Arqueología
25/09/2026 (10:18 CET) Actualizado: 25/09/2026 (10:21 CET)

Sobran cuerpos, faltan cabezas: Un estudio analiza las tumbas ocultas de Göbekli Tepe

El primer análisis de dos tumbas intactas en Göbekli Tepe deja más interrogantes que respuestas

Josep Guijarro

Periodista y escritor

25/09/2026 (10:18 CET) Actualizado: 25/09/2026 (10:21 CET)
El hallazgo de dos tumbas intactas en Göblekly Tepe abre la puerta a nuevas hipótesis
El hallazgo de dos tumbas intactas en Göblekly Tepe abre la puerta a nuevas hipótesis

Durante treinta años, Göbekli Tepe ha dado casi de todo excepto lo más básico: un muerto en su sitio. Bajo los famosos pilares en forma de T del yacimiento turco, considerado el santuario monumental más antiguo conocido, los arqueólogos llevan desde 1995 sacando huesos humanos sueltos de entre los escombros: costillas, falanges, fragmentos de cráneo, casi mil piezas en total, ninguna conectada con un esqueleto completo. Ahora, por primera vez, han encontrado dos tumbas intactas. Y lo que hay dentro no resuelve el misterio de la colina de las cabezas perdidas. Lo complica.

Plano de los edificios del yacimiento de Göibekly Tepe
Plano de los edificios del yacimiento de Göibekly Tepe

Dos tumbas, diez años de silencio

La primera apareció en 2017, casi por accidente, mientras un equipo abría una zanja de drenaje bajo el actual cobertizo del yacimiento. Era una fosa en forma de riñón, excavada en el suelo de yeso de un edificio del Neolítico Precerámico B, y contenía al menos tres personas: una mujer de más de 35 años, un hombre de entre 20 y 30, y una adolescente de 11 a 14. Puede que hubiera una cuarta. Los tres cráneos aparecieron amontonados en una esquina; el resto de los huesos, apilados hacia el centro, como si alguien hubiera ido corriendo el cuerpo anterior cada vez que enterraba uno nuevo.

La segunda tumba es más antigua en el calendario de la excavación pero más reciente en publicarse: localizada en 2012 junto al llamado Edificio A (ver gráfico), se selló por falta de tiempo y no se terminó de excavar hasta 2022. Dentro, yacía flexionada de lado, una mujer joven, con la cabeza hacia el este, sobre un lecho de piedras. A diferencia de la fosa colectiva, aquí casi todo el esqueleto seguía en su posición original.

Entierro individual flexionado (reconstruido con líneas blancas) sobre su lado izquierdo mirando hacia el este, J. Gresky, DAI
Entierro individual flexionado (reconstruido con líneas blancas) sobre su lado izquierdo mirando hacia el este, J. Gresky, DAI

El hallazgo lo ha hecho público este mes de septiembre un estudio de Julia Gresky, bioarqueóloga del Instituto Arqueológico Alemán (DAI) especializada en el análisis óseo de Göbekli Tepe desde 2009, y Lee Clare, arqueólogo del DAI y coordinador del proyecto de excavación desde 2015, publicado en la revista científica PLOS One.

El montón de huesos que no cuadraba

Para entender por qué dos tumbas cualquiera son noticia en un yacimiento excavado durante tres décadas, hay que remontarse al problema que llevaba años sobre la mesa. Casi mil fragmentos óseos sueltos —928, sin contar las dos tumbas nuevas— aparecían mezclados con herramientas de piedra y huesos de animales dentro y alrededor de los edificios monumentales. Y la proporción no era neutra: 408 fragmentos craneales frente a 283 postcraneales. Sobraban cabezas, o al menos, sobraban trozos de cabeza.

Cronología del enigma

1995 — Comienzan las excavaciones en Göbekli Tepe, dirigidas inicialmente por Harald Hauptmann y Klaus Schmidt (DAI).
2009 — Julia Gresky inicia el análisis osteológico sistemático de los huesos sueltos.
2012 — Se localiza, y se sella sin excavar del todo, la tumba individual junto al Edificio A.
2017 — Aparece la fosa colectiva (tres o cuatro individuos) durante obras de drenaje.
2018 — La UNESCO declara Göbekli Tepe Patrimonio de la Humanidad.
2021 — El Ministerio de Cultura turco lanza Taş Tepeler, un proyecto que engloba Göbekli Tepe junto a los yacimientos hermanos de Karahantepe, Sayburç, Sefertepe, Çakmaktepe y Mendik.
2022 — Se completa la excavación de la tumba de 2012.
2026 — Gresky y Clare publican en PLOS One el análisis conjunto de ambas tumbas.

