Ovnis y vida extraterrestre
01/07/2025 (16:25 CET) Actualizado: 01/07/2025 (16:25 CET)

Del AFOSI a Yankee Blue: La fábrica de la confusión

El caso de Paul Bennewitz, las maniobras del Pentágono y el papel de los medios virales en la era de la desinformación

Josep Guijarro

Periodista y escritor

01/07/2025 (16:25 CET) Actualizado: 01/07/2025 (16:25 CET)
Las redes sociales han democratizado la desinformación
Las redes sociales han democratizado la desinformación

Sean Kirkpatrick reveló recientemente la existencia de una unidad secreta en el Pentágono llamada Yankee Blue, dedicada a la recuperación y estudio de aeronaves no humanas. El personal militar con autorización recibía informes, asistía a reuniones confidenciales e incluso juraba guardar el secreto. Solo había un problema: Que Yankee Blue no existía. Era un montaje interno, una artimaña del contraespionaje militar para detectar filtraciones y estudiar reacciones. El director de la AARO reveló que esta ficción siguió activa hasta 2023. Es decir, durante años, incluso altos funcionarios fueron víctimas de un experimento de desinformación.

No es la primera vez que una historia fascinante sirve como cortina de humo. A finales de los 70, el físico Paul Bennewitz creyó haber interceptado comunicaciones extraterrestres cerca de una base militar en Nuevo México. Su vida se convirtió en una pesadilla. ¿El responsable? Un agente de la Oficina de Investigaciones Especiales de la Fuerza Aérea (AFOSI) llamado Richard Doty, quien —según se ha demostrado— le suministró documentos falsos, alimentó sus creencias y lo condujo al colapso mental. Doty no actuaba solo. El ufólogo William Moore, coautor del célebre libro sobre Roswell, confesó en 1989 durante un simposio de MUFON haber colaborado con él, participando en una operación de desinformación encargada por el gobierno.

William L Moore y el agente Richard Doty
William L Moore y el agente Richard Doty

Este tipo de maniobras dejaron heridas profundas. Casos como el de Cash-Landrum, también en 1980, se vieron empañados por testimonios manipulados y falsos informes, muchos de ellos promovidos por los mismos personajes. Con el tiempo, Doty se convirtió en una figura casi de culto dentro del mundillo ufológico. Como si la mentira reiterada dotara de autoridad.

Hoy, las redes sociales han democratizado la desinformación. Ya no hacen falta agentes encubiertos. Basta un vídeo viral y una comunidad dispuesta a creer sin contrastar. En ese caldo de cultivo prolifera el sensacionalismo.

Sucede, por ejemplo con la esfera de Buga, hallada en Colombia. Ha captado la atención mundial como en los 90 lo hizo la presunta autopsia a un extraterrestre. En realidad, el muñeco de latex fue creado en un piso de Londres y los órganos que extraen los patólogos eran de una vaca y cordero de una carnicería local. La consecuencia es que todo el mundo miró el metraje del empresario británico Ray Santilli, mientras pasaba inadvertida la ofensiva legal del congresista de Alburquerque, Steven Schiff, para saber acerca de las partidas financieras destinadas a la recuperación de un supuesto platillo volante en la localidad de Roswell, Nuevo México. 

¿Puede estar sucediendo algo similar con las esferas de Buga, o las supuestas momias extraterrestres de Nazca, desmentidas por numerosos científicos?

Comparativa entre las momias decomisadas y las de Maussan
Comparativa entre las momias decomisadas y las de Maussan

Jaime Maussan lo tenía en su mano para hacer historia. Reunió en el Palacio de San Lázaro de México a importantes activos internacionales, testimonios y técnicos que acreditaban la realidad de los ovnis y postularon la necesidad de una legislación para paliar los riesgos de la seguridad aérea pero, en su tendencia al espectáculo y la teatralidad presentó unas momias peruanas que se llevaron todos los titulares. Oportunidad perdida, porque a pesar de los intentos, el carácter teatral de la presentación —acentuado por la exhibición de las controvertidas momias— empañó el rigor del debate y desvió la atención mediática. Y lo que parece una parodia difícilmente despierta el interés de la ciencia.

La esfera de Buga podría ser un simple artefacto industrial, una instalación artística o, por qué no, algo aún por esclarecer. Pero si no comenzamos por el principio —por verificar la autenticidad de los vídeos, por analizar la credibilidad de los testigos— nos perderemos en una niebla diseñada, quizá, para mantenernos ocupados mientras las verdaderas respuestas se ocultan.

Desinformar no es solo mentir. Es sembrar dudas, exagerar, distraer, o convertir el misterio en un espectáculo vacío. Y como dijo William Moore en su confesión: “Fui parte de un juego que yo mismo no entendía del todo”. Quizás estemos todos dentro de ese mismo juego. La pregunta es: ¿Quién mueve las piezas? ¿Hay detrás intereses gubernamentales para sembrar confusión? ¿Es Maussan el Moore de la disclosure? 

Sobre el autor
Josep Guijarro

Josep Guijarro es reportero de prensa, radio y televisión, además de autor de varios libros entre los que cabe destacar El secreto de los aliens (edición ampliada y actualizada en 2024 de Aliens Ancestrales) o Casualidad, que continúa la saga de su bestseller Coincidencias Imposibles. Es documentalista de la serie Extraterrestres (DMAX) y forma parte de los programas El Colegio Invisible y La Rosa de los Vientos, ambos en Onda Cero.

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