Cuenta atrás para 3I/ATLAS
El visitante interestelar 3I/ATLAS pasará el 3 de octubre cerca de las sondas de Marte y podría revelar si estamos ante un cometa… o un mensajero tecnológico
El próximo 3 de octubre de 2025 puede marcar un antes y un después en la historia de la astronomía. Ese día, el objeto interestelar 3I/ATLAS —el tercero identificado tras ‘Oumuamua (2017) y Borisov (2019)— pasará a apenas 29 millones de kilómetros de las sondas orbitales de Marte, un momento deseado y temido a partes iguales. ¿Por qué?
Porque tras conversar con el astrofísico de Harvard Avi Loeb, quien ha señalado la numerosas anomalías de 3I/ATLAS que sostienen la posibilidad de que estemos frente a una nave de origen extraterrestre, la congresista por Florida Anna Paulina Luna solicitó a finales de julio que la NASA utilice la sonda Juno para monitorizar al “visitante interestelar”. El objetivo: zanjar de una vez la polémica en torno a este objeto que viaja desde el mismísimo centro de la Galaxia.
I’m urging NASA to extend the Juno mission to study interstellar object 31/ATLAS. Thank you Avi Loeb for your continued dedication to exploring our universe. We must seize this opportunity for groundbreaking discovery. pic.twitter.com/50zQg8B6Lv
— Rep. Anna Paulina Luna (@RepLuna) August 1, 2025
Sea por la representante republicana o por curiosidad, la Mars Reconnaissance Orbiter y las misiones europeas Trace Gas Orbiter y Mars Express, aprovecharán el sobrevuelo para registrar datos inéditos.
A continuación puedes seguir la evolución y trayectoria del misterioso visitante interestelar:
¿Un mensajero en la Escala Loeb?
La pregunta que sobrevuela todo es simple pero demoledora: ¿Se trata de una roca interestelar común o estamos observando un mensajero tecnológico?
Loeb ha desarrollado incluso una métrica para medir la extrañeza de esos cuerpor interestelares: la llamada Escala Loeb, que puntúa de 1 a 10 la probabilidad de que un objeto interestelar sea artificial. En ese baremo, 3I/ATLAS se sitúa en un inquietante nivel 4. No es una simple sospecha… pero tampoco aún una prueba.
El momento de la verdad, en todo caso, está a la vuelta de la esquina, este mismo octubre. Si el objeto muestra un cambio repentino de velocidad —bastaría con un ajuste de 30 o 40 km/s—, podría redirigirse hacia la Tierra y alcanzar las inmediaciones de nuestro planeta entre el 26 de diciembre de 2025 y el 9 de enero de 2026. Ese tipo de maniobra, advierten los expertos, está dentro de las capacidades de nuestra propia tecnología de propulsión.
Un viraje semejante, o la emisión de señales electromagnéticas artificiales detectables por las sondas marcianas, derrumbaría de golpe la hipótesis natural y situaría a 3I/ATLAS en el centro del mayor hallazgo de la historia.

Demasiadas coincidencias
Los datos que ya tenemos entusiasman a los amantes de los ovnis. Para empezar, su órbita retrógrada está alineada con el plano de la eclíptica a menos de cinco grados, algo con menos de un 1% de probabilidad si se tratara de un visitante aleatorio.
Además, su trayectoria parece diseñada para acercarse de forma llamativamente precisa a Marte, Venus y Júpiter, como si se tratara de un recorrido programado.
Su coma verde, rica en dióxido de carbono y su cola orientada al Sol desconciertan a los investigadores. También su composición anómala —abundante en níquel pero pobre en hierro— y su polarización negativa extrema tampoco encajan con lo que los astrónomos esperan de un cometa natural.
Los astrónomos han confirmado que 3I/ATLAS está evolucionando de forma inesperada: en apenas semanas su brillo se ha disparado mucho más de lo previsto, alcanzando una magnitud 12.
Demasiadas anomalías, demasiadas coincidencias. Demasiadas preguntas sin respuesta.

Lo que está en juego
Incluso si 3I/ATLAS resulta ser un vagabundo cósmico sin diseño inteligente, el hallazgo sigue siendo crucial. Cada objeto interestelar es un mensajero de otros sistemas solares, una cápsula natural que transporta química y física forjadas en lugares ajenos. Estudiarlos significa asomarnos a la cocina de mundos que nunca veremos.
Descubierto el 7 de diciembre de 2022 por el sistema de sondeo ATLAS, el 3I/ATLAS fue identificado como un "cometa virgen", lo que significa que probablemente nunca antes se había acercado a ninguna estrella. Se cree que fue expulsado de su propio sistema estelar hace millones de años y ha estado viajando por el frío del espacio interestelar desde entonces, preservando su composición original.
Pero la inquietud persiste. Porque si Loeb tiene razón y este intruso es una sonda enviada por otra inteligencia, no solo estaríamos ante la primera prueba tangible de vida tecnológica más allá de la Tierra. También significaría que no estamos solos… y nunca lo estuvimos.








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