Civilizaciones perdidas

El último misterio de Machu Picchu (I)

Machu Picchu fue «redescubierto» en 1911 por el arqueólogo norteamericano de la Universidad de Yale Hiram Bingham. Desde entonces la ciudadela sagrada de las vírgenes del Sol no ha dejado de arrojar una sorpresa tras otra…

17 de Julio de 2019 (10:45 CET)

El último misterio de Machu Picchu (I)
El último misterio de Machu Picchu (I)

En la actualidad más de un millón de personas visitan esta joya del pasado. No en vano, el gobierno peruano de Pedro Pablo Kuczynski está barajando la posibilidad de abrir al público la hermana sagrada de Machu Picchu, Choquequirao –su significado en quechua es «el cerro o la cuna del oro»–, que cada año es visitada por algo más de cinco mil mochileros. El objetivo de la Oficina de Turismo Peruana es que, una vez se arreglen los accesos y se construya un teleférico que llegue hasta la ciudadela, las visitas suban en varios cientos de miles de personas. Son conscientes de que el atractivo de las ruinas está en consonancia con la cantidad de misterios y cuestiones sin resolver que en pleno siglo XXI siguen despertando. Pero vayamos al comienzo. Cuentan las crónicas que cuando el norteamericano Hiram Bingham la observó en las alturas, cubierta por la niebla y por la ceja de selva, empezó a dar saltos de alegría convencido de que había hallado «la ciudad de Manco Inca y sus hijos», el lugar secreto al que supuestamente huyeron tras la toma de Cuzco. Finalizaba así la sangrienta conquista del Perú y daban comienzo siglos de enigmas. Uno de los más importantes es quién fue su verdadero descubridor. En este sentido el pueblo peruano lo tiene claro, especialmente después de que el escritor cuzqueño Américo Rivas haya dedicado prácticamente su vida a demostrar que quien halló la ciudadela fue un agricultor llamado Agustín Lizárraga. Así lo cuenta en su libro de investigación Agustín Lizárraga: el gran descubridor de Machu Picchu, donde no sólo aporta pruebas de que el mencionado Lizárraga llegó antes que nadie a Machu Picchu, buscando nuevas tierras de cultivo, sino que además lo hizo nueve años antes de que Bingham diera los saltos de alegría anteriormente referidos. Por eso, en 2002, cuando se cumplió un siglo del supuesto descubrimiento de Lizárraga, se llevaron a cabo actos de homenaje, si bien es cierto que fueron seguidos por varias decenas de personas, entre ellos algunos descendientes del descubridor…

En Perú se asegura que los primeros en llegar fueron Gavino Chávez, Enrique Palma y Agustín Lizárraga en 1902, tal y como ellos mismos grabaron en un graffiti que hay con sus nombres en el Templo de las Tres Ventanas. 

Sin embargo, si continuamos retrocediendo en el tiempo, aparece otro nombre que nada tiene que ver con Lizárraga o Bingham, y al que también se atribuye el descubrimiento de la ciudad perdida: el del empresario alemán Augusto Berns, que viajó hasta la región a mediados del siglo XIX, primero para poner en marcha una empresa maderera, y segundo, para ir tras la pista del oro que los exploradores españoles continuaban buscando por la zona. Así lo defiende el cartógrafo estadounidense Paolo Creer, que desde 2008 afirma que existen una enorme cantidad de documentos, e incluso de mapas, que ubicaban Machu Picchu mucho antes de la llegada de Bingham. E incluso asegura que desde el año 1867 en adelante, Berns, tras llegar a Machu Picchu, se dio al saqueo durante años, esquilmando con la anuencia del gobierno peruano los tesoros arqueológicos que allí se custodiaban. Y esto es algo que comparte el arqueólogo Carlos Carcelén, que afirma que «existen pruebas, documentos, que demuestran que el empresario alemán tenía que entregar un 10% de los tesoros que encontró en la ciudadela a las autoridades de aquel tiempo». Pero, ¿se encontró todo lo que había de valor? ¿Fue esquilmada en su totalidad, o por el contrario, todavía estaría pendiente de ser descubierto el mayor tesoro de Machu Picchu? Como veremos todo parece indicar que sí… 

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