Las 'profecías' de los papas
Es algo recurrente siempre que hay incertidumbre en la Santa Sede. Las profecías de san Malaquías (y algunas más) protagonizan especulaciones de todo tipo.
La «profecía» se trata de una lista de 112 lemas o frases crípticas escritas en latín que supuestamente se corresponderían con 112 pontífices, comenzando con Celestino II (1143-1144) y terminando con el último papa que, según su autor, al que se identifica con Malaquías (aunque probablemente de forma apócrifa), sería Petrus Romanus, con el que supuestamente llegaría, dependiendo de quién interprete el texto, o bien un suceso de enorme calado para la Iglesia católica o bien el fin de los tiempos. Nada menos.
Hoy estos textos proféticos gozan de mayor expectación que nunca antes, pues según los mismos, después de Benedicto XVI, cuyo lema es De Gloria Olivae –«La Gloria del Olivo»– (que hace el número 265 de la Iglesia católica) solo quedaría un pontífice, que aunque el texto llama Pedro, se correspondería en este caso con Francisco. Ahora veremos por qué.
UN «DESCUBRIMIENTO» RENACENTISTA
Sobre estas supuestas profecías, hoy tan célebres, no se supo nada hasta 1595, cuando Arnoldo de Wyon, un monje benedictino de la ciudad francesa de Douai, publicó el libro Lignum Vitae («El Árbol de la Vida»), dedicado al rey Felipe II de España, entonces primera espada de la Contrarreforma, donde recogía el periplo vital de varios monjes de su Orden que habían sido elevados a la dignidad episcopal.
Entre ellos se hallaba san Malaquías, de cuya vida y milagros dijo: «Escribió algunos opúsculos. Hasta hoy no he tenido la oportunidad de ver ninguno, excepto una profecía relativa a los soberanos pontífices. Como es muy breve y que yo sepa no ha sido impresa todavía y dado que a muchos les complacería conocerla, paso aquí a copiar su texto», momento en que enumera todos los lemas que serían interpretados hasta la saciedad durante siglos hasta hoy mismo.

¿Y quién fue Malaquías? ¿Escribió realmente la «profecía de los papas»? Vayamos por partes. En primer lugar, es difícil saber si cada lema corresponde a un pontífice y a cuál, en particular si tenemos en cuenta que hubo pontificados muy breves, algunos sin llegar a ser consagrados como tales, que el significado de dichos lemas es muy hermético, lo que da pie a distintas interpretaciones, y además hubo periodos en la historia de la Iglesia en los que se produjo una disputa entre dos o más postulantes al trono de Pedro, surgiendo varios antipapas, aquellos no reconocidos en los listados ofi- ciales de la poderosa institución pero que, sin embargo, tuvieron numerosos apoyos que los consideraban los verdaderos Santos Padres, elegidos por el Espíritu Santo para dirimir los designios de los fieles.
Malaquías de Arnagh (1094-1148), que no hay que confundir con el bíblico Malaquías (considerado por el judaísmo «el último de los profetas») fue el arzobispo católico de esta localidad de Irlanda del Norte. Casi todo lo que sabemos de él se lo debemos al que fuera su amigo y hagiógrafo Bernardo de Claraval, célebre por ser el apasionado predicador de la segunda cruzada para recuperar para la cristiandad los Santos Lugares y quien también alcanzaría la gloria de los altares. Este afirma que era hijo del Lecto de Arnach, y por tanto, tenía un origen nobiliario. Fue ordenado sacerdote en 1119 por san Celso (Cellach de Arnagh), y en 1123 se hizo con el cargo de abad de Bargor (hoy Bargor Emis) para alcanzar un año después la dignidad de obispo de Bargor. En 1124 se convirtió en primado de Arnagh, y tras la muerte de san Celso en 1132, fue nombrado arzobispo, teniendo que enfrentarse duramente a varios opositores.

Según Bernardo de Claraval, san Malaquías restauró la disciplina en el seno de la Iglesia de Irlanda, persiguió con fervor el paganismo y restableció lo que él consideraba la moral católica. El cisterciense recuerda que su amigo dividió la sede pastoral entre las localidades de Down y Connor, y que en la primera, donde se asentó, estableció un priorato.
En los albores del año 1139, Malaquías emprendió un viaje a Roma, y pasó por Escocia, Inglaterra y Francia, donde visitó a Claraval. Se dirigió a la ciudad santa con la intención de pedirle al pontífice, entonces Inocencio II, palios (ornamentos del papa y de los metropolitanos de la misa pontifical) para las sedes de Arnagh y Cashel.
Fue durante aquella visita, en la que fue testigo de la espantosa situación que atravesaba la ciudad de las siete colinas, asolada por la corrupción y con el pontificado a merced de los nobles italianos, cuando al parecer Malaquías experimentó la visión de lo que sucedería con los sucesores de Pedro hasta el último, tras el que supuestamente sobrevendría el fin de los tiempos.
Regresó a Irlanda con los dos palios solicitados y el papa le otorgó la dignidad de «primado de Irlanda». En 1142, Malaquías estableció la gran Abadía de Mellifont, en el condado de Louth, y después, decidido a visitar nuevamente Roma, nunca llegaría a su destino: murió en brazos de su amigo Bernardo en Clairvaux (Claraval), Francia, el 2 de noviembre de 1148. Sería canonizado por Clemente III el 6 de junio de 1190.

