El gran teatro de la #disclosure
Híbridos, bromas presidenciales y momias de cartón: la confusión se adueña del relato OVNI y amenaza con eclipsar las verdaderas incógnitas.
En la era de la transparencia prometida sobre el fenómeno OVNI, parece que el velo se levanta… pero solo para descubrir que detrás hay más confusión que certezas. La última entrega de este sainete interplanetario llega de la mano del congresista Eric Burlison, republicano por Missouri, quien ha protagonizado una serie de declaraciones que mezclan ufología, creacionismo, teorías de hibridación y un toque de stand-up político involuntario.
En una reciente entrevista en YouTube, Burlison —miembro del Comité de Supervisión que ha impulsado las audiencias sobre UAPs— contó con toda naturalidad que el exagente de inteligencia David Grusch informó a Donald Trump sobre extraterrestres híbridos blancos altos conocidos como nórdicos o Pleyadianos, que se reprodujeron con humanos, ¡creando híbridos que actualmente viven entre nosotros! También le dijo que la inteligencia detrás de los Grises está miles de años por delante de nosotros.
Recordemos que Grusch fue el denunciante de ovnis que declaró bajo juramento en el congreso que Estados Unidos habría recuperado ovnis y entidades no humanas.
Burilson añade que Trump bromeó: “¿Adam Schiff es uno de ellos?”
Rep. Eric Burlison (R-MO) says David Grusch, the wacky UFO activist he hired for his staff, claims he once briefed Trump about aliens that bred with humans, creating alien spawn that currently live on Earth.
— Steven Greenstreet 🐷 (@MiddleOfMayhem) June 28, 2025
He says Trump joked that Senator Adam Schiff (D-CA) is one of them. pic.twitter.com/r7qK3eg0kO
El comentario sobre el senador demócrata Schiff podría haberse quedado en anécdota si no fuera porque lo que está en juego es mucho más serio: el control del relato sobre los fenómenos aéreos no identificados y la credibilidad de quienes lideran el proceso de desclasificación.
¿Grusch informó a Trump? ¿O Grusch oyó que alguien dijo que Trump supo?
En medio del revuelo, el periodista Steven Greenstreet, crítico habitual del sensacionalismo ufológico, salió al paso para matizar: Burlison no dijo exactamente que Grusch informara personalmente a Trump. Más bien que Grusch le contó que había escuchado que alguien le había dicho a Trump… Es decir, estamos ya en terreno de cuarta mano: "yo oí que alguien dijo que le contaron que Trump sabía que..."
Una cadena de susurros, pero con alienígenas sexuales de por medio. Nada podría salir mal.
Burlison says he didn't say Grusch briefed Trump. So he's telling a story about Grusch telling a story about how he heard a story about Trump being briefed. Really glad Burlison cleared this up.https://t.co/dTWdg4Esey
— Steven Greenstreet 🐷 (@MiddleOfMayhem) June 28, 2025
¿Un crédulo con poder?
Hay que recordar que Burlison contrató a Grusch como asesor en su equipo. Es un entusiasta declarado del fenómeno OVNI, y recientemente realizó un viaje a México para ver las famosas momias de Nazca (desacreditadas por numerosos científicos) y la esfera de Buga, cuya procedencia alienígena sigue sin demostrarse… salvo para quienes se informan por TikTok.
En la misma entrevista, Burlison afirmó que cree que los extraterrestres “podrían ser ángeles de Dios”. Y en ese contexto, no sorprende que se tome como plausible la existencia de híbridos extraterrestres-humanos entre nosotros, aunque no haya una sola prueba concreta.
El problema no es la creencia personal. Cada cual puede especular con lo que quiera: ángeles, demonios o reptilianos con cargo público. El verdadero riesgo es cuando se mezcla fe, rumorología y acceso a información sensible.
Porque sí: este es uno de los hombres encargados de supervisar la verdad sobre los UAPs en el Congreso de Estados Unidos.

Disclosure o disloque
Mientras los ciudadanos esperan respuestas serias sobre los fenómenos anómalos, el relato oficial se ve cada vez más contaminado por anécdotas de congresistas crédulos, filtradores que repiten historias sin verificar y medios ávidos de titulares virales.
En lugar de transparencia, tenemos teatralidad. En lugar de evidencias, ecos lejanos de cosas que alguien dijo que alguien escuchó. Y todo ello adornado con la imaginería propia del folklore: engendros alienígenas, bromas presidenciales, y viajes de diputados a ver reliquias de dudosa autenticidad.
¿De verdad esto es lo mejor que tenemos para gestionar la desclasificación de uno de los mayores misterios contemporáneos?
El fenómeno OVNI merece una investigación seria. No sensacionalismo barato, ni angelología con cargo público. Porque si hay algo ahí fuera —y todo parece indicar que sí— vamos a necesitar algo más que chascarrillos sobre híbridos y revelaciones celestiales para entenderlo.









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