Göbekli Tepe está lleno de imaginería que apunta directamente a la cabeza separada del cuerpo

La hipótesis del culto a la cabeza

La explicación que ha dominado la literatura durante años no era ninguna extravagancia: era la lectura más coherente con lo que había alrededor. Göbekli Tepe está lleno de imaginería que apunta directamente a la cabeza separada del cuerpo. Hay estatuas de figuras humanas decapitadas. Hay cabezas de piedra talladas de forma exenta, sin cuerpo al que pertenecer. Hay relieves de animales sujetando cabezas humanas entre sus garras. Y entre los huesos sueltos aparecen varios cráneos con incisiones profundas en la línea media, cortes que no se explican por accidente ni por el paso del tiempo. La alta presencia de huesos de córvidos en el yacimiento alimentó incluso la idea de una exposición de cadáveres al aire libre, con las aves carroñeras como parte del ritual.

Imagen humana esculpida en la estructura F de Göbekly Tepe
Imagen humana esculpida en la estructura F de Göbekly Tepe

La región, además, no deja mucho margen para la duda de que allí se manipulaban cabezas de forma deliberada. A pocos kilómetros, en Sayburç, otro yacimiento del mismo horizonte cronológico, los restos de al menos 19 personas —sobre todo cráneos y huesos largos, algunos quemados— aparecieron dispuestos sobre un banco de piedra dentro de una vivienda, extraídos aparentemente de nichos en la pared antes de que sus habitantes la abandonaran. En Karahantepe han salido fragmentos craneales cortados, incisos, raspados y quemados. Y en Sefertepe hay una cámara que guardaba al menos 21 cráneos colocados sobre su base, casi todos mirando hacia el sureste.

Lo que dicen los huesos de las dos tumbas

Aquí es donde entran las dos tumbas intactas, y donde el estudio empieza a incomodar la lectura ritual. Gresky y Clare compararon el estado de conservación de los huesos de ambas sepulturas con el de los 928 fragmentos sueltos, y encontraron el mismo patrón de daño en los tres conjuntos: costras calcáreas que cubren entre el 70 y el 100% de la superficie de muchos huesos, fracturas post mortem con bordes serrados por la presión del sedimento, y marcas de roedores royendo húmero y tibia.

Los huesos de esta mujer adulta (marcados en azul) se excavaron en 2022 y en rojo podrían ser de un hombre
Los huesos de esta mujer adulta (marcados en azul) se excavaron en 2022 y en rojo podrían ser de un hombre

El dato decisivo es la tumba individual junto al Edificio A. Ese cuerpo nunca fue tocado, nunca fue reordenado, nunca fue objeto de ningún ritual de manipulación secundaria: es un enterramiento primario, cerrado, intacto durante milenios. Y aun así, sus huesos largos perdieron los extremos y se fracturaron exactamente igual que los de la fosa colectiva y que los del montón de huesos sueltos. Si un cadáver que nadie tocó acaba así, el daño no puede usarse, por sí solo, como prueba de manipulación humana.

La ladera como sospechosa

La explicación que proponen los autores es menos dramática que un ritual de descabezamiento, pero no menos inquietante a su manera. Los Edificios Especiales de Göbekli Tepe se asientan en una hondonada, rodeada de terreno más elevado en las casas de la ladera. Con la lluvia, el peso acumulado de nuevas construcciones y probablemente algún terremoto, los enterramientos de esas casas superiores pudieron ir deslizándose, siglo tras siglo, hacia el hueco donde están los templos, arrastrando consigo tierra, yeso y huesos ya descompuestos. El resultado sería exactamente el patrón documentado en unos 3.000 metros cuadrados de excavación: piezas sueltas, mezcladas, de todas las edades y sexos, sin ningún contexto claro. No una matanza ritual esparcida por el suelo, sino un cementerio entero deslizado ladera abajo durante generaciones.

Lo que no cierra

El estudio de Gresky y Clare explica el grueso del amontonamiento de huesos, pero sus propias autoras dejan la puerta entreabierta: un puñado de cráneos sigue mostrando esas incisiones profundas y deliberadas que ningún desprendimiento de tierra produce, y que ninguna explicación geológica cubre. Y a un paso de allí, en Sayburç, Karahantepe y Sefertepe, el culto a la cabeza separada del cuerpo no es una hipótesis: es un hecho excavado, con cámaras y nichos que nadie discute. Puede que Göbekli Tepe no sea, después de todo, el escenario del ritual del cráneo que llevamos años atribuyéndole. Pero eso no significa que el ritual no existiera a su alrededor. Significa que, de momento, no sabemos si la colina que lo vio nacer participó de él o solo terminó, por accidente geológico, pareciéndolo.

Dos tumbas después de treinta años de excavación, Göbekli Tepe deja de ser la excepción sin enterramientos ordinarios del Neolítico anatolio. Pero el motivo por el que sobraban cabezas entre sus piedras sigue teniendo, al menos en parte, más preguntas que ladera.

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Sobre el autor
Josep Guijarro

Josep Guijarro es reportero de prensa, radio y televisión, además de autor de varios libros entre los que cabe destacar El secreto de los aliens (edición ampliada y actualizada en 2024 de Aliens Ancestrales) o Casualidad, que continúa la saga de su bestseller Coincidencias Imposibles. Es documentalista de la serie Extraterrestres (DMAX) y forma parte de los programas El Colegio Invisible y La Rosa de los Vientos, ambos en Onda Cero.

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