Misterios

El inventor de la PCR hablaba con fantasmas

El Dr. Kary Mullis, premio Nobel de Química en 1993 por el descubrimiento de la técnica PCR –tan extendida en la actualidad a causa de la pandemia de coronavirus–, mantuvo una conversación de dos días con su abuelo fallecido y protagonizó un caso de abducción.

Juanjo autor web

20 de septiembre de 2021 (13:30 CET)

El inventor de la PCR hablaba con fantasmas
El inventor de la PCR hablaba con fantasmas

Hay casos donde la mayor de las genialidades es indistinguible de la locura. A veces incluso, solo se puede ser un verdadero genio si se está loco o se tienen pensamientos extravagantes. Pero ¿cuál es el origen de esas mentes prodigiosas? En los célebres casos de los matemáticos John Forbes Nash y Srinivasa Ramanujan hablamos de un talento desmedido para los números y teoremas que, sin embargo, ellos no reconocieron como propio, sino como producto de un agente externo que les transmitía esa información. Nash afirmaba conversar con una fuente extraterrestre, mientras que Ramanujan atribuía todos sus hallazgos a una diosa hindú. Sea como fuere, ambos poseyeron unas capacidades extraordinarias cuyo origen situaban fuera de este mundo y les resultaba imposible explicar por qué se les ocurrían las fórmulas y teorías maravillosas que se les ocurrían. Enmudecían a la hora de expresar cómo su cabeza se las arreglaba para gestar un descubrimiento.

Una sensación parecida experimentó el inventor de las hoy día tan famosas pruebas PCR. El Dr. Kary Mullis recibió el Premio Nobel de Química en el año 1993 por inventar la Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR, en inglés). Un método que había revolucionado la bioquímica mucho antes de que el coronavirus se adueñara de la Tierra. Dicha técnica PCR permite "desenroscar" el ADN para manejarlo así con mucha más facilidad, lo que depara casi infinitas aplicaciones en múltiples sectores: desde la modificación genética hasta las pesquisas policiales de identificación.

INT PCR
 

Mullis contó a la revista Scientific American en 1990 que "un viernes por la noche, al final de la primavera, conducía hacia el Condado de Mendocino con una amiga química. Ella dormía. La carretera 101 era fácil. Me gustaba conducir de noche; cada fin de semana viajaba a mi cabaña en el norte sentado durante tres horas en el coche con mis manos ocupadas y mi mente libre". Hacía tiempo que el doctor había sido contratado por la compañía biotecnológica Cetus y reiniciado su carrera científica tras varios años retirado. Uno de los retos que Mullis tenía entonces entre manos era diseñar un nuevo método para secuenciar el ADN, y en esas cavilaciones ocupaba su cabeza mientras iba en el coche: "Aquella noche el aire estaba saturado con la humedad y el aroma de los castaños en flor. Los amenazantes tallos blancos asomaban desde los márgenes de la carretera hacia el resplandor de mis faros. Estaba pensando en los nuevos estanques que estaba excavando en mi propiedad, mientras planteaba hipótesis sobre todo lo que podía ir mal en mi experimento de secuenciación". 

Mullis ha llegado a especular con la posibilidad de que la ingesta de LSD le facilitara el descubrimiento de la PCR

"ME VINO A LA MENTE"

Pues bien, de pronto, espontáneamente, surgió la respuesta. Sin saber ni cómo ni por qué, dio con una solución tan fulminante como perfecta: había que calentar la molécula de ADN. "Emocionado, comencé a calcular potencias de dos en mi cabeza: dos, cuatro, ocho, dieciséis, treinta y dos. Recordé vagamente que dos elevado a diez era aproximadamente mil y que, por tanto, dos a la veinte era alrededor de un millón. Detuve el coche en un desvío sobre el valle de Anderson. Saqué lápiz y papel de la guantera; necesitaba comprobar mis cálculos. Jennifer, mi soñolienta pasajera, protestó aturdida por la parada y la luz, pero exclamé que había descubierto algo fantástico". Y no se equivocaba, puesto que hoy día no hay laboratorio biológico, por diminuto que sea, que no cuente con una máquina inspirada en la PCR. Lo más fascinante del asunto es que, como el propio Mullis reconoció en dicho artículo, la solución resultaba tan sencilla que estaba al alcance de cualquiera.

