La Tierra como laboratorio: la inquietante revelación de un ingeniero de la NASA
Naves triangulares que pliegan la luz, polvo extraterrestre que se desintegra para no ser analizado y metamateriales que desafían la física: ¿estamos ante una vigilancia alienígena activa?
Richard Banduric, ingeniero eléctrico y CEO de Field Propulsion Technologies, ha revelado que hay trillones de dispositivos de camuflaje, autorreparación y desplazamiento de masa que se esconden por toda la Tierra.
Este ingeniero eléctrico que participó 40 años atrás en una empresa que se dedicaba a la ingeniería inversa, terminó involucrado en programas clasificados. En el podcast Ecosystemic Futures, aseguró que estos materiales "...se camuflan, se comunican y se reconfiguran. Probablemente hay trillones de ellos depositados por todo el mundo.”
Sus declaraciones rozan la ciencia ficción más estrafalaria… y quizá, también, el próximo gran peldaño de nuestra tecnología, pero: ¿Puede haber algo de verdad?
De entrada, me llama la atención la existencia de dos contratos de la Field Propulsion Technologies Inc. con la Fuerza Aérea por valor de 1,2 y 74,8 millones de dólares respectivamente.
La primera adjudicación, con fecha de finalización agosto de 2026, (FA864924P1048) es para crear un dipositivo novedoso que permite “desconectar equipos electrónicos de forma no destructiva". El enunciado tiene relevancia porque, de acuerdo a una "confesión" publicada en Reddit, "Cuando estaba trabajando con estos ovnis, cerca de algunas de estas naves, la electrónica siempre se apagaba".
El otro contrato (FA864924P0067) es descrito como "Sistema de propulsión de nave espacial sin propelente para mejorar las capacidades adaptativas y reconfigurables de la Fuerza Espacial". Habría terminado en marzo de 2024. Un nuevo sistema basado en la interacción de los campos eléctricos de elementos aislados cargados en movimiento relativo.

Banduric —exingeniero de sistemas integrados en la NASA/Lockheed— habla por experiencia propia. Dijo haber realizado experimentos con estos materiales, piezas diminutas, “esquirlas de metal que sabían dónde estaban, se ocultaban solas, se recomponían al romperse y hasta enfriaban su entorno.” Un ejemplo: dejaron una muestra sobre una superficie de 1.650 °C y, lejos de derretirse, “la enfrió”. Al pesarlo de nuevo, comprobó que “su masa había disminuido”.
Para Banduric, no se trataba de un desecho ocasional, sino de “materiales inteligentes, compuestos de subunidades que compartían información y podían cambiar de función”.

Sondas replicantes en la Tierra
Si esto te suena a argumento de serie de culto, espera a lo que viene: Esas piezas podrían formar parte de una red de “sondas replicantes”. Objetos diminutos, invisibles, distribuidos con un propósito: vigilarnos, interferir, proteger algo… o todo a la vez que estarían "diseñados para evitar la ingeniería inversa.” Según reveló a Ecosystemic Futures, “si sabes dónde buscar, todavía puedes encontrarlos.” Y, lo más inquietante: tendrían el propósito de "manipular nuestra especie.”
Banduric afirma haber llevado propuestas clasificadas a la Fuerza Aérea de EE. UU. para reproducir esos efectos de camuflaje y propulsión de campo con metamateriales y nano-conductores:
“Observamos radiación longitudinal. Aplicamos corriente continua a nano-conductores y generamos fuerzas internas.Trabajamos con la NSF en propulsión por campo usando estos fenómenos.” También reveló que "el equipo de Hal Puthoff está viendo lo mismo.”

Triángulos que doblan la luz
Pero hay más. Según Banduric, hay naves triangulaes —otro clásico UAP— que no solo se esconden, “doblan la luz tras de sí y proyectan la imagen al frente”, creando una ilusión óptica en tiempo real. Solo se pueden rastrear midiendo las imperfecciones del campo de camuflaje: pequeñas oscilaciones en el campo eléctrico que, con equipo especializado, “delatan” su presencia.
Banduric lo dejó claro: estamos a un paso de “nueva propulsión” y, “quien creó estos materiales no quiere que los descifremos”. Y con una calma inquietante, desclizó que “están siglos adelantados a nosotros.”
Lo más perturbador no es lo que afirma haber visto, sino lo que sugiere entre líneas: que alguien, o algo, dejó esa tecnología aquí. Que sigue activa. Que opera bajo nuestros pies, silenciosa y efectiva. Y que, por alguna razón, ahora empieza a hablarse de ello.
Tal vez el verdadero enigma no sea cómo funcionan esos materiales, sino por qué, después de décadas de silencio, algunos testigos han decidido romperlo. ¿Están lanzando señales de aviso? ¿O simplemente tanteando cuánto estamos preparados para saber?
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