Civilizaciones perdidas
24/06/2008 (10:22 CET) Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)

Las endemoniadas de Loudun

En la localidad francesa de Loudun, en una época dominada por el cardenal Richelieu, tuvo lugar un oscuro y escandaloso suceso, relacionado al parecer con las fuerzas del mal, que sembró el caos y la confusión en una congregación de religiosas lideradas por el carismático sacerdote Urbain Grandier. Un truculento escándalo que haría correr ríos de tinta…

24/06/2008 (10:22 CET) Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)
Las endemoniadas de Loudun
Las endemoniadas de Loudun
A lo largo del siglo XVII fue más común de lo habitual ver al maligno haciendo acto de presencia en alguna que otra casa del Señor. Un diablo sarcástico, travieso y pendenciero, docto en política, que causó estragos en los conventos de clausura, entre novicias dadas a los arrobos, éxtasis de todo tipo y pasiones prohibidas por su religión. Uno de los casos más conocidos en nuestro país fue el que tuvo lugar en el convento madrileño de San Plácido –ver ENIGMAS Nº 129–, que afectó a las mismísimas instancias de poder del reinado de Felipe IV. Casi por las mismas fechas, en 1634, el país vecino, Francia, vivió en sus carnes un suceso de características similares pero de consecuencias mucho más nefastas, protagonizado por el sacerdote Urbain –Urbano– Grandier.

Una localidad convulsa

La Francia en la que se desarrollaron aquellos tristes hechos vivía inmersa todavía en las terribles consecuencias de las luchas religiosas. La aldea de Loudun, situada al noroeste de Poitiers, era un hervidero de disidentes –hugonotes– puesto en el punto de mira de la Corona. En medio de este clima de tensión llegó al lugar un sacerdote educado por los jesuitas, de impecable formación y erudición notable que pronto comenzó a llamar la atención de los lugareños. De buen aspecto y gallarda figura, contaba apenas poco más de 30 años cuando llegó a la localidad gala. Urbain era sobrino del canónigo Grandier de Saintes y había ingresado con 14 años en el Colegio de Jesuitas de Burdeos, en 1604. Fue ordenado novicio en 1615, aunque no ingresó en esta congregación. Debido a sus habilidades teológicas y a su diligencia y buena conducta, la Compañía de Jesús le ofreció el beneficio eclesiástico de Saint-Pierre-du-Marché, en Loudun, siendo nombrado a su vez canónigo de la Colegiata de la Santa Cruz.

Grandier, atractivo, complaciente y gran conversador, aumentó rápidamente su popularidad entre las mujeres. Instruido y de vasta cultura, pronto se codeó con los personajes más aristocráticos de la ciudad, como el gobernador Jean d'Armagnac y el respetado jurisconsulto Scérole de Sainte-Marthe.
(continúa la información en revista ENIGMAS Nº 151)

Óscar Herradón
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