Otro de los episodios en la vida de Mullis está protagonizado por el fantasma de su abuelo

Mullis ha revelado que durante varias fases de su vida consumió drogas psicoactivas. Incluso se ha llegado a especular con la posibilidad de que la ingesta de LSD le facilitara el descubrimiento de la PCR. Sin embargo, el doctor aseguró que ya no mantenía esos hábitos cuando tuvo una segunda vivencia insólita: la conversación con el fantasma de su abuelo. Un episodio que recoge el perfil biográfico de Mullis enviado a la Academia sueca para recibir su Nobel y que puede consultarse en la página web de la institución.

CONTACTO CON EL MÁS ALLÁ

Relata el doctor que "los padres de mi madre estuvieron cerca de mí durante toda mi infancia, y su padre Albert pasó a verme de forma no material cuando salió de este mundo en 1986. Yo vivía en California. Albert murió a los 92 años, y al preguntarse qué me estaba ocurriendo en California, pasó por Kensington un par de días. Mi casa tenía una vista de San Francisco y del puente Golden Gate. Su visita fue una experiencia extraña. Para nada aterradora. He guardado las cosas curiosas de la vida y he encontrado ésta agradable. Albert y yo nos sentábamos por las tardes en mi cocina y le hablaba sobre el mundo californiano contemporáneo mientras bebíamos cerveza. Bebía la suya por él, ya que parecía que, aunque estaba muy presente para mí, no lo estaba para la cerveza. Muchos de mis amigos, cuando les conté esto, lo consideraron imaginativo. (Creo que esto es más probable que la mayor parte de nuestras matemáticas actuales y al menos la mitad de nuestra física; ambas cosas me gustan)".

El Dr. Mullis detalla otra serie de chocantes incidentes que podrían calificarse como ufológicos

En su autobiografía, titulada Dancing naked in the mind field y publicada en 1998, el Dr. Mullis detalla otra serie de chocantes incidentes que podrían calificarse como ufológicos. En el capítulo titulado "No se permiten extraterrestres" comenta cómo en el año 1985 pasaba en soledad el fin de semana en la ya citada cabaña situada en el bosque del Condado de Mendicino, en California. La misma a la que se dirigía cuando se le ocurrió la técnica PCR.

Apenas recién llegado, durante la medianoche del viernes, encendió las luces de la cocina, dejó las bolsas en el suelo con los alimentos, tomó su linterna y marchó hacia el retrete que estaba en el exterior de la vivienda. Sin embargo, nunca llegó a su destino: "Bajé los escalones, giré a la derecha, y luego al final del sendero, bajo un abeto, había algo que brillaba. Apunté mi linterna hacia aquello. La luz lo iluminó. Parecía ser un mapache. No estaba asustado. Más tarde, me pregunté si podría haber sido un holograma, proyectado desde Dios sabe dónde". Entonces, el mapache le dijo: "Buenas noches, doctor". Según Mullis: "Lo siguiente que recuerdo es que era temprano por la mañana. Yo estaba andando por un camino cuesta arriba de mi casa. Lo que pasó por mi cabeza mientras me dirigía hacia mi casa fue: ‘¿Qué diablos estoy haciendo aquí?’ No tenía ningún recuerdo de la noche anterior. Pensé que tal vez me había desmayado y había pasado la noche afuera. Pero las noches de verano son húmedas en Mendocino, y mi ropa estaba seca y no estaba sucia".

