería reconocible en algunos de sus más importantes monumentos y edificios. "Berlín tiene que llegar a ser el verdadero centro de Europa, una capital que para todo el mundo tendrá que ser la capital", expresaría el Führer con respecto a una radical odisea en la que contaba con la inestimable compañía y ambición del arquitecto Albert Speer.
La capital mundial
Germania. Un trazado majestuoso, una envergadura nunca antes vista y el uso de los símbolos de alto contenido esotérico que caracterizaron al nazismo, fueron hábilmente plasmados por Speer en los planos y maquetas de una ciudad desde la que se iba a gobernar Europa y gran parte del mundo. "Berlín, como capital del mundo, sólo podrá hacer pensar en el antiguo Egipto, sólo podrá ser equiparable a Babilonia o Roma. En comparación con una capital semejante, ¿en qué van a quedar Londres o París?", añadiría el dictador. Todos los historiadores están de acuerdo en afirmar que Hitler quería superar en grandiosidad a cualquier otra gran ciudad europea, a través del mayor tamaño y de la apariencia de algunas de las principales edificaciones. Que se refiriese a ella como la Welthauptstadt –"Capital Mundial"–, debe ayudarnos a hacernos una idea de unos planes que contemplaban el papel de Alemania en el mundo como líder supremo, justificada tanto por su superioridad racial como por ideologías como las del espacio vital –Lebensraum– de Karl Haushofer, que les legitimaba para hacer todo lo que fuese necesario de cara a su expansión. También la mayor parte de los expertos coincide en lo atractivo que le resultaba al líder nazi el modelo usado para la construcción de Washington, principalmente por tratarse de una ciudad que se levantaba desde cero, aunque no es descartable que influyera también el esquema rico en símbolos, orientaciones y proporciones especiales que parece tener la capital estadounidense, a semejanza de un macrotalismán.
La elección de Speer para tamaña empresa no fue en absoluto arbitraria, máxime teniendo en cuenta que estamos ante un proyecto que Hitler idear a componer en sus días de estudiante en Viena y que perfilaría durante su estancia en prisión. Una nueva paradoja si tenemos en cuenta que en aquellos años de juventud el líder nazi malvivió sumido en la pobreza, mientras vendía cuadros. Speer se afilió al Partido Nazi en 1931, tras sucumbir ante la oratoria de Hitler, y pronto comenzaría a vincularse a las SS, ganándose las simpatías de dirigentes como Goebbels, desempeñando diferentes responsabilidades hasta erigirse en Ministro de Industria de Guerra.
(Continúa la información en revista ENIGMAS 159)
José Gregorio González
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