Ovnis y vida extraterrestre
10/02/2026 (09:24 CET) Actualizado: 10/02/2026 (09:33 CET)

Documentos de inteligencia demuestran el interés de la URSS por los ovnis

Dieciséis informes clasificados confirman que la Unión Soviética mantuvo programas secretos de investigación ovni durante décadas

Josep Guijarro

Periodista y escritor

10/02/2026 (09:24 CET) Actualizado: 10/02/2026 (09:33 CET)
Los ovnis también preocuparon a la URSS
Los ovnis también preocuparon a la URSS

A comienzos de 1993, en pleno colapso del aparato soviético y con los archivos del Estado convertidos en un botín tan valioso como peligroso, dieciséis documentos clasificados sobre ovnis y encuentros con entidades no humanas salieron ilegalmente de Rusia. No lo hicieron a través de una filtración institucional ni de una desclasificación oficial, sino mediante una operación opaca, casi de novela de espías, que acabaría décadas después en manos de George Knapp, periodista de investigación y una de las figuras más persistentes —y documentadas— del periodismo ufológico internacional.

Los informes rompen la imagen cultivada durante décadas: la Unión Soviética como una superpotencia guiada exclusivamente por la ciencia, el materialismo y la razón técnica. Los memorandos militares y análisis científicos reservados, muestran un panorama muy distinto: Que la URSS investigó en secreto avistamientos de ovnis, encuentros cercanos e incluso presuntas abducciones durante buena parte de la Guerra Fría.

Lo interesante no es solo que estos expedientes existan, sino quién los elaboró y para qué. No hablamos de revistas sensacionalistas ni de círculos esotéricos clandestinos, sino de estructuras oficiales vinculadas al Ejército Rojo, a la aviación militar y a instituciones científicas que, al menos sobre el papel, debían dar respuestas racionales a fenómenos que se escapaban del marco conocido. En varios de estos textos se repite una preocupación constante: la posibilidad de que los objetos voladores no identificados representaran una amenaza tecnológica o estratégica para la seguridad nacional.

George Knapp
George Knapp

La pregunta clave es inmediata: ¿por qué unos documentos sustraídos hace más de treinta años adquieren relevancia ahora? La respuesta no está solo en su contenido, sino en el contexto actual. Mientras el Pentágono admite públicamente la existencia de UAP y reconoce lagunas en su comprensión, estos informes demuestran que la Unión Soviética llevaba décadas recorriendo el mismo camino en silencio, con programas estructurados, financiación estatal y participación directa de militares y científicos.

Los papeles revelan que Moscú no trató el fenómeno ovni como una rareza marginal, sino como un problema estratégico. Ya en 1979, el programa Network-AN fue creado para centralizar informes de avistamientos procedentes de bases militares, instalaciones nucleares y zonas sensibles. Su objetivo no era demostrar un origen extraterrestre, sino determinar si esos objetos representaban tecnología avanzada extranjera o algo aún más inquietante. El énfasis estaba puesto en patrones de comportamiento, repetición de maniobras y correlación con infraestructuras críticas.

Fotograma de un falso documental de ovnis estrellados en la URSS mejorado con IA
Fotograma de un falso documental de ovnis estrellados en la URSS mejorado con IA

Entre 1981 y 1985, el relevo lo tomó Galaxy-MD, un programa más ambicioso que incorporó a científicos civiles, ingenieros aeroespaciales y especialistas en radar. Aquí el tono de los informes cambia: aparecen descripciones técnicas de aceleraciones imposibles, objetos que se desdoblan en vuelo y respuestas inteligentes ante la presencia de cazas soviéticos. No hay conclusiones definitivas, pero sí una constante: no se logra identificar un origen humano ni reproducir el comportamiento observado.

El salto cualitativo llega con Pluton 7, activo entre 1989 y 1990, justo antes del derrumbe final de la URSS. Este programa se centra en interacciones directas, incluidos encuentros cercanos con personal militar y testimonios de civiles que describen episodios de pérdida de conciencia, traslados involuntarios y efectos físicos posteriores. El lenguaje de los documentos es extremadamente cauteloso, pero el hecho de que estos relatos fueran investigados y no descartados dice mucho sobre el nivel de inquietud interna.

De forma paralela operó el enigmático Thread 3, del que los documentos apenas ofrecen pinceladas, pero que parece haber funcionado como un programa transversal, encargado de cruzar datos entre proyectos, depurar informes falsos y evaluar el impacto psicológico y social del fenómeno. Su mera existencia apunta a un reconocimiento implícito: el problema no era solo técnico o militar, sino epistemológico.

Rusia entra en la carrera de los programas de estudio ovni
Rusia entra en la carrera de los programas de estudio ovni

Todo esto nos lleva a la cuestión central. Si la Unión Soviética, oficialmente materialista y escéptica, sostuvo durante más de una década programas secretos dedicados al fenómeno ovni, ¿qué nivel de certeza —o de temor— se manejaba internamente? Y, sobre todo, ¿por qué estos documentos, sacados de Rusia en 1993 y conocidos por círculos muy reducidos, resurgen ahora, cuando la narrativa oficial occidental empieza a resquebrajarse?

Quizá la pregunta correcta no sea si los ovnis eran naves extraterrestres, sino qué sabían realmente las superpotencias y por qué decidieron que la verdad no estaba preparada para hacerse pública. ¿Estamos ante una simple acumulación de anomalías mal explicadas o frente a un patrón global de gestión opaca de la información que hoy, más que nunca, empieza a quedarse sin coartada?

Una de las diapositivas de incidentes ovni en Rusia
Una de las diapositivas de incidentes ovni en Rusia

En cualquier caso, los informes evidencian el cambio de tendencia: Al principio, en 1953, la postura oficial del Kremlin consideró a los ovnis una invención de los “imperialistas estadounidenses” belicistas. Mientras que, al final de la década de los ochenta, incluyeron narraciones de supuestos abducidos que el gobierno consideró lo suficientemente creíbles como para justificar una mayor investigación. Aquí el lenguaje se vuelve más cauto, casi incómodo. Los redactores parecen debatirse entre la necesidad de registrar lo que se cuenta y el temor a validar algo que desafía frontalmente el paradigma científico soviético. Aun así, el simple hecho de que estos casos fueran recopilados, evaluados y conservados indica que no fueron descartados de inmediato como fantasía.

Décadas después, cuando Washington reconoce oficialmente la existencia de UAP y admite lagunas en su comprensión, estos papeles soviéticos obligan a replantear el relato global. No se trata de demostrar que hubo contacto extraterrestre, sino de constatar que dos superpotencias rivales compartieron el mismo desconcierto ante fenómenos que no encajaban en sus modelos de defensa ni en su ciencia.

Sobre el autor
Josep Guijarro

Josep Guijarro es reportero de prensa, radio y televisión, además de autor de varios libros entre los que cabe destacar El secreto de los aliens (edición ampliada y actualizada en 2024 de Aliens Ancestrales) o Casualidad, que continúa la saga de su bestseller Coincidencias Imposibles. Es documentalista de la serie Extraterrestres (DMAX) y forma parte de los programas El Colegio Invisible y La Rosa de los Vientos, ambos en Onda Cero.

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