El Dr. Kary Mullis, Premio Nobel de Química, durante una charla TED
El Dr. Kary Mullis, Premio Nobel de Química, durante una charla TED

"SALID DE MI BOSQUE"

Por lo demás, las luces de su cabaña continuaban encendidas, tal cual las había dejado. También su comida permanecía en el suelo de la cocina. Sin embargo, la linterna que llevaba en la mano había desaparecido y nunca volvió a dar con ella. Tampoco recuperó la tranquilidad. Esa misma tarde, el doctor abandonó el lugar porque cuando intentaba adentrarse en el bosque de su propiedad, le invadía un insuperable pánico. Esa circunstancia le impidió regresar a la cabaña durante muchos meses después de tan insólita vivencia.

En el caso de Mullis el encuentro con el libro de Strieber deparó una coincidencia todavía más inesperada

Al cabo de un año, el doctor se armó de valor y de un rifle AR-15. Se plantó en la cabaña, fuente de sus miedos, y disparó contra los árboles al grito de "salid de mi bosque". Comenta Mullis que "había un laurel gigante y viejo que crecía en una pequeña cascada llena de helechos. Estaba a 15 metros de distancia. Me encantaba, pero se había convertido en el centro de mis temores (…) Abrí fuego con el AR-15 y acribillé la zona del laurel". Aquella ráfaga de disparos fue terapéutica, porque el doctor no volvió nunca más a sentir pánico allí.

En otra ocasión, mientras Mullis paseaba por el barrio de La Jolla, en San Diego, se detuvo en una librería, en donde una obra llamó su atención. "Había un libro expuesto llamado Communion, escrito por Whitley Strieber. En la portada, un dibujo captó mi atención. Una cabeza de forma ovalada con grandes ojos negros mirando al frente". Lo cierto es que esa icónica portada, diseñada por Ted Jacobs, cautivó a muchos lectores durante años. Abundaron los testimonios de personas que manifestaron tener extrañas sensaciones al contemplarla, y muchos reconocieron en ese rostro a las facciones de los seres que los importunaban durante las noches. Pero en el caso de Mullis el encuentro con el libro de Strieber deparó una coincidencia todavía más inesperada. Recibió una llamada de su hija por teléfono diciéndole: "Papá, hay un libro que quiero que leas. Se llama Communion". Después le relató que ella había pasado unos días en la cabaña de Mendocino con su novio, y, "al igual que yo, bajó la colina. Se marchó por tres horas. Su prometido pasó ese tiempo buscándola frenéticamente por todas partes, llamándola por su nombre, pero no la encontró por ninguna parte". 

Lo llamativo del caso es que Mullis no había compartido con su hija la experiencia que él había vivido allí previamente. Según el inventor de las PCR: "Lo primero que mi hija recordó fue que caminaba por el mismo camino en el que yo me encontré, escuchando a su prometido llamándola por su nombre. No tenía ni idea de dónde había estado». Ambos habían visto el libro de Strieber y experimentado «el mismo tipo de vago reconocimiento que yo tuve".

Más allá de estas rarezas vividas, Mullis reconoce al final de este capítulo de su autobiografía que "no intentaría publicar un artículo científico sobre estas cosas, porque no puedo hacer ningún experimento. No puedo hacer que aparezcan mapaches resplandecientes. No puedo adquirirlos en una casa de suministros científicos para estudiarlos. No puedo provocar que me pierda de nuevo por varias horas. Pero no niego lo que pasó. Es lo que la ciencia llama un suceso anecdótico, porque ocurrió de una manera que no se puede reproducir. Pero sucedió". Finalmente, el Doctor Kary Mullis falleció el 7 de agosto de 2019 a causa de una neumonía.

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Comentarios (1)

Sony Hace 1 mes
Wow he leído todos los reportajes que aparecen en este sitio y todos son geniales y súper interesantes, aunque es primera vez que comento. Gracias por existir.

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Nº 375, Octubre de 2021

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