¿VERDADERA AUTORÍA U OBRA APÓCRIFA?
Pero ¿fue realmente san Malaquías el autor de las más célebres profecías papales? Es extraño que Claraval, su biógrafo y amigo, no hiciera mención alguna sobre los textos proféticos; tampoco sobre su visión. Algunos autores sostienen que no lo sabía y que Malaquías los pudo mantener ocultos, pues su difusión habría causado un cataclismo en el orbe católico.
Tampoco hay mención historiográfica alguna de ellos hasta finales del siglo XVI, lo que ha llevado a la creencia generalizada de que fueron una invención renacentista precisamente porque solo se recogen datos certeros de los papas desde Celestino II (que se conocían) y que los siguientes a partir del siglo XVII son mucho más ambiguos, lo que habría tenido una probable finalidad de equilibrar la balanza hacia la elección de un candidato en un cónclave. Quién sabe.
Aún así, gozaron de tal popularidad que a día de hoy siempre se recurre a ellos cuando está a punto de fallecer un papa. Lo más inquietante es que estaríamos, con Francisco, ante el número 112, el último del listado. Algunos intérpretes, intentando ajustar las profecías al «papa actual», afirman que el tal Pedro no tiene por qué ser romano (¿quizá argentino?), y que Francisco tiene raíces italianas; pero lo más interesante es que escogió precisamente su nombre en homenaje a Francisco de Asís, y algunos recuerdan que el nombre secular de este predicador elevado a los altares era Giovanni di Pietro di Bernardone. Pietro, sí, Pedro en italiano… ¿coincidencia? Juzguen ustedes.

DIFERENTES PROFECÍAS PAPALES
Aunque las profecías papales más conocidas son las de San Malaquías, el francés Michel de Nôtre-Dame, el más célebre profeta de todos los tiempos (al margen de los textos bíblicos), también dedica parte de sus visionarios escritos a los pontífices. Y a decir de los exégetas, existirían importantes coincidencias entre los escritos del médico galo que sirvió de asesor político y «mago» a la reina Catalina de Médicis y las del monje irlandés que supuestamente confeccionó las citadas (o aquel que las falsificara).
Dichas coincidencias, si la interpretación ha sido bien realizada, cosa que es discutible, también aludirían al fin de la Iglesia o del mismo mundo conocido (el Apocalipsis). Nostradamus hace referencia a un Pontifex Maximus, un papa que llegaría en un momento histórico de gran tribulación, tras un conflicto bélico de dimensiones épicas, y durante el cual reinaría en Francia un «gran rey» de la Casa de Borbón. Aunque no parece muy probable que la monarquía regrese a la República Francesa (ni siquiera en las aspiraciones legitimistas de ciertos aristócratas de origen español), dichos «expertos» insisten en que la profecía de Nostradamus coincide con los postulados de san Malaquías: este habla de una «persecución extrema» durante el reinado de Pedro el Romano y el médico francés habla de «La gran montaña redonda de siete estadios» (¿quizá Roma con sus siete colinas, sede del Vaticano?), y también de «guerra, hambre e inundación». Tras estos hechos calamitosos, tendría lugar la detención del papa, igual que sucedía con la «persecución extrema» sufrida por el pontífice del que supuestamente habló el monje irlandés como el último de los pontífices. Quién sabe. Ya hemos señalado que casi con certeza los lemas atribuidos a Malaquías son falsificaciones tardías con el fin de influir en las elecciones papales, y la ambigüedad de las Centurias elaboradas por Nostradamus ha permitido moldearlas, a posteriori, a casi cualquier acontecimiento histórico de calado (del 11-S a los efectos climáticos extremos en pleno cambio climático).
¿Qué pasará a partir de ahora? Probablemente nada, pero para despedir este artículo, recordamos el lema que el texto supuestamente profético atribuye a ese Pedro el Romano, el «último» de los pontífices: In persecutione extrema sacrae romanae ecclesiae, sedebit Petrus romanus qui pascet oves in multis tribulationibus; quibus transactis, civitas seticollis diruetur, et judex tremendus judicabit populum («En la última persecución de la Santa Iglesia Romana tendrá su sede Pedro el Romano, que hará pacer sus ovejas entre muchas tribulaciones, tras las cuales, la ciudad de las siete colinas será destruida, y el juez tremendo juzgará al pueblo»).









Comentarios
Nos interesa tu opinión