Filtran vídeo militar que pone a prueba la #diclosure UAP
Dos periodistas de investigación filtran imágenes militares de múltiples UAP en formación sobre el Golfo Pérsico
Jeremy Corbell y George Knapp lo han vuelto a hacer. Cuando el debate sobre la disclosure parece entrar en una fase de cansancio —entre informes oficiales descafeinados y promesas políticas que nunca aterrizan—, el dúo más persistente de la ufología mediática estadounidense reaparece con material que, al menos sobre el papel, resulta difícil de ignorar: imágenes militares inéditas que muestran múltiples UAP en formación, registrados por un dron MQ-1 Predator en pleno Golfo Pérsico.
El vídeo, grabado el 23 de agosto de 2012 a las 18:21 UTC, fue captado mediante un sistema FLIR (infrarrojo de visión frontal) desde una plataforma operada bajo la dirección de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. No se trata, por tanto, de una filmación civil, ni de un sensor improvisado, sino de un sistema de vigilancia diseñado para el seguimiento de amenazas reales en un escenario geopolíticamente sensible.
Según la documentación asociada al caso —y citada por Corbell en su comunicado—, los objetos observados fueron detectados, rastreados activamente y catalogados dentro de investigaciones formales de la Comunidad de Inteligencia como UAP del tipo “orbs”, es decir, esferas luminosas sin morfología aerodinámica reconocible. No es un detalle menor: esa denominación sigue siendo utilizada oficialmente por organismos del Departamento de Defensa estadounidense.
Jeremy Corbell y George Knapp publican imágenes militares de múltiples UAP (“orbes”) en formación. Grabado el 23/08/2012 en el Golfo Pérsico por un dron MQ-1 Predator (FLIR). Los objetos mostraron maniobras abruptas, control inteligente y ausencia de propulsión o firma térmica. pic.twitter.com/6GHm5As5MP
— Jose Antonio Carav@ca (@JoseACaravaca) January 31, 2026
Lo inquietante no es solo su apariencia, sino su comportamiento. Los objetos mostraron maniobras abruptas, cambios de dirección que no se corresponden con aeronaves convencionales ni con drones conocidos en 2012, y, sobre todo, una ausencia total de firma térmica asociada a sistemas de propulsión tradicionales. En un entorno monitorizado por sensores infrarrojos de alta sensibilidad, no dejar rastro térmico no es una anécdota: es una anomalía técnica.
El informe es prudente en su lenguaje —como suelen serlo estos documentos—, pero contundente en sus límites: origen, intención y capacidades permanecen desconocidos. No hay identificación positiva, no hay explicación cerrada, no hay atribución a tecnología adversaria confirmada. Y eso, tratándose de un incidente ocurrido en el Golfo Pérsico, una de las zonas más vigiladas del planeta, resulta especialmente llamativo.

Este nuevo material se inserta de lleno en el proceso de disclosure tal y como se está produciendo realmente: no como una revelación espectacular desde un atril presidencial, sino como una filtración progresiva de casos militares bien documentados, publicados fuera de los canales oficiales, pero imposibles de despachar con un simple “globo” o “error de sensor”. Es el mismo patrón que vimos con los vídeos del Nimitz, el Gimbal o el GoFast: grabaciones auténticas, reconocidas por el Pentágono, pero acompañadas de un silencio institucional casi absoluto en cuanto a conclusiones.
Corbell y Knapp, conscientes de ese vacío, juegan un papel ambiguo pero decisivo. No son investigadores académicos ni portavoces gubernamentales, pero se han convertido en intermediarios no oficiales entre el aparato militar y la opinión pública. Un rol incómodo, criticado por unos y celebrado por otros, que plantea una pregunta inevitable: si este tipo de material existe desde hace más de una década, ¿por qué sigue saliendo a cuentagotas y por vías extraoficiales?

La fecha del incidente añade otra capa de interés. 2012 no es un año cualquiera: es anterior al reconocimiento público del fenómeno UAP por parte del Pentágono, anterior a la creación de la UAP Task Force, de la AARO y al actual marco legislativo estadounidense. Es decir, estas “orbes” ya estaban siendo observadas, registradas y archivadas mucho antes de que el discurso oficial admitiera siquiera que había algo digno de estudio.
El Golfo Pérsico, además, no es un escenario neutro. Es un espacio aéreo saturado de sensores, drones, aviones espía y sistemas antimisiles. Si allí se detectan objetos con comportamiento inteligente y capacidades no identificadas, el problema no es solo científico o filosófico: es estratégico.
Por ahora, no hay declaración oficial que acompañe a esta revelación. No hay rueda de prensa, ni informe desclasificado que amplíe detalles, ni comparecencia de responsables militares. Solo imágenes, metadatos, una cadena de custodia implícita y una constatación incómoda: alguien, dentro del sistema, decidió que esto debía salir a la luz.








Comentarios
Nos interesa tu opinión